La promesa del gobierno Frankenstein imposible en Cataluña

Las elecciones al Parlament de Cataluña abren un nuevo baile en la política catalana, en el que algunos partidos aspiran a cambiar de pareja y otros harán lo posible para evitarlo.

Los pactos postelectorales son la auténtica clave de estas elecciones, en las que el líder del PSOE, Pedro Sánchez, hablaba el viernes de un punto de inflexión en Cataluña con los comicios del 14-F, la oportunidad de «pasar página del procés».

Para conseguirlo, los socialistas deberían romper la alianza entre JxCat y ERC. Una coalición con una mala salud de hierro, a la que los independentistas parecen abocados de nuevo por las encuestas. El último sondeo del CEO, hecho público este viernes, muestra de nuevo un triple empate entre republicanos, Junts y socialistas, en el que los primeros aventajan por muy poco a sus socios y el PSC quedaría en tercer lugar.

ERC deberá escoger socio

En este nuevo baile, Esquerra es, a priori, el único de los tres que puede escoger pareja de baile: PSC o Junts. Y el concurso de dos de estos tres partidos es imprescindible para la formación de una mayoría parlamentaria. Hace cuatro meses, cuando lideraba cómodamente las encuestas y parecía claro el sorpasso a los de Carles Puigdemont, los republicanos entraron en maniobras de tanteo para formar un nuevo tripartito.

Unas maniobras en las que siempre han tenido un papel protagonista Podemos y los Comunes. Tanto Pablo Iglesias como Ada Colau coinciden, aquí sí, en reclamar la reedición del «pacto de izquierdas» que ya gobierna en la Moncloa y el Ayuntamiento de Barcelona, ahí inicialmente en contra de Esquerra, aunque los republicanos han apoyado los presupuestos de Colau. Una alianza que serviría para solidificar los apoyos de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en el Congreso, en el sentido que prefiere Iglesias.

Esquerra, o por lo menos una parte de los republicanos, muy identificada con Gabriel Rufián y Joan Tardà, estudió la opción. Les permitiría superar la incómoda coalición con Junts tras un año de gobierno prácticamente paralizado en el que la desconfianza entre los socios no ha dejado de crecer desde que Quim Torra anunció que el Govern estaba agotado por la «deslealtad» de los republicanos.

Ahogar a JxCat

La maniobra sería un durísimo revés para Junts, un partido recién creado que necesita de forma perentoria la seguridad económica que ofrece entrar en el Govern. Buena parte de sus cuadros son altos cargos de la Generalitat, además de algunos alcaldes ex convergentes, pero su listas electoral está integrada sobre todo por independientes como Joan Canadell, Jaume Alonso Cuevillas o el ex republicano Joan Pessarrodona.

Sin el poder económico que otorga gestionar departamentos de gobierno como los que ahora tiene en sus manos: Empresa, Política Territorial o Administración Pública y Políticas Digitales, además de Interior y Cultura, a JxCat puede hacérsele muy larga una nueva «travesía en el desierto» como la pilotada en su día por Artur Mas en CiU.

Los efectos de la «operación Illa»

La «operación Illa» orquestada por los socialistas, sin embargo, puede dar al traste con esa opción. Con el relevo de Miquel Iceta por Salvador Illa los socialistas han optado por «ir a por todas» en las elecciones catalanas, con aspiraciones a la victoria. Y es muy difícil que Esquerra asuma el papel de socio menor, o en igualdad de fuerzas, con los socialistas catalanes.

Con una clara ventaja sobre el PSC, los republicanos se plantean romper la alianza con Junts para tener el mando en la Generalitat. Pero difícilmente se expondrán a los ataques de buena parte del independentismo, que vería como una auténtica traición el pacto con los socialistas, sin que este le proporcione una ventaja sustancial respecto a un gobierno de coalición con JxCat.

De ahí, que con la entrada en campaña de Oriol Junqueras se hayan recrudecido los ataques de Esquerra al PSC, mientras republicanos y posconvergentes se obvian en sus mensajes, como sucedió este viernes en el primer debate auspiciado por La Vanguardia. Ambos partidos han compartido gobierno y aspiran a hacerlo de nuevo, por lo que es más fácil centrar sus ataques en el PSC.

Fragmentación del bloque constitucionalista

El PSC, por su parte, sufre las consecuencias de la fragmentación del bloque. Un espacio en el que conviven PSC, los comunes, PP, Ciudadanos y Vox hace prácticamente imposible una alianza alternativa a la de los socialistas. Alianza que tampoco avalan las encuestas, que siguen dando al bloque integrado por Jxcat, EC y la CUP la mayoría parlamentaria.

Tanto los comunes como Cs se han ofrecido ya a apoyar un gobierno liderado por Salvador Illa. Pero las estrategias de ambos partidos parecen incompatibles. Según el último CEO un 20% de los votantes de CatEC-Podemos defiende la independencia de Cataluña, lo que explica que los comunes aboguen por un pacto «de izquierdas» con PSC y ERC, que aúna a sus «dos almas».

El papel de Vox

Pero el apoyo de la candidatura que lidera Jessica Albiach con suerte mantendrá sus 8 escaños, por lo que su apoyo es claramente insuficiente. Y Cs, que aspira a gobernar con el PSC, no ha darle apoyos externos, ha nacido para luchar contra el independentismo y defiende unos postulados económicos incompatibles con los de los morados.

Por último, ese gobierno tan Frankenstein como un nuevo tripartito, necesitaría el apoyo parlamentario de PP y Vox, más incompatibles, si cabe, con los morados. Aunque el portavoz del partido, Javier Ortega Smith, ha asegurado que los verdes facilitarían un gobierno del PSC para evitar una nueva Generalitat independentista.

Fuente: Iva Anguera de Sojo – El Independiente

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