La monarquía no es el problema, pero tampoco la solución

Hace unos días que voy meditando escribir mi opinión, siempre sincera, y nunca políticamente correcta, sobre la monarquía, el rey emérito, la todavía esposa del rey, que no reina, etc. ¡Como mucho regente, y Dios no lo quiera, si le sucediera algo al rey durante la minoría de edad de sus hijas!

La Constitución del 78, diseñada por la masonería, como todos sabemos, o deberíamos saber, le da a la monarquía un papel meramente residual, prácticamente de adorno, casi similar a esos jarrones chinos que son los expresidentes del gobierno, en acertada expresión de Felipe González.

El rey en España, ni reina ni gobierna. Realmente no pinta nada, y nunca mejor dicho.

Es una figura meramente decorativa, que hace bonito, y poco más.

Impide que el Jefe del Estado solo represente a la mitad de la sociedad, ¿pues alguien duda de que si Pedro Sánchez, por ejemplo, fuera el presidente de la tercera república, iba a representar a más de la mitad de la población, y eso en el mejor de los casos…?

Y lo mismo digo con un presidente “de derechas”, en el bien entendido supuesto de que en España prácticamente no hay derechas, ya que el PP es un partido socialdemócrata, tirando a socialista, y la prueba del algodón es que nunca ha cambiado nada de lo que ha hecho la PSOE: ley del aborto, ley de la memoria histérica, que no histórica, absurda cesión de competencias básicas del Estado a algunas autonomías, como las prisiones, las funciones policiales, con la creación de cuerpos que pueden acabar actuando contra España, etc.

Llevamos un año en una situación realmente kafkiana: prácticamente encerrados en nuestras casas, sin poder viajar a lo largo y ancho del territorio nacional, con una gran parte de nuestros derechos fundamentales anulados, o al menos suspendidos o restringidos, etc.

Un gobierno, con nada menos que 23 ministros (antes eran 13) que se niega a gobernar, y pasa de todo, dejando las competencias en manos de las autonomías, cada una de su padre y de su madre, que adoptan medidas absurdas y ridículas, que realmente no sirven para nada, pero que nos están haciendo la vida imposible a todos…

El presidente se ha puesto de perfil, pensando que él es el Jefe del Estado, sin darse cuenta —o sí—, que es solamente el primer ministro, y que le pagamos el sueldo y todos los privilegios inherentes al cargo para que gobierne, no para que pase de todo, y no haga nada de provecho, como no sean actuaciones de tipo partidista y sectario, usando y abusando de los bienes del Estado, en su propio beneficio, y del partido —más bien partida—, que representa.

El país se está hundiendo, como el Titanic, pero la orquesta sigue tocando en cubierta, y claro, hay que entretener al personal, para que no sea consciente de lo que se le viene encima, de lo que se nos viene encima…

¿Y qué mejor que buscar un “enemigo” interno, pero ajeno al gobierno, cómo es la monarquía, y el pobre rey emérito, para así descargar la frustración, el desánimo y la ira de la población?

No soy monárquico, y nunca lo he sido, pero ahora todavía menos.

Incluso personas que llevan media vida atacando a los Borbones, como don Jaime Peñafiel, han acabado defendiendo a don Juan Carlos, pues la verdad es la verdad, y ya basta de echar mierda sobre él y sobre la Institución.

Les aconsejo que lean la magnífica entrevista que le hicieron en “El Independiente”, ese gran diario, cuya lectura les recomiendo, si no lo conocen, pues vale la pena.

Peñafiel emite muy duros reproches a Felipe VI, que está actuando como un auténtico cobarde, totalmente plegado y sumiso al instinto depredador del actual desgobierno, sin ser consciente de que la pieza a cazar no es el rey emérito, sino la monarquía, es decir su trabajo y el de su hija mayor, en el futuro, en el hipotético supuesto de que algún día llegue a reinar…

En resumen, y concretando, que la gente cada día lee menos, y tiene menor capacidad receptora: la monarquía no es el problema, pero tampoco la solución.

La solución solo está en la sociedad civil, esa que casi no existe en España, pues aquí cualquier asociación, u organización “no gubernamental”, lo primero que hace es pedir una subvención a los poderes públicos.

Y claro, cuándo no hay independencia económica, tampoco hay libertad de criterio, de opinión, de expresión, etc., pues está uno atado y bien atado, por los que mantienen el chiringuito.

Urge, pues, que los españoles empecemos a organizarnos, al margen de los partidos políticos y sindicatos, que no nos representan, y aprendamos a rascarnos el bolsillo, para edificar una sociedad civil que defienda nuestros derechos e intereses legítimos.

He dicho.

Artículo-opinión de Ramiro Grau Morancho, Abogado y Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España.

https://www.ramirograumorancho.com/

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