No robéis dijo el ladrón, digo la PSOE

Señores de la PSOE es verdad que el PP seguramente tiene cosas de las que no puede ni debe sentirse orgulloso, pero al fin y al cabo se trata de dinero privado, no de dinero público.

La corrupción es mala, además de delictiva, y debe ser perseguida, sea el partido que fuere el que la practique. Pero la situación actual empieza a ser kafkiana.

El PSOE critica al PP por ser —presuntamente— un partido corrupto. Parece ser que recibe o recibía donaciones no declaradas, de grandes empresas y particulares, y que lleva una doble contabilidad: la oficial, para el Tribunal de Cuentas, que como ya es sabemos ni es un verdadero tribunal ni se entera de nada, y la otra, la de verdad, con la que los altos cargos del partido se auto retribuyen, al margen de los afiliados, y a espaldas de Hacienda, presuntamente.

Dando por cierto lo anterior, que ya es mucho decir, sobre todo cuando el PP lo niega expresamente, y las posibles pruebas son evanescentes, como azucarillos que se disuelven en el agua, lo que sí está claro es la total y absoluta corrupción que ha generado el PSOE, a lo largo de su historia, pero sobre todo en los últimos años.

Y no me refiero sólo a los crímenes de Estado, que también, casos Lasa y Zabala, Gal, fondos reservados, sino a la “afición” de sus dirigentes a echar mano a la caja de los fondos públicos, y considerarlos como propios: Roldán, director general de la Guardia Civil, arrambló hasta con los fondos de los Huérfanos del Cuerpo, que ya es el colmo; la directora general del BOE dio la vuelta al mundo con cargo al erario público, para acabar comprando una impresora en Parla; la directora general de TVE, que tenía la jeta de comprarse la ropa interior con el dinero público —tal vez en su vida “normal” no usaba ropa interior, y por eso la consideraba un gasto de representación del cargo—; el ministro del Interior y su secretario de Estado de Seguridad, que se apropiaban de los fondos reservados para luchar contra el terrorismo, “comprar” confidentes, etc. En fin, para que seguir…

¿Alguien cree que los modelitos que lucía, un día sí y otro también, la vicepresidenta del gobierno con Zapatero se los pagaba ella misma, de su bolsillo? Salvo que fuese rica por nacimiento, que lo era, no. Los fondos reservados dan para eso, y para mucho más.

¿Y los eres andaluces? Robo a gran escala, del que se ha beneficiado fundamentalmente el PSOE, y en menor medida los sindicatos mayoritarios, UGT y CC.OO, por su colaboración con el asunto, o, al menos, por su silencio sepulcral… Según Sentencia de la Audiencia Provincial de Sevilla, pendiente de recurso ante el Tribunal Supremo, que duerme el sueño de los justos en algún cajón bajo llave, se han “robado” 860 millones de euros, que se dice pronto.

Por no hablar de los políticos que hacían los chanchullos, los intermediarios, etc., que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón, y el que administra dinero ajeno, tiene que ser muy tonto para no obtener beneficio personal.

En resumen, menos lobos, señores de la PSOE. Que es verdad que el PP seguramente tiene cosas de las que no puede ni debe sentirse orgulloso, pero al fin y al cabo se trata de dinero privado, no de dinero público.

Si bien es cierto que puede haber adjudicaciones de obras públicas por medio, y el consiguiente incremento del precio de las mismas, a través de las “mordidas” o comisiones para el partido adjudicatario, con su peaje personal para quien realiza la operación, que todo se queda en la familia…

Pero, en cualquier caso, habrá que demostrarlo judicialmente, mientras que los casos anteriormente reseñados de la PSOE —y otros mucho, Filesa, Malesa y Time Export, por ejemplo—, están ya debidamente acreditados en sede judicial.

Corrupción no, pero de nadie. Y no vamos a hablar hoy de los partidos regionalistas, que estos no es que sean un foco de corrupción en sí mismos, sino que son un auténtico cáncer de la democracia.

El día que empecemos a levantar las alfombras en Aragón, por ejemplo, tendremos que salir corriendo para evitar ahogarnos con el polvo que se levante.

Artículo-opinión de Ramiro Grau Morancho, abogado y escritor.

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