La pandemia y la generación perdida en las aulas: «Me siento medio estudiante»

Alumnos, profesores, expertos y padres coinciden en que, un año después del confinamiento, la educación en España está notando las consecuencias de un modelo híbrido presencial y online que no logra cuajar.

El 13 de marzo de 2020 la pandemia de la Covid-19 mandó parar. Unos diez millones de estudiantes españoles (aproximadamente 1,6 millones de universitarios y 8,4 millones del resto de enseñanzas regladas a partir de tres años) vieron sus aulas cerradas y cómo, de repente, el SARS-CoV 2 les había cambiado la matrícula de la modalidad presencial a la online. Algo para lo que no estaban preparados, en general, ni los alumnos ni el sistema educativo español ni las familias. A decir de todos los expertos educativos y corroborado por estudiantes, padres y madres de alumnos y profesores, «el curso 2019-2020 se acabó como se pudo, pero se puede decir que fue, prácticamente, un curso perdido y éste lleva camino de ello».

Según un estudio realizado por Ismael Sanz, Miguel Cuerdo y Luis Miguel Doncel para Papeles de la Economía Española, editado por Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorro), «la educación online no ha evitado que los alumnos hayan perdido hasta la mitad de lo que se aprende en un año escolar por el cierre de los centros educativos por la Covid-19». Ya en agosto de 2020, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, hizo una llamada a todos los países a priorizar la reapertura de las escuelas en cuanto tuvieran controlada la transmisión local del coronavirus, pues de lo contrario el cierre prolongado de los centros educativos podría generar una «catástrofe generacional».

Y los colegios se abrieron en la mayoría de países, pero desde septiembre pocos han sido los centros en España, que adoptó un modelo híbrido entre lo presencial y lo online, que no han tenido algún aula confinada y con los alumnos estudiando a caballo entre la escuela y su casa, cuando no en cualquier lugar. «Está todo tan mal organizado que hay veces que te tienes que conectar en el metro y seguir la clase desde allí por internet porque tienes una clase presencial y seguida otra online. Es una locura», nos dice Aitor, estudiante de segundo curso de Comunicación Audiovisual en la Universidad Complutense de Madrid.

«¿Una generación perdida en temas de educación? No lo sé», reflexiona este estudiante de 20 años, «pero siento que me estoy perdiendo algo, tanto desde el punto de vista de la formación académica como de la humana porque el campus en sí está cerrado y claro, las relaciones entre estudiantes que son algo vital en la vida universitaria, son inexistentes, y la relación profesor-alumno también es muy complicada. Estoy cursando una carrera, o grado, como se denomina ahora, pero me da la impresión de que es sólo medio grado».

Los 76.802 estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional, Educación de Adultos y de Régimen Especia de Extremadura no volverán a las aulas hasta el lunes 25 de enero por la alta tasa de contagios de la comunidad, la más alta de España. Debido a la nevada que asoló la zona centro de la península, las clases, en todos los niveles, de la Comunidad de Madrid retrasaron la vuelta de vacaciones del 11 al 21 de enero.

Un total de 1.304 escuelas e institutos catalanes tenían este viernes algún grupo escolar confinado por contagios de Covid-19, lo que significa una afectación en el 25,55% de los 5.104 colegios e institutos. Los grupos escolares en cuarentena son 2.689 (3,73% de total) y los alumnos confinados también siguen aumentando y este viernes alcanzaron la cifra de 61.547 (4,27% del total). En Navarra hay 1.223 los alumnos de infantil y primaria aislados en sus domicilios, lo que representa el 1,97% del total, de 68 grupos de convivencia en 50 centros educativos. Y la lista es parecida en Valencia, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Andalucía, Murcia, Galicia…

«Mi hijo ha estado ya tres veces confinado en periodos de 10 días en casa porque algún compañero suyo ha dado positivo en Covid. Así es imposible que un crío de 8 años pueda seguir el curso en condiciones. El confinamiento del curso pasado, este año tan extraño… Siento que mi hijo, que está en tercero de primaria y todavía no tiene mucha capacidad para seguir clases online, aunque pienso que sus profesores tampoco para impartirlas, ha perdido dos años en su educación y formación. Además, mandarte una pila de deberes por correo electrónico no es una clase online», considera Amaia desde Pamplona (Navarra).

La ONG Educo, con motivo del día Internacional de la Educación, que se celebra este domingo 24 de enero, explica que en España «nos enfrentamos prácticamente a los mismos retos que el resto de los países y se necesitan abordar con urgencia problemas previos a la pandemia que, muy probablemente, la Covid-19 ha profundizado. El fracaso escolar y abandono temprano se situaba antes de la crisis sanitaria por encima del 17%, uno de los porcentajes más altos de Europa. También sabemos que durante el confinamiento estricto entre un 20% y un 30% del alumnado estuvo completamente desconectado y el retorno a las aulas este curso ha sido, y sigue siendo, complejo», señala la directora general de la entidad, Pilar Orenes.

