Cerco a Facebook: ¿está en peligro el modelo de las ‘big tech’?

Gobiernos y reguladores tratan de ver cómo se puede equilibrar la balanza para impedir que haya un nuevo poder por encima de los estados, de las leyes, incluso de las declaraciones universales de derechos.

El cerco a Facebook por parte de la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos que, junto a una coalición de fiscales de 46 de los 50 estados ha presentado una demanda para reducir el tamaño de la empresa y su posición dominante de mercado, ha hecho saltar las alarmas en el resto de las ‘big tech’, que vienen estando en los últimos meses en el foco del regulador norteamericano. En este caso se acusa a la empresa que dirige Mark Zuckerberg de mantener su «monopolio» en el sector de las redes sociales mediante conductas anticompetitivas y que con la compra de Instagram y WhatsAap ha privado a los consumidores de los beneficios de un mercado competitivo y de una mejor protección de su privacidad.

Con este precedente y el de Google, cuya matriz (Alphabet) fue acusada en octubre por el Departamento de Justicia norteamericano y 11 estados por prácticas monopolísticas -alegaban que el principal buscador del mundo había noqueado a la competencia para mantener su dominio de mercado, también en el negocio de la publicidad basada en búsquedas- hay quienes se preguntan ya si el cerco judicial puede ser el principio del fin del modelo de las grandes tecnológicas tal cual lo conocemos. Hay que recordar que en EEUU no había habido demandas similares contra el sector desde finales de los 90. Entonces fue Microsoft la que estuvo en la diana.

En las oficinas centrales de Facebook en Menlo Park, California, se ha llegado a hablar de la red social como del mayor país de la tierra atendiendo a su cifra aplastante de usuarios. Roza ya los 3.000 millones de usuarios en el mundo, a los que se sumarían parte de los 1.600 millones de personas que se comunican a través de la red de mensajería WhatsApp, de los 1.400 millones que emplean Messenger o de los 1.000 millones que cuelgan las fotos de su día a día en Instagram. «Lo que ocurre es que de tanto repetirlo se han creído que ellos pueden poner las normas que quieran a sus usuarios y esas normas contradicen muchas veces las leyes nacionales de los países en lo que prestan servicios o las leyes europeas, incluso derechos fundamentales», apunta Borja Adsuara, profesor, abogado y consultor, experto en Derecho, Estrategia y Comunicación Digital.

Ahora, los gobiernos y reguladores están tratando de ver cómo se puede equilibrar la balanza para impedir que haya un nuevo poder por encima de los estados, de las leyes, incluso de las declaraciones universales de derechos. El experto sostiene que en adelante aparecerán nuevos actores. «No se trata tanto de destruir a los grandes como de diluir un poco el poder que han alcanzado», matiza, y teme que a futuro se produzca una disgregación de las grandes empresas, bien impuesta por autoridades de competencia, o bien por países enteros que como China o Rusia opten por desconectarse de la Internet mundial. Geoestratégicamente esto supone un problema porque hasta ahora el discurso en la red era más global.

«No se trata tanto de destruir a los grandes como de diluir un poco el poder que han alcanzado»

En el caso de Europa, la Comisión tiene previsto presentar el próximo martes el borrador de una directiva de servicios digitales que va a sustituir a la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información española del 2002 y a la Directiva Europea de Comercio Electrónico del año 2000. La nueva legislación pretende aportar soluciones y medidas a adoptar ante estas grandes multinacionales de Internet que, como dicen en EEUU, de ‘guardián’ de la entrada a la red y deciden prácticamente quién vive y quién muere en lo que a empresas se refiere. Pero el problema, no es solo de competencia comercial, que es un asunto mercantil, sino que también tiene que ver con la influencia que estos gigantes tienen sobre sus usuarios y que puede afectar a derechos fundamentales con el tema de la desinformación o ‘fake news’. 

Facebook dará batalla en los tribunales

Facebook ya ha anunciado que piensa dar la batalla en los tribunales. Antes, Mark Zuckerberg ha empezado por hacer que el mensaje de su defensa cale fuerte entre los empleados: recuerda que la Comisión Federal de Comercio, que hoy encabeza esta demanda, dio el visto bueno a las operaciones de compra de Instagram(desembolsó 1.000 millones de dólares en 2012) y WhatsApp (por la que pagó 19.000 millones de dólares dos años después). En un informe a los empleados, el CEO insiste en que éste es solo el primer paso de un proceso que «podría tardar años en desarrollarse en su totalidad» y que la definición de competencia que maneja el Gobierno es muy estrecha.

