Varios generales del Estado Mayor renunciaron a vacunarse al mismo tiempo que el Jemad

Los altos mandos al frente del CNI militar, el CESEDEN y el área de Ciberespacio rechazaron la dosis. Tampoco se han vacunado los dos jefes de la UME, donde aún no se ha acabado con los sanitarios.

No todos los miembros de la cúpula del Estado Mayor de la Defensa (EMAD) se vacunaron, a pesar de tener las dosis a su disposición. Al menos tres altos mandos siguieron el camino opuesto al dimitido Jemad, el general Miguel Ángel Villarroya, y renunciaron a vacunarse contra la covid-19 por el momento, según informaron fuentes militares a Vozpópuli.

De entre los mandos de la cúpula del EMAD que descartaron vacunarse, se encuentran el director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), el teniente general de Infantería de Marina Francisco Bisbal Pons; el jefe del Mando Conjunto de Ciberespacio (MCC), general de división Rafael García Hernández; y el jefe del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS), general de división Antonio Romero Losada.

También existe un pequeño grupo de generales de brigada dentro del EMAD -alrededor de media docena- que no se sumaron a la vacunación. Tanto los tres altos mandos como estos últimos cumplían con el requisito de la edad que se fijó en el EMAD para el orden de vacunación y que hizo que el exJemad fuese de los primeros en recibir la dosis.

Se da la circunstancia de que las instalaciones de estos altos mandos sí que se han administrados algunas de las 300 dosis que recibió el EMAD para la polémica campaña de vacunación. Desde la oficina del general Villarroya se dio un cupo de vacunas -entre 40 y 50 por unidad- y cada uno de los jefes tuvo que confeccionar las correspondientes listas en sus respectivos ámbitos.

Sin embargo, estos tres generales no aparecen en la lista de personas que recibieron la primera dosis de la vacuna desde el lunes de la pasada semana hasta el jueves, cuando desde el Ministerio de Defensa se ordenó parar los pinchazos tras aparecer una queja en la red Ciudadanos de Uniforme.

Vozpópuli desconoce si Bisbal Pons, García Hernández o Romero Losada declinaron el ofrecimiento para dar ejemplo ante los suyos o por reticencias a vacunarse, aunque las citadas fuentes se inclinan por lo primero. Por ejemplo, Bisbal Pons proviene de la Infantería de Marina y Romero Losada de la Legión, dos unidades «duras y austeras» donde los privilegios se aparcan en el día a día.

El jefe de la UME, general Meijide, junto a la ministra Margarita Robles.

 
El jefe de la UME, general Meijide, junto a la ministra Margarita Robles. La Moncloa

Por otro lado, en la Unidad Militar de Emergencias (UME) aún no se han vacunado los dos generales al frente de este contingente, el más expuesto a la pandemia por sus trabajos en la limpieza de residencias o en situaciones climatológicas adversas como la reciente nevada de ‘Filomena‘.

El Jemad y su cúpula aceleraron el protocolo de Defensa para vacunarse antes que la UME

Tanto el teniente general Luis Manuel Martínez Meijide, como su ‘número dos’, el general de brigada José Manuel Cuesta Casquero, aún no se han puesto la primera dosis de la vacuna anti-covid, según las citadas fuentes. En la UME aún se siguen vacunando a los sanitarios y, al menos hasta la semana pasada, no se había empezado a administrar viales a los militares con más riesgo de contagiarse.

El orden de prioridades

Tanto en la estrategia de vacunación de las Fuerzas Armadas del 5 de enero, como en una orden posterior del Ministerio de Defensa del 13 de enero, se establecieron unas prioridades o escalones que autorizaban a vacunarse a los altos mandos del Estado Mayor, tal y como adelantó el sábado este diario. 

En primer lugar, debían vacunarse aquellos que vayan a ser desplegados en las diferentes misiones en el exterior. Luego, el personal sanitario. En la orden de la Subsecretaría se menciona expresamente al «Cuerpo Militar de Sanidad y personal no facultativo«, por ser los que tendrán que vacunar al resto de los componentes de las Fuerzas Armadas, y se pide que se proceda a la vacunación de «todo el personal sanitario por ser crítico«.

El tercer escalón era «el personal de unidades operativas, incluyendo su cadena de mando establecida» por tener un «mayor riesgo de contagio» de covid-19 «debido a las misiones asignadas«. Bajo este paraguas quedarían encuadrados el jefe del Estado Mayor de la Defensa y toda la cúpula del EMAD.

Desde el departamento de Margarita Robles se autorizó al EMAD, a los tres ejércitos -Tierra, Aire y Armada-, así como a la Unidad Militar de Emergencias (UME) y al Cuarto Militar de la Casa Real a dirigirse al Inspector General de la Sanidad de la Defensa (Igesan) «para la solicitud de las dosis de vacuna necesarias que, en virtud de las disponibilidades y prioridades previstas, serán distribuidas por el Centro Militar de Farmacia (Cemilfar)».

Vacunas entre los 40 y 50 años

Al EMAD le correspondieron por esos tres escalones las citadas 300 dosis, si bien solo cuenta con una veintena de sanitarios adscritos pues en sus edificios no se necesita más personal médico. Y en vez de acompasar la administración de las dosis al mismo ritmo que el resto de los ejércitos, donde se va aún por los equipos sanitarios, se decidió administrar los viales al resto de personas del tercer escalón por el criterio de mayor a menor edad.

El calendario de vacunación en el EMAD fue tan rápido que alcanzó a los ayudantes militares o edecanes del propio general Villarroya, según desvelaron las citadas fuentes. Estas personas tienen la condición de comandantes o tenientes coroneles, al igual que el enlace de la Guardia Civil de 45 años destituido por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

Es decir, no son colectivo de riesgo y están en la franja de edad de 40 a 50 años… cuando desde el Ministerio de Sanidad no se ha autorizado aún a las comunidades autónomas a vacunar a mayores de 90 años que vivan en sus domicilios.

Fuente: Antonio Rodríguez – VozPópuli