En su opinión, «las consecuencias económicas y sociales de la pandemia están dificultando que millones de niños y niñas en todo el mundo puedan ejercer su derecho a la educación. Hay que dejar muy claro que la educación no es un servicio, sino un derecho, y como tal debe garantizarse. Por eso, los Gobiernos deben tomar todas las medidas necesarias para que así sea».

María del Carmen Morillas, portavoz de Ceapa (Confederación Española de Padres y Madres de Alumnos) califica este curso 2020-2021 de «inusual y con un sistema educativo descolocado». Para Ceapa, «la presencialidad es la única modalidad capaz de garantizar la igualdad y el acceso a la educación del alumnado. En los periodos de confinamiento que hemos sufrido, medio curso el año pasado y ahora unas semanas sí, otras no, luego ha venido Filomena… Y todo esto pasa factura a los alumnos, no sólo a nivel educativo y de conocimientos, sino también emocionalmente. El sistema educativo hace un año no estaba formado para atender telemáticamente al alumnado y ahora no partimos de cero, pero hay mucho por mejorar. Además se ha hecho evidente la brecha digital de las familias más vulnerables. Hay que invertir más en educación porque es el eje vertebrador de una sociedad y modernizarla, pero la educación telemática nunca sustituirá a la presencial. En el curso pasado hubo un parón en el conocimiento de los alumnos porque no se cumplieron los objetivos en el tercer trimestre. Esto se trató de paliar en el inicio de este curso con la contratación de personal docente de de refuerzo, pero, por ejemplo, la Comunidad de Madrid es la única que para este segundo trimestre no ha renovado estos contratos de profesores de refuerzo».

Raimundo de los Reyes es presidente de Fedadi (Federación de la Asociación de Directores de Centros Públicos de Enseñanza). «Todos temíamos la vuelta al cole en septiembre», cuenta, «pero ha ido relativamente bien, aunque en este inicio de segundo trimestre ya no es lo mismo. Ahora hay muchos profesores positivos o en cuarentena; muchos alumnos, igual… La situación es peor en la sociedad en general y eso se refleja en la escuela y en su actividad y objetivo, que no son otros educar», sentencia. «Todo lo que no sea la normalidad y la presencialidad, con el efecto que siempre tiene de compensación para el alumnado, sobre todo para el vulnerable, redunda en la calidad de la enseñanza».

Y es que la migración, obligada, de lo presencial a lo online «está siendo muy complicada, principalmente por causa de capacitación digital, pero también de recursos. Se ha hecho el esfuerzo, por parte del profesorado, también de las administraciones y también de los alumnos y las familias, pero no es suficiente porque partíamos de cero. Y todo ello, claro está, se nota, y es evidente que los alumnos que están ahora en edad escolar están recibiendo una educación de menor calidad».

«Por mucho que el centro y los profesores se esfuercen no es lo mismo dar y recibir una lección a través de una pantalla que en una clase. No hay la misma interacción que en aula y dependes de otros muchos factores como de que vaya bien internet…», asegura Nerea (17 años) alumna de segundo de Bachillerato en un centro concertado de Madrid del barrio de La Guindalera, junto a la plaza de toros de Las Ventas. En su curso, con la espada de Damocles de la EBAU en junio, asisten a clase en días alternos: lunes, miércoles y viernes una semana y martes y jueves la siguiente. En su clase, 16 alumnos, ya ha habido algún caso positivo y a ella misma le ha tocado algún periodo de cuarentena. «Es mucho más complicado seguir las clases online porque es muy difícil estar atenta, sin distraerte, una hora ante una pantalla, en casa… Además hay profesores para los que toda su clase online es mandarte una pila de deberes y ya está, aunque también es cierto que no sé hasta qué punto se puede denominar online una clase en la que te cuelgan un powerpoint y te sueltan su rollo y ya está».

«Yo siento», reconoce, «que estoy aprendiendo menos y a la vez bajando mis calificaciones». Hasta ahora tenía una media superior al 9, «y espero que esto no me condicione para el futuro porque ahí está la EBAU y el acceso a la Universidad. ¿Podremos dar todo el temario? Lo dudo». Eso sí, esta alumna reconoce que al estar en un colegio privado concertado, «el centro ha hecho un esfuerzo. En el confinamiento del año pasado nadie estaba preparado y fue un desastre, pero ahora, más o menos damos todas las clases, etc. Aun así, siento que casi me he ‘perdido’ los dos años de bachillerato».

