Sánchez e Iglesias revisan las reglas de la coalición para salvar la legislatura

La cultura del Gobierno de coalición evoluciona hacia posiciones más «laxas», y lo hará «por la vía de los hechos», con blindaje competencial y más autonomía de los socios.

Las reglas de la coalición entre PSOE y Unidas Podemos se están modificando ‘de facto’ tras «abrirse la veda», según los socialistas, y «traspasarse líneas rojas», según los morados. En el Gobierno, delimitando las competencias ministeriales de cada socio, y en el Congreso, revisando los protocolos de coordinación entre los grupos, que se relajarán o endurecerán en función de en qué medida se respeten dichas competencias. El objetivo es abrir la puerta a una mayor diferenciación entre los dos partidos que forman el Gobierno y a una mayor autonomía en la acción de los grupos parlamentarios. Todo ello, acompañado de un nuevo reparto de papeles. Una solución de urgencia a las crecientes desavenencias para salvar la legislatura reduciendo daños, aunque no exenta de riesgos, tras las acusaciones cruzadas de «deslealtad».

La cultura del Gobierno de coalición evoluciona pasado el primer año de legislatura hacia posiciones más «laxas», y lo hará —al menos de momento— «por la vía de los hechos», según explican desde Unidas Podemos. Unos cambios que desde el sector socialista asumen con resignación y en Moncloa visibilizan un creciente hastío al asociar diferenciación con choques y tensiones, habitualmente con sobreactuación. Con todo, no hay alternativas para salvar la legislatura y desde Moncloa asumen ya el rol de «la política útil frente al ruido», el «estar en política» frente al «hacer política» o el BOE frente al titular del periódico, según resumen gráficamente.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias también han dejado claros estos nuevos papeles, con el primero desautorizando al segundo respecto a la falta de democracia, defendiendo la actuación policial en las protestas de los últimos días y anunciando «contundencia frente a cualquier forma de violencia». Fue la forma del presidente del Gobierno de responder a sus socios, que han tratado de llevar el debate al terreno de los abusos policiales y a estirar su mensaje sobre la falta de democracia plena. Un partido de la protesta, con mensajes más transformadores y afinidad con los movimientos sociales, y un partido de la gestión, centrado en lo institucional. Izquierda y centralidad, como señas ideológicas.

Fuentes de Unidas Podemos en el Gobierno aseguran que «la coalición no está en cuestión» y que «vamos a gobernar muchos años», dibujando el actual punto de inflexión como una evolución natural de la cultura de coalición. Parte de su posición de fuerza se basa en fiar la duración de la coalición a que «no hay alternativa posible para la estabilidad del país». Desde la parte socialista, son menos contundentes y fuentes de Moncloa dejan entrever los peligros de lo que consideran una «forma distinta de entender la responsabilidad», en referencia a las especulaciones sobre si las tiranteces acabarán en ruptura. Especulaciones, añaden, que acallarán «con trabajo».

El hecho de que la bancada socialista negase el aplauso a Pablo Iglesias durante su intervención en el último pleno del Congreso, a pesar de hacerlo como representante del Gobierno, simboliza el punto de inflexión. Otro es que se haya perdido la periodicidad de los maitines, las reuniones informales en las que despachaban todos los lunes a primera hora Pedro Sánchez y Pablo Iglesias con sus respectivos equipos.

‘Dos partidos, un Gobierno’ fue el lema elegido por los ‘spin doctors’ de PSOE y Unidas Podemos para expresar su ideal sobre la cultura de coalición. Un proceso del que partían de cero y que anticipaba una construcción permanente. Superado el primer año de coalición, y asentadas las bases para una legislatura larga tras aprobar los Presupuestos, regada con los fondos europeos, la ambigüedad del ‘dos partidos, un Gobierno’ toma nuevas características.

El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias. (EFE)
El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias. (EFE)

Desde Unidas Podemos, quieren forzar una mayor diferenciación entre dos partidos que ahora califican de «muy» distintos ideológicamente, lo cual pasa por suavizar las reglas con las que se dotó al Gobierno de socialistas y morados. Principalmente en el Congreso, como ocurrió ya en el último pleno. Los morados se abstuvieron en una iniciativa de ley presentada por sus socios y rompieron también el voto respecto a una moción de ERC sobre la celebración de un referéndum de autodeterminación.

«Las tensiones dentro de un Gobierno de coalición son normales, porque hay dos partidos muy distintos compartiendo la responsabilidad y la toma de decisiones», tratan de argumentar desde Unidas Podemos. Y para más apuro de sus socios, que se resistían a revisar las bases de convivencia de la coalición, añaden estas mismas fuentes que a pesar de que «la correlación actual de fuerzas en el Congreso» hace que la coalición esté blindada, «seguro seguirá habiendo tensiones y discrepancias».

Blindaje ministerial

La relación será, por tanto, más abierta, y si los morados miran más a la izquierda soberanista y otras formaciones progresistas del bloque de investidura, los socialistas no descartan la geometría variable y el papel de partido de Estado tratando de pactar con el PP no solo el desbloqueo de la renovación del CGPJ, sino también de otros órganos como el consejo de administración de RTVE, que a diferencia del Consejo General del Poder Judicial no precisa del concurso del principal partido de la oposición.

El blindaje de las competencias ministeriales que reclama Unidas Podemos se centra sobre todo en Igualdad y Trabajo. O lo que es lo mismo, en la reforma laboral y el paquete legislativo en materia de igualdad que trata de impulsar el ministerio liderado por Irene Montero. La chispa la encendió la denominada ley Zerolo, pues los morados consideran que el PSOE ha cruzado «todas las líneas rojas al presentar por su cuenta una ley que es competencia de los ministerios de Unidas Podemos». «Intromisiones», dicen, con las que pretenden acabar, poniendo el foco en la vicepresidencia primera y Justicia, a los que acusan de «paralizar» leyes de sus ministerios.

Asocian así la cohesión del Ejecutivo a que «se cumpla lo firmado» a nivel programático y «no se pongan palos en las ruedas» a nivel competencial. No hay visos de que las tensiones en el seno de la coalición se vayan a aplacar, pero la falta de alternativa atará de momento el destino de ambos partidos. De lo que no hay duda es de que se abre una nueva fase en la cultura de la coalición, en las formas y en el fondo, en su segundo año de andadura.

Fuente: Iván Gil – El Confidencial