La UME y los ‘mileuristas’ del Ejército: lo dan todo… pero no les llega para pagar la hipoteca

“Como es mi deber, y estoy orgulloso de hacerlo, he dado mi bocadillo y mi botella de agua a personas atrapadas en la nieve, pero con lo que me paga el Gobierno no tengo para la hipoteca”

La pandemia de la Covid-19 y la histórica nevada que ha traído a España la borrasca ‘Filomena’ ha vuelto a dar visibilidad al Ejército y ha mejorado el reconocimiento social a su labor de ayuda y defensa de los ciudadanos. Pero desde las asociaciones profesionales que defienden los intereses de los militares como colectivo profesional vuelven a recordar que, aunque su trabajo es siempre darlo todo por ayudar a la gente, siguen moviéndose en niveles salariales muy bajos en relación con su preparación, prácticamente de mileuristas, ya sean de la UME o de cualquier otro cuerpo de base. «Los militares se encuentran nuevamente en las calles y en las carreteras, tras el paso de la tormenta Filomena, intentando aliviar los efectos producidos por ésta, y cumpliendo con su responsabilidad de servicio a la ciudadanía. Se les ha vuelto a dar visibilidad en momentos de crisis y, lamentablemente, se les volverá a olvidar una vez pase ésta”, dicen desde la ATME (Asociación de Tropa y Marinería Españolas).

Los profesionales del Ejército admiten que conmueve ver cómo les agradece la población lo que hacen, a pesar de las jornadas interminables, de más de doce horas, comiendo apenas un bocadillo de jamón y en ocasiones ni eso «porque a veces dábamos nuestra comida a las personas a las que auxiliábamos». Pero no obsta para que se sientan in colectivo mal pagado, con menos derechos que el personal con el que suelen trabajar codo con codo en todas las catástrofes a las que van, como bomberos, personal de emergencias, guardias municipales o, incluso, «nuestros compañeros de la Policía Nacional o la Guardía Civil». «Ésto no puede seguir así”, se lamenta para La Información un soldado de la Unidad Militar de Emergencias (UME), ya en su base de Torrejón de Ardoz, después de varias jornadas extenuantes ayudando a la población y ‘combatiendo’ contra los estragos de ‘Filomena’.

En la ‘Operación Balmis’, cuando en marzo y abril la pandemia azotaba con más dureza a España, cerca de 190.000 efectivos del ejército participaron en un operativo en el que realizaron más de 20.000 intervenciones en 2.000 municipios de todo el territorio nacional. Con el embate de Filomena, los militares continúan en las calles, 1.500 los soldados (unos 1.000 de la UME y otros 500 de otras unidades del Ejército de Tierra) desplegados, además de 500 vehículos. “Y la mayoría no llegan casi ni a mileuristas”, cuenta Marco Antonio Gómez Martín, presidente de la ATME. “Un soldado del Ejército de Tierra cobra entre 1.037 y 1.070 euros y algunos ni llegan, y uno de la UME, con todos los complementos, antigüedad, etc, apenas alcanza, con problemas, los 1.200-1.300 euros”. 

La Asociación de Tropa y Marinería Española deja claro su compromiso con los ciudadanos y con España, pero también deja claro su compromiso irrenunciable con las reivindicaciones de los militares de tropa y marinería. «Reivindicamos que las Fuerzas Armadas no somos un gasto superfluo para el ciudadano; pero tampoco debemos ser una fuente de mano de obra barata de la que el gobierno de turno echa mano cuando hay catástrofes y problemas y luego, si te he visto no me acuerdo”, explican.

Desde las organizaciones que representan a los militares tienen muy claro que su trabajo es servir a la ciudadanía, pero no quieren dejar de destacar que la mitad del Ejército son soldados de tropa y marinería y no llegan a ser ni mileuristas. «En el Ejército no se cobran horas extras, no hay extensión de jornadas… Bueno, sí la hay, pero sin cobrar. Cuando nos movilizan, por ejemplo en la UME, cada unidad está 6 días, 24 horas al día, a disposición todo ese tiempo, lejos de la familia…”, reflexiona Iñaki Unibaso, secretario general de la AUME (Asociación Unificada de Militares Españoles).

