La EPA camufla un millón de parados ‘fantasma’ que no figuran en las listas

Los microdatos de la encuesta del cuarto trimestre revelan que 933.600 personas estaban disponibles para trabajar, pero no pudieron buscar empleo por la coyuntura provocada por la emergencia sanitaria.

La foto principal de la Encuesta de Población Activa (EPA) que publicó este jueves el Instituto Nacional de Estadística (INE) refleja un impacto de la pandemia en el mercado laboral irreal o, cuando menos, subestimado. Según una primera aproximación, en España había a cierre de 2020 un total de 3.719.800 desempleados, pero un análisis pormenorizado de los microdatos de la encuesta revela que en torno a un millón de personas se encontraban disponibles para trabajar durante el cuarto trimestre, pero no pudieron buscar empleo en la coyuntura provocada por la emergencia sanitaria. El problema es que este colectivo no computan como activos, por lo que no se incluyen en la categoría de parados, sino que son considerados inactivos.

El INE ha realizado una desagregación especial de la categoría de inactivos, en base a los estándares de su homóloga europea Eurostat, donde se incluye a las personas que están disponibles para trabajar y desean hacerlo, pero no han podido buscar un empleo. Desde Estadística explican que este colectivo, en el que encajan 933.600 personas, no se incluye entre los parados porque no cumple todas las condiciones que la Organización Internacional del Trabajo exige para ser clasificado como desempleado, como por ejemplo, la mera realización de las gestiones pertinentes para buscar un puesto de trabajo, algo que, en muchos casos, se ha convertido en misión imposible.

Y es que en la actual situación de pandemia, en la que se ha producido el cese temporal o definitivo de muchas actividades económicas y el confinamiento de la población, muchos de los trabajadores que han perdido su empleo no han podido utilizar ningún método de búsqueda por estar cerradas las empresas que podrían contratarles o se han visto imposibilitados para ejercer su actividad como autónomos. También ha habido casos en los que no han podido incorporarse a un hipotético puesto de trabajo que les fuera ofrecido por tener que permanecer en casa cuidando de las personas dependientes de la familia. Todas estas perturbaciones han provocado un impacto en las estadísticas sin precedentes.

 

Fuentes del INE explican que este colectivo, en cualquier caso, se ha reducido considerablemente desde los meses más duros del confinamiento. Un vistazo a la serie muestra como, efectivamente, en el segundo trimestre de 2020, que arrancó en pleno estado de alarma con la paralización casi total de toda actividad no esencial, se alcanzó la cifra de 1.628.500 personas con disponibilidad y deseo de trabajar que no podían buscar un empleo. En el tercer trimestre, en torno a medio millón de personas salieron de esa situación, quedando un total de 1.142.700 afectados, cantidad que en la recta final del año, donde las distintas comunidades autónomas mantuvieron las restricciones sanitarias relativamente relajadas hasta el envite de la segunda ola de contagios por Covid, se redujo hasta los 933.600 individuos.

Para Estadística, un aspecto de la «progresiva vuelta a la normalidad en el mercado laboral» es precisamente la disminución del número de inactivos disponibles para trabajar que no buscan empleo. «A partir del tercer trimestre, con la posibilidad real de buscarlo, una parte de quienes antes estaban en ese grupo han contribuido al incremento del paro o han pasado directamente a la ocupación«, matizan. De hecho, en las últimas encuestas se viene consolidando la tendencia a la reducción de inactivos (-124.600 en el cuarto trimestre respecto al tercero), toda vez que las restricciones de movilidad en la segunda mitad de 2020 no fueron tan drásticas como al comienzo de la pandemia. 

A este grupo habría que sumar otro colectivo de personas que, pese a no estar trabajando, tampoco se contabilizan como paradas. Se trata de aquellas que buscan empleo de manera activa, pero no están disponibles. Y es que otro de los requisitos que establece la OIT para considerar a un individuo como desempleado es la disponibilidad, en el sentido de que debe estar en condiciones de comenzar a trabajar en un plazo de dos semanas. Aquí entran, por ejemplo, las personas que no están trabajando, pero no están disponibles porque han encontrado un empleo al que se van a incorporar en un plazo máximo de tres meses. En total, el INE tenía contabilizadas a 176.500 personas con estas características en el cuarto trimestre de 2020.

Pero no son los únicos parados ‘fantasma’ que no aparecen en las cifras oficiales. De hecho, existen una serie de grupos que tradicionalmente se incluyen en la categoría de inactivos y distorsionan los resultados de las estadísticas a la hora de evaluar la situación del desempleo. Por ejemplo, dentro de los considerados «activos potenciales» se encuentran los conocidos como «desanimados», categoría que engloba a todas aquellas personas sin trabajo, que sí están disponibles para trabajar en un periodo de dos semanas, pero que no han buscado empleo en las cuatro últimas semanas porque creen que no lo encontrarán. Este es uno de los colectivos que más tiende a crecer en crisis prolongadas (en 2013 llegó a superar el medio millón de personas) pero por ahora se sitúa en 295.500 individuos.

Tampoco hay que olvidar que los afectados por expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) no cuentan como parados, sino como ocupados, al tratarse de trabajadores que han visto suspendida su actividad por parte de la empresa durante un periodo de tiempo, pero continúan en la plantilla. Según los datos del Ministerio de Trabajo, a cierre de diciembre había más de 755.600 afectados por ERTE, si bien esta cifra dista de la que recoge la EPA. Según los resultados de sus encuestas, en el cuarto trimestre había 497.900 personas en esta situación, toda vez que el INE incluye en este colectivo a los ocupados que no han trabajado en la semana de referencia, aglutinando a los que están inmersos en procesos de regulación y empleo (entre ERTE y ERE, 352.600) y a aquellos cuyas empresas se encuentran en paro parcial por razones técnicas o económicas, que suman otros 145.300 trabajadores.

Por tanto, la tasa de paro que ofrece el INE en base a los criterios de la OIT  y que sitúa a cierre de 2020 en el 16,13%, a pesar de ser considerado el indicador oficial, no recoge con exactitud el paro real. Por eso, economistas como el investigador de Fedea Florentino Felgueroso realizan el ejercicio de calcular la tasa de paro española en base al modelo americano y el resultado es, cuando menos, llamativo. Según sus cálculos, si al total de parados se le suman los desanimados, los que no buscan empleo pero desean trabajar, los ocupados en ERTE y los empleados a tiempo parcial involuntario (lo que se considera «subempleo») el resultado son cerca de 7 millones de personas en situación de vulnerabilidad asimilada al desempleo. En porcentaje, estaríamos hablando del 28,8% de la población activa, teniendo en cuenta en el denominador al colectivo de los considerados «activos potenciales».

Fuente: Cristina Alonso – La Información

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