La implosión de Cs deja el futuro del PP en manos de Vox en cuatro autonomías

El varapalo en las elecciones catalanas es el último de una retahíla de malos resultados para los naranjas, que no levantan cabeza. Con dos años por delante, la próxima prueba de la derecha será en Andalucía.

Un batacazo más a la lista que es todo un aviso para el futuro. Ciudadanos no puede detener la sangría electoral que comenzó con la repetición electoral de 2019, tras la decisión de Albert Rivera de negarse a apoyar un Gobierno liderado por Pedro Sánchez. Desde entonces, esa ‘maldición’ que se llevó por delante al propio Rivera sigue golpeando al partido que ahora lidera Inés Arrimadas. Un desplome que no atenaza solamente a la cúpula naranja de la sede de la calle Alcalá de Madrid. El PP puede ser otro de los afectados de esa pérdida de apoyo en las urnas de los naranjas en varias autonomías que controla junto a ellos, las cuales son absolutamente estratégicas y le puede abocar a una pérdida de poder territorial muy severa o obligarle a llegar a acuerdos con Vox para mantener el poder. Siempre en el caso de que la formación de Santiago Abascal mantenga la buena salud que ha demostrado en Cataluña y Arrimadas no consiga mejorar la suya. 

Los de Arrimadas ya han encajado el golpe de haber perdido 30 escaños en Cataluña. Pero esto no se ha traducido en cambios en su dirección o en anuncios de un giro en su estrategia electoral, la cual ya fue rechazada en 2020 por los votantes de País Vasco y Galicia, ya que tan solo obtuvieron dos diputados en la cámara vasca en unos comicios a los que concurrieron aliados con el PP. Por lo que el nuevo aviso de los electores catalanes no va a provocar una reacción de los dirigentes de Ciudadanos. De hecho, fuentes del partido consultadas por La Información aseguran que haber pasado de ser primera a sexta fuerza en el Parlament se debe a la «desmovilización del voto», a la «caída de la participación» y a una campaña que no ha sido la correcta. 

Con este panorama, que los naranjas sean capaces de repetir los resultados que lograron en los comicios autonómicos y municipales de 2019 es algo que genera muchas dudas. Una circunstancia de la que los ‘populares’ que lidera Pablo Casado son una víctima colateral. Esto se explica con que consiguieron gobernar por primera vez en su historia en Andalucía (que celebró elecciones en diciembre de 2018) y mantener los Ejecutivos de la Comunidad de Madrid, Murcia y Castilla y León gracias a que los naranjas obtuvieron un apoyo considerable. Entonces, en la comunidad andaluza, Cs logró 21 escaños con Juan Marín al frente; en la murciana, llegó a los seis; en la castellano-leonesa, obtuvo 12 asientos; y en la madrileña, que tras la caída en Cataluña es la que más poder autonómico le reporta, cuenta con 26 asientos en la cámara.

Esos pactos entre ‘populares’ y naranjas también se produjeron en numerosos ayuntamientos de todo el país, donde sellaron acuerdos tanto de coalición como de apoyo externo del uno al otro. El más importante es el de Madrid, donde José Luis Martínez-Almeida tiene el poder tras un pacto con Begoña Villacís. Ocurre lo mismo en otras ciudades, como Málaga, Salamanca o Granada, siendo esta última una excepción en esos acuerdos, ya que el alcalde es de Ciudadanos. Pero desde mayo de 2019, al que la formación llegó muy reforzada por el éxito de haber logrado 56 escaños con Albert Rivera en las generales de abril del mismo año, la caída del partido naranja ha sido constante. E incluso estrepitosa. El germen de esa caída fue la repetición electoral de 2019, cuando perdió 46 diputados. 

El papel de Vox

A ese mantenimiento de poder territorial del PP también contribuyó Vox. La fuerza de extrema derecha apoyó desde fuera a los gobiernos que surgieron en los territorios madrileño, murciano y andaluz. También fue clave para que Almeida gobernara en el consistorio madrileño. Por lo que su peso en las decisiones que toman los ‘populares’ es incontestable. Lo que ha provocado numerosos desencuentros con los de Arrimadas en las administraciones que comparten, con la Comunidad de Madrid destacando como el paradigma de un choque constante. Pero la evolución tan desigual entre los socios de los de Casado puede provocar que haya un cambio de roles entre ambos. La subida constante de los de Abascal, refrendada por los barómetros del CIS, contrasta con el futuro de los de Arrimadas, que acumulan varapalos. Por lo que el PP puede enfrentar en dos años a un dilema: contar mucho más con Vox para poder gobernar, como ha hecho hasta ahora, o romper del todo aunque eso le cueste una autonomía.

Este escenario se produciría siempre que los de Arrimadas no consiguieran dar un vuelco a su situación. Algo que reclaman miembros destacados del partido que son críticos con el rumbo de la actual líder consultados por este diario. Según estas fuentes, es necesario que se produzca un «análisis» que permita dar un giro para «reforzar nuestras opciones electorales». Movimiento que sería la solución al «inmovilismo y persistir en lo que no funciona», que es como califican la actual gestión de la presidenta de Cs. Además, recuerdan que hay territorios donde hay conflictos internos, como Andalucía, «en el que Juan Marín muestra su descontento con Arrimadas, a lo que se suma la influencia de Fran Hervías por otro lado». Otras fuentes vinculadas a los naranjas señalan que el que Arrimadas no haya cambiado nada tras la debacle catalana responde a que «está más centrada en sobrevivir en el Congreso que en pensar en su poder territorial». 

Fuente: Jesús Travieso – La Información

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