Bea (17 años) también cursa segundo de bachillerato en un instituto público de Madrid, justo al lado mismo de la Plaza de Colón. «Mi instituto tiene fama de que es muy bueno, pero me está decepcionando bastante. El director nos mandó un mensaje en mayo pasado diciéndonos que nos acababan de confinar cuando llevábamos así desde marzo. Lo de la semipresencialidad es complicado de seguir porque estamos divididos en dos grupos, la clase, y acudimos al centro alternativamente, un día cada uno, y el otro grupo sigue la clase online y claramente quienes siguen ese día la clase online están en desventaja porque el profesor no puede atender a los de clase y a quienes están al otro lado de la cámara que le enfoca. Además, todo depende de la voluntariedad y la aptitud digital de cada profesor y hay algunos que sí se han ‘puesto las pilas’, pero otros todavía no saben compartir pantalla o que la cámara les enfoque… Es todo, en general, bastante caótico. Y luego no están siendo claros con el tema del Covid, no te dicen si hay positivos en el instituto, no hay registro de ellos… Es un despropósito».

Carlos González Ruiz es profesor en la Universidad de La Laguna (Tenerife) y en la UNIR y es miembro, además, del Grupo de Investigación e Innovación EDULLAB (Laboratorio de Educación y Nuevas Tecnologías de la Universidad de La Laguna). «Aquí, como todas las que se encuentran en el ámbito de la CRUE (Conferencia de Rectores de Universidades Españolas), se ha optado por un modelo llamado presencialidad adaptada. En clases con 100 alumnos se dividen los grupos en tres grupos y alternativamente estos grupos siguen las clases presencialmente u online. Cuando unos están en el aula, otros están siguiendo la clase en casa vía streaming. Si tienen que intervenir hay que estar continuamente parando la clase por lo que optas por soltar un rollo de 50 minutos, seguido, y ya está, por lo que en el fondo, con esta modalidad, nos hacen optar un determinado modelo pedagógico. Pero claro, las Universidades públicas y presenciales, ¿cuál es su punto fuerte? La presencialidad. Y están compitiendo con universidades online cono la UNIR o la UOC y una universidad presencial no puede competir nunca con una universidad que tiene ya todo montado online desde hace diez años. No están preparadas ni las infraestructuras, ni el profesorado…»

Así, teniendo en cuenta además las aptitudes digitales de buena parte del profesorado, o la falta de las mismas, «se está realizando una pedagogía de emergencia y no un e-learning de calidad», por lo que «sí que está repercutiendo mucho en la calidad de la educación y de la formación de los alumnos». En general, «sí que los alumnos tienen que estar desconcertados y perdidos, sobre todo los de los primeros cursos universitarios, por este sistema de ir a clase una semana, otras dos, no…».

González Ruiz, aparte del ámbito universitario, como miembro activo de grupos de investigación educativa, también es conocedor de la situación en las educaciones secundaria, primaria e infantil. «En general, en estas etapas, todo ha dependido de la voluntariedad de cada profesor porque los centros ni estaban preparados ni tenían recursos. Además, se ha visto clarísima la brecha digital en la población. Aquí en Canarias hay mucha pobreza y, por ejemplo, mi vecina me pedía la clave del wifi porque ella no tenía internet y sus hijos tenían que conectarse para hacer deberes o asistir a clases».

En resumen, considera que «todo esto lo vamos a sufrir, tanto el profesorado como el alumnado de primaria y los primeros cursos de secundaria, porque hay un retraso y lo vamos a ver durante dos o tres años. La gente ha ‘pasado’ un poquito y ha dependido todo, en buena medida, del profesorado, de su voluntad. Unos se han esforzado y otros, no. Una clase online no puede ser un correo electrónico en el que te mandan un montón de deberes y ‘búscate tú la vida’. Quizás se esté centrando mucho todo en los contenidos académicos, que está claro que hay que impartirlos, y menos en el aspecto emocional y hay que tener muy en cuenta que los jóvenes y los niños también están sufriendo mucho». Carlos dice además que «la educación online, desafortunadamente, sólo es apta para personas a partir de 23-24 años, con ganas de aprender. Si no, es mejor la presencial, que es la que más llega al alumnado».

Mientras, Aitor, nuestro estudiante de la Universidad Complutense, incide en que «todo depende de cada profesor. Unos se han esforzado y otros no. Hay una profesora que no ha dado ni una sola clase ni se ha conectado un solo día. Sus clases se limitaban a pasarnos cada día el temario y ya está. En general ha sido un poco caótico. Yo he tenido, y tengo, asignaturas que eran un día online y otro presencial, otras con un grupo en la clase y otro en casa vía telemática, otra todo online… Y otra que nada, el temario por correo y allá te apañes, ni una clase en todo el curso. Así es imposible coger el ritmo, meterte en las asignaturas… Y ahora tenemos el lío de los exámenes, que son presenciales, pero con lo de la borrasca Filomena está cerrada la Universidad y nos avisan un día antes que el examen del día 22, que la mayoría ya lo teníamos preparado, lo pasan al día 8 de febrero… En fin… un lío«. La Universidad española en tiempos de pandemia. «Es un tiempo echado a perder por la Covid 19», resume Aitor.

Fuente: Iñaki Etxarri – La Información