Incordiando a la CUP y sacando pancartas en TV3: 24 horas con el sindicato de Vox

El sindicato Solidaridad, lanzado por Vox, utiliza las mismas técnicas que impulsaron el éxito del partido para irrumpir en el tablero laboral. Apela a los trabajadores de derechas.

En el último debate electoral en La Sexta el jueves, Pere Aragonès estaba indignado porque Vox había ido a «visitar» la sede de ERC esa misma noche. Esa provocación consistió en un cartel pegado en la entrada con el rostro del vicepresidente catalán y la frase: «Candidato a deslocalizar la empresa donde trabajas».

Técnicamente, Aragonès se equivocó, aunque no andaba muy desencaminado. El cartel llevaba la firma de Solidaridad, el nuevo sindicato lanzado por Vox. Varios activistas pegaron carteles similares en todas las sedes de los partidos en Barcelona, ante la extrañeza de los transeúntes que se topaban con ellos. En Barcelona nadie sabe qué es Solidaridad, y con esta acción el sindicato pretendía dos cosas: darse a conocer y apoyar la campaña de Ignacio Garriga.

Un activista de Solidaridad pega un cartel en la sede de ERC en Barcelona. (D.B.)
Un activista de Solidaridad pega un cartel en la sede de ERC en Barcelona. (D.B.)
Acciones del sindicato Solidaridad en Barcelona. (D.B.)
Acciones del sindicato Solidaridad en Barcelona. (D.B.)

Es el mismo fenómeno que Vox ha llevado a la política aplicado al sindicalismo: entrar como elefante en cacharrería y ocupar el espacio de la derecha a través de un discurso duro y de una campaña permanente en redes sociales, cuanto más inflamada mejor. Vox creció en Facebook y en Twitter y su sindicato quiere seguir el mismo camino. El objetivo: acceder a los comités de empresa y a las negociaciones de convenios laborales para poner sobre la mesa la agenda que Vox pone en el Congreso y en los parlamentos regionales: patria, antiglobalismo, reducción de impuestos y control de la inmigración.

Los sindicatos tradicionales ven con horror la irrupción de la extrema derecha en el tablero de juego laboral

Los sindicatos tradicionales ven con horror la irrupción de la extrema derecha en el tablero de juego laboral. Pepe Álvarez, líder de UGT, les ha deseado «todo lo peor». Estos últimos les responden que se preparen porque van a acabar con las mafias, la corrupción y los chiringuitos. Seguro que todo esto les suena porque es lo mismo que vivió la política española solo tres años atrás. Bienvenidos al sindicalismo identitario.

“Si salimos ahora a pegar el cartel vamos a tener que encararnos con ellos y no queremos una pelea, ya nos han dicho que nada de enfrentamientos”, ordena Rodrigo Alonso, secretario general de Solidaridad y portavoz adjunto de Vox en el Parlamento andaluz. Es el segundo viaje en pocos días de Alonso a Cataluña para promocionar su sindicato y unirse a los mítines de Vox. «Mejor cancelamos, ya volveremos más tarde», concluye.

Están en un chaflán frente a la sede de la CUP en la calle Caspe de Barcelona y en la puerta hay cinco jóvenes charlando con una de las diputadas de la formación. Dos miembros de las juventudes de Vox en Barcelona que también se han unido a la acción apuestan por colgar el cartel contra la CUP en sus mismos morros al coste que sea. Se decide que faltan 48 horas para las elecciones y arriesgarse a una pelea entre miembros de la CUP y de Vox a cuenta de esa provocación no conviene. Ni a ellos ni sobre todo a Garriga. Un par de horas más tarde, ya sin ‘cupaires’ en la calle, los jóvenes de Vox regresan y pegan el cartel.

Un agente de Policía identifica a una docena de activistas de Solidaridad. (D.B.)
Un agente de Policía identifica a una docena de activistas de Solidaridad. (D.B.)

