El “vice” quiere volver a tomar la calle

En la formación aflora el debate sobre sí compensa la entrada en el Gobierno. Los morados quieren recuperar al votante desencantado.

Vuelta a los inicios que sacaron a Podemos de las calles para impulsarlos a las instituciones en 2015. Una estrategia arriesgada por la condición de partido de Gobierno, pero con la que en la sede morada quieren volver a marcar la agenda política y recuperar al votante fiel que quiere tomar el cielo por asalto y no por consenso. Un camino del que se alejaron en 2019 para mostrarse como partido de Estado con el fin de llegar al Ejecutivo.

Liderar un partido del cambio choca con la entrada en el Gobierno de la cuota morada. Un escenario que vaticinaba el hoy vicepresidente tras llegar a Moncloa, el de las contradicciones, pero que hoy en día son más evidentes que tras su aterrizaje, y eso lo saben en su cuartel general. Con las encuestas demoscópicas en mano ven que, a nivel nacional, el rédito que debía proporcionarles su mudanza a Moncloa no termina de llegar.

Es por ello que esta semana han desplegado una nueva hoja de ruta con visos a seguir explotando en el tiempo con el fin de recuperar al votante desencantado que se plantea ya el desgaste del partido que llegó para combatir los vicios de la vieja política. En resumen, volver a tomar el pulso de la calle y ser la canalización del descontento social y erigirse, de nuevo, como bandera en el Gobierno y en el Congreso de los Diputados de las reclamaciones de las clases populares. Una nueva derivada que tiene también por objeto el de luchar contra las voces críticas que ya se plantean la utilidad del partido morado en la actualidad tras la entrada en el Gobierno o incluso la renuncia a ser la herramienta para la que el partido nació; alternativa. El sector crítico analiza que Podemos renunció a ser alternativa al entrar en el Gobierno e incluso se empiezan a dudar sobre si es o no rentable entrar en Moncloa. Así lo aseguran en privado algunos dirigentes que contienen el aliento respecto al resultado que hoy obtenga en las urnas catalanas la marca de En Comú Podem, tras las últimas debacles en territorios como Galicia o País Vasco. De hecho, ex dirigentes de la formación así se han pronunciado en esta semana. Como el alcalde de Cádiz, José María González «Kichi» que afirma que no se siente representado en el actual Gobierno y que denuncia que Podemos ha dejado de ser un «movimiento asambleario» debido al «viraje táctico» y al «golpe centralista» que se ha dado desde Madrid, en referencia a la actual dirección nacional de Unidas Podemos.

Así, esta estrategia de denunciar las carencias de la democracia e incluso cuestionar que exista una «democracia plena», está dedicada a volver a capitalizar el apoyo del votante crítico con el sistema político, el que pone en cuestión el sistema democrático, el heredero del 15-M. En la base morada recuerdan, de hecho, que nacieron precisamente por esta necesidad, en un momento –tras la crisis económica de 2008- en el que la sociedad denunciaba la corrupción de la política y reclamaba un sistema garante de las preocupaciones de la sociedad. Es decir, que Podemos nació por el motivo que ahora mismo vuelven a reivindicar «la democracia mejorable». Cuestionar la democracia ha sido la primera munición que ha lanzado el partido, en un momento además clave –en la semana previa a las elecciones catalanas de este domingo–. Una estrategia que los morados saben que funciona, pues cuando los de Iglesias lograron más apoyo electoral fue cuando se mostraba como ariete de la vieja política y como «enfant terrible» contra los poderes económicos del Estado. Aquel denunciante de las puertas giratorias y de la casta, es el que hoy vuelve a sobrevolar como antídoto al descontento social.

De hecho, en Podemos reconocen estar satisfechos hasta ahora con esta estrategia de volver a tomar la iniciativa social, a pesar de la polvareda que ha levantado en el propio Consejo de Ministros, que esta semana –a diferencia de en otros conflictos que han transcendido en Moncloa– ha salido en tromba a desautorizar al vicepresidente segundo y su cuestionamiento sobre la democracia plena. Sin embargo, el partido lejos de cerrar el capítulo advierte de que seguirá denunciando desde el altavoz que propicia el asiento en el Ejecutivo aquellas situaciones que considere injustas o necesarias de cambio. Ejemplo de ello seguirá siendo la reclamación unánime de una transición hacia una República.

En cuanto a la relación entre socios, fuentes cercanas a Unidas Podemos aseguran que la coalición «no está en riesgo», y dejan ver que ello seguirá así a pesar de que son conscientes de que no despiertan simpatía dentro de una parte de La Moncloa. Inciden en que no hay opción a la ruptura entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias porque es numéricamente imposible encomendarse a otra aritmética en la actualidad. De hecho, no ocultan que las diferencias entre socios se seguirán visibilizando. Es decir, que la estrategia de publicitar el conflicto por parte de los morados cuando un acuerdo encalle, seguirá vigente en los próximos meses tras haber comprobado que es garantía de éxito para desencallar acuerdos vitales como prohibición de desahucios o cortes de suministros. El propio vicepresidente ha querido mandar esta semana un recado a los ministros socialistas, asegurando que su formación tan solo tiene «lealtad» al programa de coalición firmado con el PSOE. Los morados, sin embargo, rechazan que los encontronazos que sacuden Moncloa tengan lugar por iniciativa propia, sino que achaca los pulsos y discrepancias a cuando los socialistas «incumplen» una cuestión pactada previamente entre ambos.

Fuente: Rocío Esteban – La Razón