Comienza la carrera del ‘todos contra Ayuso’

La izquierda, por supuesto, pero también la derecha de Vox y el centroderecha de Cs basarán su precampaña y campaña en la crítica sin tregua a la presidenta de la comunidad.

Había pocas dudas, pero los partidos que aspiran a dirigir la Comunidad de Madrid, incluso aquel que la gobierna, estaban como con la respiración contenida a la espera del Tribunal Superior de Justicia. La decisión se conoció este domingo y es un aval al decreto de la Presidencia con el que disuelve la Asamblea y se convocan elecciones para el 4 de mayo. Nada más saberse, esas mismas formaciones se lanzaron a las redes sociales para iniciar una precampaña que no será tan larga como otras anteriores, pero sí intensa. Es un ‘todos contra Ayuso’.

El grado de polarización con el que se afronta este imprevisto proceso electoral gira alrededor de la presidenta regional, que acapara y acaparará el foco entero. Lo que ha hecho y lo que haga, lo que ha dicho y lo que diga, se convertirán en el asunto capital de la campaña, de modo que la oposición en bloque se dedicará a una batalla por el cetro de ‘quién contradiga y contravenga mejor’ las decisiones y declaraciones de Ayuso. La dirigente del PP estará en todos los saraos por acción o por omisión, y esta premisa la reconocen sus propios estrategas, como apunta a El Confidencial uno de los dirigentes populares más próximos a ella. La presión, ya se sabe, puede ser un horrible compañero de viaje, o uno muy bueno si se sabe aprovechar «el tirón» que da un liderazgo como el que aquí está en juego.

El contexto, aunque excepcional por el origen del proceso electoral, configura un paisaje más que agradable para el PP, al menos de momento. La primera encuesta publicada en un medio de comunicación tras el decreto del Consejo de Gobierno de la comunidad, precisamente en El Confidencial, da a Ayuso una horquilla de escaños cercana a la mayoría absoluta, que está en los 69 diputados. Necesitaría solo a Vox para continuar en la sede de la Presidencia, en Sol.

El resultado provisional del sondeo demuestra que la estrategia y el sello ideológico que Ayuso ha puesto a su gobernabilidad ha frenado el auge generalizado del partido que en Madrid lidera Rocío Monasterio. Al mismo tiempo ha devorado la presencia de Ciudadanos, cuyo caladero electoral, en este momento, no se sabe dónde está. Si para alcanzar el poder en 2019 necesitó a dos partidos, la dirigente del PP necesitaría el 4 de mayo a uno.

Pero ese ‘uno’ es una formación que genera movilización en el espectro ideológico contrario. La izquierda sabe que la aversión a las siglas de Vox puede ser el único estímulo para su público. Sin embargo, la fragmentación es tal que corre dos riesgos severos. El primero es la propia fragmentación de la oferta electoral, capitaneada por el PSOE con Más Madrid detrás, aunque aparentemente consolidado, y con Podemos en pugna por sobrevivir. El segundo riesgo es que el voto útil se concite en unas siglas, previsiblemente las socialistas, y eso no sea suficiente para sumar más que la derecha.

La movilización es clave

La clave será una alta participación, lo que ‘a priori’ no está garantizado por varios motivos, todos de peso. La pandemia del coronavirus sigue y, aunque la sensación generalizada es que ya está España en una especie de comienzo del final del túnel, las precauciones sanitarias continúan siendo obligatorias y necesarias. Como en el País Vasco, en Galicia y más recientemente en Cataluña, volverán las escenas de presidentes y miembros de mesas electorales con equipamiento de protección, así como las filas bien delineadas y la debida separación entre votantes.

Asimismo, la ciudadanía parece agotada del juego político, como cada mes indican los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Y por si fuera poco, las elecciones se celebrarán un martes, lo que puede jugar en contra de la participación. No tiene por qué, pues en los comicios catalanes de 2017 votó casi un 80 por ciento de los que podían hacerlo pese a ser jueves.

En el PP, explican sus estrategas, esperan una movilización importante del centroderecha y que esta sea a favor de Ayuso precisamente por las razones ya explicadas. No solo ha frenado a Vox y ha devorado a Cs, sino que además ha construido una imagen antagónica de Pedro Sánchez elevada a escala nacional. Ahí está su modelo de gestión de la pandemia, hospital Isabel Zendal incluido, y su defensa encendida de la hostelería, como certificó el pasado sábado con su perro entre los brazos y con su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, en la retaguardia. Así, al menos, es como se la vio.