En las calles desde enero

Solidaridad fue presentado por Santiago Abascal en un acto en Coslada (Madrid) el pasado mes de septiembre, pero ha sido en enero cuando de verdad ha empezado a funcionar. Reventar concentraciones sindicales para «decirles cuatro cosas a las mafias y los corruptos», desplegar pancartas entre banderas de España en cualquier empresa y denunciar el sistema megáfono en mano en las protestas de trabajadores puede ser la nueva normalidad sindical, como ya lo es en la política. «El primer sindicato patriótico y antiseparatista de España; el primer sindicato anticomunista y contra las oligarquías corruptas», los definió Abascal en su puesta de largo.

Y en ese ruido que intentan generar en redes sociales tiene todo el sentido salir a incordiar a la CUP en su misma casa o acudir a la sede de TV3 en Sant Joan Despí para recordar a sus trabajadores que la televisión pública catalana es «uno de los centros que sirven al independentismo y al separatismo catalán» y que la Generalitat destina 253 millones a TV3 y cero euros a ayudar a la hostelería.

Solidaridad, el sindicato que impulsó Vox empapela las sedes de UGT con “cerrado por corrupción”

«Están muy bien los vídeos que estáis haciendo», le dice el líder de Vox en Cataluña, Ignacio Garriga, al secretario general de Solidaridad cuando se encuentran este viernes en la protesta de Jusapol, la asociación de policías y guardias civiles, en la plaza Sant Jaume de Barcelona. Garriga y Alonso se abrazan y charlan amistosamente porque son compañeros de partido, uno ya es diputado en el Parlamento de Andalucía y el otro lo será desde este domingo en el Parlamento catalán.

El sindicato bebe de la estructura de Vox para crecer y Vox se sirve del sindicato para meter una pata en el obrerismo y tratar de extender sus redes dentro de las empresas. El objetivo es generar el mismo binomio que históricamente han formado PSOE y UGT pero por el carril derecho.

La jugada ‘a priori’ es inteligente. En España no existen los sindicatos de derechas y ahí hay un nicho electoral enorme y vacío

La jugada ‘a priori’ es inteligente. En España no existen los sindicatos de derechas y ahí hay un nicho electoral enorme y vacío. Vox está rozando (si no lo ha tocado ya) su techo electoral con los 52 escaños en el Congreso y la irrupción en los parlamentos autonómicos. El discurso identitario, antisistema y antiinmigración llega hasta ahí. Si el partido abre una grieta en el sindicalismo y logra introducirse en las empresas y en las grandes mesas sectoriales para dar allí su batalla ideológica, y más si encima comienza a ganar juicios laborales, su crecimiento se puede disparar. Hoy Solidaridad cuenta con 10.500 afiliados, la mitad de ellos en Madrid, aunque apenas un puñado de activistas del núcleo duro de Vox los sigue en las calles.

Pancarta de Solidaridad en la protesta de Jusapol en la plaza Sant Jaume de Barcelona. (D.B.)
Pancarta de Solidaridad en la protesta de Jusapol en la plaza Sant Jaume de Barcelona. (D.B.)

La protesta de Jusapol este viernes es la mejor muestra de las prisas del sindicato (y del partido) por salir del cascarón. En la plaza de Sant Jaume hay dos pancartas, la de Jusapol, organizador del acto; y otra más grande y mejor situada, justo en mitad de la plaza, de Solidaridad. Incluso algún cargo electo del Partido Popular, como el concejal por Barcelona Josep Bou, se sitúa sonriente tras la pancarta de Solidaridad hasta que se da cuenta del error. Al poco la portavoz adjunta de Vox en el Congreso, Macarena Olona, y el eurodiputado Hermann Tertsch ocupan su puesto natural tras la pancarta del sindicato para gritar ‘vivas’ a la Policía y la Guardia Civil. La prensa fotografía y graba la pancarta y las banderas verdes y entrevista a su secretario general. Varios policías se acercan a interesarse por ese sindicato cuyo nombre nunca habían oído.

Ignacio Garriga, Macarena Olona y Rodrigo Alonso charlan durante la protesta de Jusapol en Barcelona. (D.B.)
Ignacio Garriga, Macarena Olona y Rodrigo Alonso charlan durante la protesta de Jusapol en Barcelona. (D.B.)

