Bitcoin y el dilema que amenaza a los bancos

Año 12 después del Bitcoin. La cripto-reina vuelve a ocupar tanta atención entre inversores grandes y pequeños como preocupación entre los reguladores…

…que todavía no saben cómo afrontar el desafío tecnológico y conceptual que supone para el ‘statu quo’ financiero. Nada nuevo salvo por que el paso del tiempo está cambiando su dimensión de precios y la masa crítica de aquellos que respaldan con fe ciega este nuevo dinero. Los hechos son a la vez indiscutibles y difícilmente ignorables. Tanto como el nivel de riesgo que trae bajo el brazo esta ‘moneda’ y la revolución de la tecnología blockchain que hace que funcione y viva 100% digital.

La pandemia del Covid-19 ha dejado al descubierto un activo que alcanza una valoración cerca de los 900.000 millones de dólares tomando como referencia su precio actual cercano a los 48.000 dólares. Entonces, ¿es un activo refugio que ha crecido a la sombra de la crisis? Sí en la teoría, pero no en la práctica. Con su enfoque global y diseño limitado a 21 millones de unidades, Bitcoin tiene el ingrediente principal de algo valioso: la escasez. Sin embargo, su comunidad de creyentes sufrió un shock en su fe hace justo doce meses, aunque parece que haya pasado un siglo.

Entre febrero y marzo de 2020, en pleno crash generalizado en los mercados, su cotización se desplomó un 50%, de 10.000 a menos 5.000 dólares, con la misma velocidad, rapidez y pánico que acciones o bonos… como si quemasen en las manos. Digamos que suspendió ante las primeras rampas de peligro. Su aspiración de convertirse en una suerte de oro digital y depósito de valor quedó, por tanto, en cuestión. Su asombrosa recuperación hasta multiplicarse por diez desde entonces (+900%) tampoco ha sido una rara avis en un mercado borracho de liquidez monetaria como nunca antes.

El histórico episodio de Gamestop (+11.000% en cuatro meses), Tesla (+1.000% en doce meses) o la subida de valoración de 1 a 2,5 billones de dólares de Apple previenen de realizar cualquier tipo de sesuda o sofisticada interpretación sobre la actual Bitcoinmania, para volver a los clásicos. Se trata de un síndrome tan viejo como los propios mercados: exceso de demanda, escasez de oferta y, en definitiva, cierto aroma a iliquidez bursátil que convierte a los criptoactivos en potenciales víctimas de futuros shocks financieros. El Bitcoin lleva cinco meses subiendo en vertical -de 10.000 a 48.000 dólares- por el respaldo de grandes compañías de la talla de Square, Paypal o, de forma más reciente, Tesla o el respaldo de influencers económicos como Ray Dalio o Elon Musk.

Que los ‘hedge funds’ y tecnológicas estén apostando su dinero por el papel disruptor del Bitcoin es lo normal, casi obligatorio. Que acepten una cripto-transferencia para la compra de sus productos encaja también en este esquema. Ahora bien ya no lo es tanto cuando tener bitcoins en cartera comienza a ser una tónica general entre los fondos de inversión y al tren se van enganchando otros vagones de nombres más tradicionales como Visa, Mastercard o casi cualquier banco como Santander y BBVA en España, dos de las entidades que llevan más tiempo involucradas en el criptomundo con proyectos de referencia globales como Ripple Coinbase.

La CNMV y Banco de España son los dos últimos reguladores en lanzar su disclaimer ante los peligros legales, regulatorios y financieros que supone el Bitcoin y otras criptomonedas. Sin embargo, como siempre, no se menciona quizá el mayor riesgo de todos: el impacto que tendrá sobre los bancos si se adoptan en masa. Detrás de la cegadora cotización del Bitcoin en su cambio con el euro o el dólar, no hay que olvidar su rol como medio de pago y depósito de valor. En realidad es un feroz competidor de la banca que amenaza con sustituirla, al menos, en su forma tradicional. ¿Cómo lo deben afrontar las entidades? ¿Y los reguladores? Las declaraciones de Fabio Panetta, miembro del comité ejecutivo del BCE, al hilo del futuro proyecto de euro digital alternativo a Bitcoin desentierran los miedos, dilemas e incoherencias que sufren los bancos ante las criptomonedas.

El italiano augura que se pondrán límites a la posesión de esos ‘neo-euros’ para no acabar con el efectivo, o que el BCE usará a los bancos privados para distribuirlos y custodiarlos entre los clientes pese a que no es necesario… por la propia naturaleza de su tecnología. Y arroja una inquietante conclusión: prevé que pueda hacer todavía más dependientes de la liquidez del banco central a las entidades si los clientes deciden convertir sus ahorros y depositos a las nuevas monedas digitales.

Fuente: Rubén J. Lapetra – La Información