Desde las asociaciones militares, ATME, AUME, UMT, se quiere significar además que, “no solo la UME, de la que estamos muy orgullosos, está estos días en las calles, sino que hay otras muchas unidades del Ejército que también están trabajando a brazo partido para ayudar a solucionar la catástrofe”. Igualmente, resaltan que, por suerte, en los últimos tres años, la Policía o la Guardía Civil han tenido un fuerte aumento de sus retribuciones y «lo tienen bien merecido», resaltan, pero para rematar después que «un guardia civil recién entrado en el cuerpo cobra lo mismo que un suboficial del ejército con 30 años de experiencia. Y nosotros estamos tanto para un roto como para un descosido. Incendios, inundaciones, nevadas, Covid, vacunas…”, insiste Unibaso (AUME) y ratifican Gómez Martín (ATME) y Óscar García, delegado de relaciones institucionales de la UMT (Unión de Militares de Tropa). “Se agradece que el presidente del Gobierno y la ministra de Defensa vayan a la UME a felicitarnos por nuestra actuación en la borrasca, como hicieron el otro día, pero no se vive de felicitaciones. Hay colegios que pagar, hipotecas, letras del coche, agua, luz, gas… Y con apenas 1.000 euros no se llega a todo”, sentencia el representante de la UMT.

El inevitable agravio comparativo

Un soldado de la UME, ya descansando, tras jornadas interminables y extenuantes bajo la nieve, explica cómo son sus jornadas de esos días. «Veíamos con envidia como personas como bomberos o sanitarios, y no es una crítica hacia ellos, que estaban con nosotros, cumplían sus ocho horas de trabajo y se iban a sus casas porque venía su relevo. Nosotros seguíamos allí, helados de frío, pala en ristre, extenuados, mal comidos…” Cuando un soldado de la UME es activado, solo cobra un máximo de tres días y medio, 80 euros, aunque la emergencia dure quince días y tenga que trabajar todos esos días. “Como han llegado a Madrid soldados de otras partes de España cobran también dietas, pero se les descuenta la comida. Mientras, que un bombero, por ejemplo, cobra 20 euros la hora y si se tiene que quedar a dormir fuera duerme en un hotel, nosotros si estamos fuera de la unidad y la misma está lejos, montamos una tienda, un saco de dormir y ya está, ahí nos echamos», explica.

Desde ATME, en este sentido, se quiere denunciar que muchos soldados, tanto de la UME como de otras unidades, “siguen sin cobrar la ‘bufanda’ aprobada por el Ministerio por nuestra participación en la ‘Operación Balmis’ por la pandemia”. Con esto, “queremos dejar claro que hay soldados que han estado horas y horas prestando servicio por la pandemia y que está muy bien, que nosotros estamos para lo que estamos, pero por muchas buenas palabras que nos dice la ministra, el Gobierno, el ministerio… No ‘ponen la comida encima de la mesa’ de los militares de tropa y marinería”.

Otro de los soldados que ha estado estos días al pie de nevada en las calles y en las carreteras reflexionaba en un rato de descanso en la base de su unidad: “La gente atrapada en los coches en medio de la inmensa nevada lloraba, nos abrazaba, se emocionaba cuando nos veía llegar a sacarles de allí. En este sentido, la actuación ha sido muy gratificante y estamos orgullosos”, explica. «Pero, ya en frío, piensas: he hecho todo lo que he podido, he dado todo lo que tengo, he puesto en práctica toda mi preparación, que ha sido muy buena, pero ahora tengo 44 años y cinco meses, y en apenas medio año me voy a ir a la calle, con 45 años… y ya no valgo para nada«, remata.

Por ésta, entre otras razones, la UMT ha convocado para el próximo mes de marzo una manifestación en Madrid para protestar contra la decisión de postergar las subidas de sueldo en el Ejército en 2021 debido a la crisis económica generada por la pandemia o por “la ‘patada en el culo’ que nos dan a los militares de tropa y marinería a los 45 años”. Porque, repiten desde la ATME, “el militar está harto del doble rasero que padece. Está harto del olvido que sufre cuando se acercan los Presupuestos Generales del Estado o cuando reclama unas mejoras en su carrera militar y el fin de la temporalidad».  Así lo refleja uno de ellos: “Nos meten en una urna de cristal y ahí nos tienen, encerrados y olvidados, con una inscripción que pone: ‘rómpase y solo usar en caso de catastrofe’”.

Fuente: Iñaki Etxarri – La Información