Sánchez se guarda la carta de una crisis de Gobierno a fondo por si rompe con Pablo Iglesias

Desde el 30 de noviembre, presidente y vicepresidente dejaron de reunirse cara a cara durante casi mes y medio, en plena guerra por las pensiones.

La rumorología era intensa en las horas previas al anuncio. Más de un ministro y alguna ministra oyeron su nombre sonar entre los que Pedro Sánchez había apuntado en su cuaderno de notas. Nadie podía confirmar sorpresas, pero la realidad es que muy pocos conocían el alcance de la crisis de Gobierno que había diseñado el presidente. Finalmente, se confirmó la información de este periódico, que hace dos semanas largas daba por cerrados los movimientos en el Ejecutivo a “un reajuste mínimo de sólo dos cambios”, como lo definió el propio líder socialista pasadas las 17.30 en la escalinata de Moncloa.

El presidente, finalmente, se ha guardado la carta ganadora de una crisis más profunda para más adelante. No vaya a ser que, efectivamente, el PSOE se vea obligado a romper con Unidas Podemos a cuenta de las decenas de batallas que tienen abiertas.

Durante un mes largo Sánchez e Iglesias han dejado de reunirse como hacían, mínimo una vez a la semana, y se habían alimentado los rumores, mientras avanzaban las iniciativas del Ejecutivo. Los morados advirtieron de que si Sánchez pactaba su reforma de las pensiones con el PP, ellos “darían por roto el Gobierno“. Y en Moncloa, donde parte del equipo del presidente está harta de las “deslealtades” del vicepresidente, empezaron a tomarse en serio esa hipótesis.

Minutos antes de la declaración institucional de Sánchez, los nervios corrían por algunos departamentos del Gobierno. Había pasado casi un mes desde que, el pasado 30 de diciembre, se anunció el cambio de cartel en las listas del PSC para las elecciones catalanas. 

Y tanto silencio de Moncloa había llegado a provocar nervios tanto el equipo de Manuel Castells como en el Reyes Maroto, e incluso en el de José Manuel Rodríguez Uribes. Todos sus departamentos de prensa tuvieron que atender llamadas desde el lunes por la tarde, algunas más tras acabar el Consejo de Ministros y frenéticas hasta que, a media tarde, apareció Sánchez en televisión.

Al final, Darias por Illa, e Iceta por Darias. Nada más, ésos fueron los únicos cambios en el Gobierno

La guerra de las pensiones, incluso había puesto el nombre de José Luis Escrivá en algunos titulares de prensa durante la última semana. ¿Presentó su dimisión el ministro de Seguridad Social? ¿Pidió Pablo Iglesias su destitución? Ni una cosa ni la otra, atendiendo a las fuentes de cada uno de los bandos del Gobierno. De hecho, desde Unidas Podemos acusan a Moncloa de querer intoxicar a la prensa sugiriendo que hay una mala relación entre el impulsor del Ingreso Mínimo Vital y el vicepresidente que hizo todo lo posible por acelerar su aprobación, cuando la realidad, dicen, es que “la responsable de los recortes en pensiones” que proponía el borrador que desveló EL ESPAÑOL “era Nadia Calviño”

Alto nivel incomunicado

Lo cierto es que en el lado morado del Gobierno son conscientes de que hay alguno de sus ministros cuya continuidad en el Ejecutivo será muy difícil el día en el que Sánchez quiera abordar una remodelación a fondo. Y el hecho de que se disparara la rumorología en el último mes se explica como simples “movimientos tácticos” alimentados desde la fontanería de cada uno de los bandos.

Este 2021 se inauguró tarde en el Ejecutivo. Oficialmente, no hubo Consejo de Ministros hasta el 12 de enero. Sánchez e Iglesias no se habían reunido cara a cara desde la semana del 30 de noviembre hasta un día antes, el 11 de enero. En todo ese tiempo, los dos socios no mantuvieron sus habituales citas en Moncloa: el puente de la Constitución, el viaje a París de Sánchez, el posterior positivo por Covid de Emmanuel Macron que motivó la cuarentena del presidente español y las fiestas navideñas los desconectaron. Y “algunos aprovecharon para filtrar”, apuntan las citadas fuentes.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en el Congreso.

 

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en el Congreso.

Este periódico ha podido saber que, en su primera cita del año, ni Sánchez ni Iglesias sacaron a colación el asunto de la crisis de Gobierno. Del lado socialista, porque -tal como se confirmaba este martes- Sánchez ya había decidido que los movimientos se quedaran en la carambola a tres bandas entre Illa, Iceta y Darias, como informó de inmediato este periódico. Y del lado morado, porque el vicepresidente segundo daba por hecho que una decisión electoral y estratégica en el PSOE no les podría afectar.

Cada uno manda en lo suyo

El protocolo firmado por los dirigentes de ambas formaciones al constituirse el Ejecutivo de coalición, además, es muy claro: “En caso de reestructuración del Gobierno durante la legislatura”, dice el texto, “se mantendrá el número de áreas gestionadas por el PSOE y Unidas Podemos y su peso relativo en el conjunto del Gobierno en los términos acordados al inicio de la coalición”.

Es decir, que en ningún caso Iglesias esperaba una reunificación de carteras que dejara fuera, por ejemplo, a Castells.

Y si Sánchez hubiera querido aprovechar la circunstancia para reforzar su gabinete con más movimientos, el texto negociado también es tajante: “En caso de que la reestructuración implique una alteración sustancial de lo acordado previamente, las partes volverán a abordar las cuestiones esenciales que se planteen en relación con dicha reestructuración”.

Y lo que los morados interpretan de esta redacción es que cada parte manda en lo suyo. Y eso es una línea roja que significa que aunque la ley del Gobierno dice que es del presidente la potestad de nombrar y destituir a los miembros del Consejo, el acuerdo implica, en realidad, que Sánchez no es libre para hacer caer a ninguno de los cinco ministros de Unidas Podemos sin el acuerdo de Iglesias.

El presidente, explican fuentes de Moncloa, no tiene intención de provocar más tensiones. Se toma las rencillas internas en el gabinete como normales y entiende que un Gobierno de coalición “tiene diferentes sensibilidades” que, de vez en cuando, hacen saltar chispas. Y sabe que los presupuestos le dan estabilidad teórica para seguir en Moncloa, pero que 120 escaños no le bastan “para que eso le sirva para gobernar”.

De su parte, en Unidas Podemos recuerdan que la alianza está construida “sobre lo escrito”, y son sus movimientos tácticos -exigiendo acelerar los calendarios o añadiendo peticiones fuera de programa para reforzarse en las mesas de negociación-, los que tensan las relaciones. Iglesias es consciente de que fuera del Ejecutivo, sus 35 diputados pierden gran parte de su valor. El empeño por sacarles jugo no le llevará tan lejos como para romper… eso ya lo hará Sánchez el día que le convenga. Eso también lo sabe el vicepresidente.

Fuente: Alberto D. Prieto – El Español

 

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