En la izquierda, el objetivo consiste en agitar a sus votantes mediante un relato que haga hincapié en todo lo que la presidenta madrileña supuestamente quiere destruir, sobre todo los servicios públicos y un reparto de rentas más equitativo. A su vez, reprobarán sus formas «trumpistas» y su falta de escrúpulos al reducir la política madrileña y el territorio a dicotomías o asociaciones forzadas, como por ejemplo su visión del «madrileñismo» o esa confrontación de socialismo y libertad. El otro campo en el que se moverán será el de la pobreza legislativa desde 2019: apenas dos leyes han salido de la Asamblea durante este tiempo.

El candidato del PSOE, Ángel Gabilondo, finalmente elegido por Ferraz al no disponer de tiempo para buscar un revulsivo, aunque bien que se plantearon esa opción, ha iniciado ya la carrera electoral. Necesita activarse pronto tras la especie de letargo que ha caracterizado su oposición. Este mismo domingo fue el protagonista de un acto con Adriana Lastra, telemático por supuesto. Hablaron de la juventud. El Partido Socialista sabe que en el electorado menor de 40 años puede crecer muchísimo.

La candidata de Más Madrid, Mónica García, también ayer, dejó pistas sobre el que será el ‘leitmotiv’ de su campaña: es profesional sanitaria, ha estado en primera línea contra el coronavirus y está convencida de que será la «anti-Ayuso». En Podemos no hay cabeza de lista y las perspectivas resultan desalentadoras, así que es probable que Pablo Iglesias se implique personalmente.

La oposición a Ayuso será también una directriz de la estrategia de Vox. Conscientes de que la «baronesa» ha crecido electoralmente con un discurso que en gran parte es suyo (un caso claro son los mensajes de la dirigente del PP sobre el feminismo), la formación de Santiago Abascal y de Monasterio airearán la pertenencia de la presidenta a unas siglas, el PP, que representan al «centro» y a un espacio político que ocasionalmente es capaz de pactar con el PSOE. Usarán el reparto del Consejo de Administración de RTVE y las negociaciones para renovación del Consejo General del Poder Judicial. Sin embargo, por encima de todo eso, intentarán reforzar la identificación con lo que llaman «derecha sin complejos».

Y el que se prevé que sea furibundo con la presidenta es quien hasta hace nada fue su vicepresidente. Ignacio Aguado, si bien aún debe ver ratificada su candidatura, está siendo ya muy duro con Ayuso por las «mentiras» que ha empleado para justificar el adelanto electoral. El dirigente de Cs, si es que finalmente entra en la liza electoral, lo tiene todo en contra, pero peleará por hacerse un espacio propio desde el que ir creciendo. Frente a la polarización de la candidata del PP, Aguado hará un llamamiento constante a la centralidad y a la moderación. Buscará contraponer la presunta veleidad de Ayuso con su sensatez o sentido común.

Coyuntura excepcional

Queda más de un mes y medio para que los madrileños vayan a las urnas de unos colegios electorales en los que, al ser el 4 de mayo día lectivo, no habrá clase. Es infrecuente que en España se vote en días que no sean domingo. La última vez que ocurrió fue en los comicios catalanes del 21 de diciembre de 2017, que cayó en jueves. Fue el proceso electoral que sucedió al periodo convulso marcado por la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Los ciudadanos ejercieron su derecho en una coyuntura anómala.

Anómala será también la coyuntura del 4 de mayo porque las elecciones se han convocado por decisión única y exclusiva de Isabel Díaz Ayuso. Como ella misma ha explicado, temió una moción de censura contra ella orquestada por su entonces vicepresidente, Ignacio Aguado, de acuerdo con una secuencia, hasta la fecha no demostrada, que unía Murcia con Castilla y León y con la propia Madrid. El PSOE de Pedro Sánchez y la formación de Inés Arrimadas habrían diseñado una cadena de mociones para apartar al PP del poder en esas tres comunidades autónomas. La operación murciana ha acabado en un estruendoso fracaso, la castellanoleonesa parece en todo caso un golpe al aire de los socialistas y la de Madrid se ha resuelto con elecciones anticipadas.

Unas elecciones que ha avalado el Tribunal Superior de Justicia al defender el decreto aprobado en Consejo de Gobierno y publicado en el Boletín Oficial de la comunidad al día siguiente. La convocatoria, argumenta, está «válidamente ejercitada desde el momento en que firma el Decreto de Disolución«. Las mociones de censura registradas en la Asamblea y calificadas luego por la Mesa no se superponen. Cabe recurso y este lunes se sabrá si lo hay.

Fuente: Ángel A. Giménez/Beatriz Parera – El Confidencial