Francisco Canós, socio inversor de Cyber C, compañía especializada en consultoría cibernética, considera que esta demanda anticipa un reto para las grandes tecnológicas en un ‘road map’ en la que hasta ahora no se habían enfrentado a algo similar y que puede dar lugar a cambios en su modelo de negocio. Entiende que la clave está en cómo lidiar con la imposición de regulaciones para determinados sectores compatibilizando la libertad de actuación dentro de una economía de mercado con el interés general. A futuro, la pandemia ha acelerado de una forma dramática el proceso de digitalización y anticipa un ajuste del mix entre el mundo virtual y físico que tendrá implicaciones a todos los niveles.

Explosión en bolsa en lo que va de año

En lo que llevamos de año, las acciones de Facebook se disparan más del 30% en Wall Street, que ha visto cómo las grandes tecnológicas añadían, semana a semana y al margen de la pandemia, gasolina extra para renovar sus máximos. El Nasdaq ha vuelto a pulverizar los suyos los últimos días al alcanzar los 12.635,72 puntos. Las conocidas como FAMAG (Amazon, Apple, Microsoft, Facebook y Alphabet, la matriz de Google) han tirado del carro en los peores momentos de la pandemia. La pregunta es si con cuatro de ellas en el ojo del huracán por sus prácticas empresariales, su cotización y perspectivas pueden verse comprometidas. 

Ante la «adversidad» estas compañías siempre han conseguido crecer porque su modelo de negocio es «extremadamente bueno». Celso Otero, cogestor del fondo Renta 4 Megatendencias Tecnología, se muestra tajante en este sentido. Reconoce que siempre habrá piedras en el camino del sector, pero se muestra optimista a medio y largo plazo porque se trata de un segmento con mucho crecimiento a lo largo de las últimas décadas, porque tienen un producto diferenciador y la posibilidad de que tengan que cambiar su modelo de negocio no vendrá dada tanto por la regulación «como porque surja un competidor con algo mejor», añade. Si finalmente se produce el troceamiento de Facebook, es decir, si le obligan a vender el negocio de Instagram y WhatsApp, su visión de la compañía no cambiaría demasiado.

Las empresas tecnológicas de megacapitalización representan ahora una cuarta parte del valor total del S&P 500, el índice que engloba al medio millar de compañías que más valen de toda la bolsa neoyorquina, si bien en agosto llegaron a superar el 27% de la capitalización del índice. Este grado de concentración ha hecho surgir comparaciones con la «burbuja de las puntocom» de 1999. De ahí que haya inversores que advirtiesen de un posible pinchazo

Sin embargo hay diferencias notables entre aquellas tecnológicas de finales de los 90 y éstas. La gestora británica Schroders apunta a que entonces la burbuja fue impulsada por el apetito voraz de los inversores hacia todo lo que tuviera que ver con la tecnología, independientemente de la situación financiera de las compañías (de sus beneficios, de sus ingresos…) En 2020, las ‘tech’ en general y las FAMAG en particular, han disparado sus ingresos y beneficios y las perspectivas no pueden ser más optimistas a corto plazo. 

«Las ‘tech’ seguirán siendo un área fructífera para los inversores en los próximos años. El mayor riesgo vendrá de la regulación»

Así, inciden en que el grado actual de concentración en el mercado no es inusual y se remontan mucho más atrás: en los años 60 y 70 el S&P 500 también estaba dominado por un número pequeño de compañías muy grandes: la petrolera Exxon, General Electric, el fabricante de automóviles General Motors y la multinacional de telefonía AT&T. Lo curioso es que ExxonMobile era hace sólo siete años la compañía que más valía de todo Wall Street y AT&T tuvo que hacer frente a principios de los 80 a una demanda antimonopolio por parte del Departamento de Justicia de EEUU que le obligó a desprenderse de sus compañías de servicios operativos locales.

¿Y mañana qué? Los analistas cosultados coinciden en líneas generales en que la Covid-19 ha acelerado la adopción de nuevas tecnologías como el comercio electrónico y el teletrabajo, en que son cambios en el comportamiento de las empresas y de los consumidores que se mantendrán en buena medida después de la pandemia. Por ello, desde la firma británica consideran que va a seguir siendo un área fructífera para los inversores en los próximos años y ven probable que el mayor riesgo para el sector provenga de la regulación, más que de una rápida disminución de su tasa de crecimiento.

Fuente: Ingrid Gutiérrez – La Información