España entra en la UCI

El agravante de la pandemia provoca una crisis sin precedentes de la economía española.

En un abrir y cerrar de ojos, España ha vuelto a los tiempos de la Gran Depresión. El confinamiento de la población decretado por el Gobierno para frenar la pandemia del coronavirus ha arrasado la economía española, con un hundimiento del PIB sin precedentes del 11% en 2020, según los datos de contabilidad nacional publicados ayer por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Desde 1970, que se comenzó a medir la actividad económica, jamás se ha conocido un desplome semejante de la economía española, que ha entrado, así, en la UCI. España ha pasado de crecer en 2019 un 2% a tirar por la alcantarilla en tan sólo doce meses 124.441 millones, al situarse su PIB a precios corrientes en 1.119.976 millones, lo que supone un 10% menos que un año antes y la menor cifra desde 2016. Es decir, nuestro país ha perdido de un plumazo cinco años de actividad y generación de riqueza.

Mientras, la deuda pública crece imparable tanto como se hunde el PIB y supera ya el producto interior bruto, con 1.312.950 millones hasta noviembre, según el Banco de España. Este alza se explica en parte por la necesidad de financiar las medidas económicas puestas en marcha por el Ejecutivo de Sánchez para paliar los efectos de la crisis causada por los cierres parciales de la actividad económica. La crisis también se ha dejado sentir con virulencia en el déficit público, que supera ya los 87.000 millones hasta noviembre. Esta cifra equivale al 7,82% del PIB y multiplica por cinco el desfase registrado en el mismo período de 2019, según la información de ejecución presupuestaria publicada ayer por Hacienda. El Gobierno prevé un déficit para el conjunto del año del 11,3% del PIB, 3,48 puntos porcentuales por encima del registrado hasta noviembre. Esa diferencia se debe a que no se han contabilizado aún los datos de las corporaciones locales. El deterioro del déficit refleja el impacto de las medidas aprobadas para atender la emergencia sanitaria y mitigar los efectos económicos y sociales provocados por la pandemia, que han disparado el gasto público durante la segunda ola. La administración central del Estado ha concentrado el mayor desfase, con 72.400 millones, cifra que equivale al 6,46% del PIB. Mientras, 12 autonomías han obtenido números negros gracias al auxilio del Ejecutivo. La crisis y la destrucción de empleo han provocado un alza de las prestaciones por desempleo hasta alcanzar los 33.392 millones, especialmente, por los ERTE. Mientras, el Fogasa ha vuelto a repetir número rojos por el cierre de empresas a un ritmo de 69 al día.

Panorama desolador

En este contexto, la parálisis sufrida por la economía, una deuda pública sin freno, un déficit público disparado y una destrucción de empleo superior a 625.000 puestos en 2020 han desatado la tormenta perfecta sobre España, que condenará a generaciones enteras a elevados sacrificios, mientras que casi un millón de personas más han cruzado ya el umbral de la pobreza. Pese al desplome del PIB del 11%, esta cifra se sitúa dos décimas por debajo de la previsión del Gobierno. No obstante, el INE se ha curado en salud y ha advertido ya de que estos resultados son un avance y que pueden sufrir modificaciones futuras. Es decir que el sombrío y nefasto panorama dibujado por el Instituto puede empeorar aún más por la no disponibilidad de algunas de las fuentes utilizadas habitualmente y por la dificultad que entraña en la elaboración de las estadísticas la evolución incierta de la pandemia.

El cerrojazo del país con el estado de alarma decretado por el Ejecutivo, que cumplirá un año en marzo próximo, ha provocado que la demanda nacional se contraiga en exceso por el derrumbe sufrido por la inversión y contribuya con una caída de 9 puntos al desplome del PIB. Mientras, la demanda externa también ha sufrido un retroceso, con una aportación negativa al producto interior bruto de 1,9 puntos, es decir, 2,5 puntos inferior a la registrada en 2019. Ante este desolador panorama, las familias españolas, temerosas del devenir laboral, han dejado de gastar y de consumir. Según el INE, el consumo de los hogares ha caído en picado un 12,4%, el retroceso más elevado de toda la serie histórica. La Agricultura ha sido el único sector que se ha salvado de la quema, con un alza del 4,7%. Mientras, el parón sufrido por la economía se ha cebado con la construcción, que se ha hundido el 15,9%; con los servicios, que han retrocedido el 11,2%, y con la industria y la energía, que han caído hasta el 9,4%. La remuneración de los asalariados ha descendido un 5,1%. Mientras, la productividad por hora trabajada ha caído el 0,6% y la de los puestos de trabajo equivalentes, el 3,8%. Como no podía ser de otra manera con el país paralizado, las horas trabajadas han bajado el 10,4% y el número de puestos de trabajo equivalentes, el 7,5%.

Más de 22.000 millones de menos

En el cuarto trimestre, la economía ha experimentado un leve crecimiento de cuatro décimas, frente al pronóstico optimista del ministro de Seguridad Social. Tan sólo hace un mes, José Luis Escrivá lanzaba las campanas al vuelo y auguraba un alza del PIB en el cuarto trimestre de 2020 del 2,4% respecto al trimestre anterior. El error de cálculo del titular de Seguridad Social supone una generación de riqueza menor de nada más y nada menos que 22.398 millones. En este fallido pronóstico ha influido, sin duda, el impacto en la economía de la segunda ola del coronavirus. Este leve aumento de cuatro décimas ha contribuido al desplome de la tasa interanual del PIB hasta el 9,1%, frente al descenso del 9% del trimestre precedente, como consecuencia del retroceso de la demanda interna y externa.

Fuente: Inmaculada González de Molina – La Razón

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