«Por supuesto que somos un sindicato ideológico», admite Alonso. «Consideramos que la patria es la única defensa que tienen los trabajadores. No les vamos a hacer la fiesta a las mafias de la inmigración y a las mafias del globalismo que crean los flujos globales para traernos inmigración irregular y bajar los salarios. Estamos a favor de que se rompan los convenios con países donde se produce con mano de obra esclava, como Marruecos. Por eso decimos que si defiendes la patria, defiendes al trabajador. Por desgracia, la sociedad ha comprado las tesis del globalismo y decir lo contrario te convierte en un señalado, tenemos que romper con eso».

«¡Fascistas!», les gritan unos militantes de CCOO a los 15 afiliados de Solidaridad que este jueves irrumpieron en una concentración convocada por CCOO y UGT frente el Ministerio de Economía en Madrid para exigir la subida del salario mínimo interprofesional (SMI) y la derogación de la reforma laboral y de pensiones. La Policía Nacional presente en el acto rápidamente se pone en alerta. Aunque son pocos, el aspecto de los miembros de Solidaridad genera intranquilidad.

Rápidamente despliegan su pancarta y Alonso estalla con el megáfono: «¡Venimos a decirles a la cara que ahora sí toca devolver lo robado, no representáis a nadie, sois la mafia sindical!«. En solo un minuto varios agentes de policía identifican a los contramanifestantes y los apartan a más de un centenar de metros de los sindicalitas de CCOO y UGT, que observan a sus ‘colegas de lucha’ entre el susto y el pasmo.

Solidaridad ha acudido a apoyar los mítines de Vox en Cataluña.
Solidaridad ha acudido a apoyar los mítines de Vox en Cataluña.

Separarse de Vox

«No somos el sindicato de Vox, tenemos dos estructuras independientes y no recibimos financiación», asegura Alonso. Una de las obsesiones de Solidaridad es despegarse de Vox. Sin embargo, es imposible separar el uno del otro, ni siquiera por una de sus costuras. Para empezar, Alonso es a la vez líder del sindicato y parlamentario de Vox por Andalucía, sindicalista y político a un mismo tiempo, una pirueta única en España y que para Alonso no supone contradicción alguna, ya que le permite «saber dónde dirigirte y cómo hacerlo». Para continuar, todo el despliegue de Solidaridad en Cataluña se basa en el apoyo del partido verde allí, en concreto el de Jordi de la Fuente, mano derecha de Ignacio Garriga y señalado por su pasado en movimientos filofascistas.

Rodrigo Alonso es sindicalista y político a un mismo tiempo, una pirueta única en España

Alonso da apoyo a Garriga en Cataluña porque, casualmente, le considera «el candidato que más se ajusta a las necesidades del trabajador». Al rechazo frontal del independentismo, el comunismo y el globalismo, se suma el repudio a los menores extranjeros no acompañados (menas) como otro de sus caballos de batalla, y el sindicato lo demuestra colgando una pancarta en lo alto de la estación de tren de Sants de Barcelona en la que se lee «664€/mes a cada mena, 0€ para hostelería». Acción rápida, vídeo para redes sociales y a tratar de llegar a más gente y echar una mano a Vox en su guerra cultural.

«Tildar de provocación ir a un sitio a expresar libremente lo que pensamos y exponer nuestro proyecto es el fin de la libertad de expresión», afirma el líder ante la posible contradicción de que un sindicato laboral se anime a viajar a Cataluña a hacer política pinchando a los independentistas. «Venimos a decirle al pequeño comerciante y al trabajador que estamos con ellos. Los separatistas cuando te ven te llaman nazi o fascista, ese es el nivel de su cultura».

Si Vox irrumpe con fuerza en el Parlament este domingo, abrirá también la puerta a que su sindicato pueda progresar en Cataluña. Una vez más, la suerte del hermano pequeño depende de la del mayor.

Fuente: David Brunat – El Confidencial

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