El fiasco del poder financiero andaluz

Lo que queda en la memoria son cuarenta años de utilización política de las cajas de ahorro para satisfacer sus propios intereses y de una gestión chapucera.

De tanto manosearlas, las cajas de ahorro andaluzas han desaparecido como si les hubieran borrado los contornos después de años y años sobando eso que tan pomposamente se denominaba, en leyes, decretos y discursos de la Junta de Andalucía, el “sistema financiero andaluz”. En contra de todo pronóstico político, la consecuencia de la autonomía andaluza y del autogobierno ha sido el debilitamiento de aquello que ya existía, en vez de haberlo fortalecido y potenciado.

El poder político autonómico ha liquidado el poder financiero andaluz, que se ha quedado ya sin ninguna referencia netamente andaluza, una vez que Unicaja, que era la última que resistía, se haya fusionado con Liberbank, de raíces asturianas. Las dudas razonables que existen sobre el futuro de la entidad, por la consecuencia obvia de que las decisiones estratégicas se alejen progresivamente de las exclusivas prioridades e intereses andaluces, constituyen la prueba más evidente del fiasco general de la autonomía en esta parcela y de todas las expectativas que han fracasado para crear una gran entidad financiera de Andalucía.

Lo que queda en la memoria son cuarenta años de utilización política de las cajas de ahorro, para satisfacer sus propios intereses, y de una gestión chapucera que, en varios casos, ha supuesto la quiebra literal de las entidades, arrasadas por la crisis financiera de 2007.

Las fusiones se aceleraron con la crisis porque la tiesura de muchas de ellas hizo realidad esa imagen

Se dirá, con toda la razón, que las fusiones de las entidades financieras constituyen un fenómeno nacional e internacional y que, en todo caso, el batacazo de las cajas de ahorro con la crisis financiera no afectó solo a las cajas andaluzas. Es cierto, claro. Pero ninguna de esas dos evidencias mitiga lo anterior, el manoseo político de las cajas de ahorro y el fracaso de la autonomía andaluza en la configuración de un sistema financiero andaluz potente. Las fusiones, que siempre han existido, se aceleraron con la crisis financiera porque la tiesura de muchas de ellas hizo realidad palpable esa imagen, siempre utilizada, del pez grande que se come al pequeño.

De modo que, como es lógico, la debilidad que arrastraban las cajas andaluzas por la gestión especulativa de muchas de ellas las convirtió en presa fácil para otras entidades financieras foráneas. Y tampoco se han gestionado mal solo las cajas andaluzas, es verdad; ahí está el batacazo de Bankia y de otras muchas, pero eso no hace sino amplificar el manoseo político del que se hablaba antes, así que cada cual que mire en su entorno y haga el balance adecuado de sus dirigentes políticos en todos estos años. De hecho, como ha solicitado alguna asociación de usuarios, convendría hacer una ‘causa general’ para conocer el cómo, el porqué y cuánto ha costado el desfalco de las cajas de ahorro en España.

Lo ocurrido en Andalucía está muy claro: el partido que ha gobernado durante estos cuarenta años, que ha sido el PSOE, siempre ha estado más interesado en el control político de las cajas de ahorro que en su fortalecimiento. El ‘asalto’ a las cajas de ahorro fue, además, inmediato y abrumador. Como el poder municipal y provincial que aglutinó desde los años 80 era absoluto, los consejos de administración de las cajas de ahorro andaluzas se llenaron de alcaldes y concejales socialistas.

Hasta que la crisis financiera lo arrasó todo, el objetivo del poder socialista fue el de aglutinar todas las cajas

La designación de altos cargos del PSOE para la presidencia de las cajas comenzó a formar parte de la rutina política, como si fuera un puesto más de la inmensa red de cargos públicos que dependían de la Junta de Andalucía. Algunos de esos dirigentes, como Braulio Medel, que pasó del Gobierno andaluz a la presidencia de la Caja de Ronda (actual Unicaja) se mantienen aún en activo, en un verdadero prodigio de resistencia ante vendavales políticos que sí arrasaban a otros, como las peleas internas en el propio PSOE o los cambios electorales. La cuestión, en fin, es que el dinero de los impositores pasó a ser, como por arte de birlibirloque, dinero de la Junta de Andalucía, es decir, del Partido Socialista; y el objeto social genuino de estas entidades sin ánimo de lucro se fue desvirtuando y prostituyendo.

Hasta que la crisis financiera lo arrasó todo, el objetivo del poder socialista fue el de aglutinar todas las cajas en una sola para hacer más efectivo el control, situando al frente a uno de los suyos. Alguien, por ejemplo, como Magdalena Álvarez, que durante mucho tiempo estuvo acariciando esa posibilidad. Pero nada. Es desolador mirar atrás ahora y recordar los años y años gastados en polémicas estériles, rivalidades provinciales, traiciones políticas y venganzas personales.

Las primeras noticias escandalosas que se tienen de las cajas de ahorro andaluzas aparecen a los pocos años de la autonomía, aún en los años 80, y estaban relacionadas con uno de los primeros objetivos políticos del PSOE andaluz para perpetuarse en el poder: la creación de una cadena de prensa propia. Lo que hizo fue adquirir, con préstamos de las cajas de ahorro, la mayor parte de las cabeceras de los periódicos de la prensa del Movimiento.

Aquella fue, sin dudarlo, una de las operaciones más oscuras de la autonomía andaluza

Es decir, suplantó el esquema de poder del franquismo, sencillamente. Durante años y años, todo el mundo sabía que Prensa Sur, que así se llamaba la empresa, era propiedad del Partido Socialista, pero oficialmente se desmentía con absoluto desparpajo. El ‘hombre de paja’ que se puso al frente, Emilio Martín, amigo de Gaspar Zarrías, era el único que figuraba y lo hizo hasta el final, cuando estalló todo. En los 90, cuando dejó de interesarle la operación, acaso porque el control de muchos medios de comunicación ya lo ejercía a través de la publicidad institucional de la Junta de Andalucía, el PSOE decidió deshacerse de esos periódicos y hacer caja. Otra vez solicitó préstamos de las Cajas de Ahorro y acabó colocándole la sociedad a PRISA, del magnate Jesús de Polanco, que después sería, obviamente, recompensado sobradamente por su implicación.

Aquella fue, sin dudarlo, una de las operaciones más oscuras de la autonomía andaluza. Todavía hoy podríamos seguir preguntando a dónde fueron a parar, en realidad, los dos mil millones de pesetas de aquella operación… Como podríamos especular igualmente con la cantidad de créditos de las cajas de ahorro concedidos y condonados durante décadas al PSOE, fundamentalmente, pero también a los partidos que se coaligaban con él, como el Partido Andalucista o Izquierda Unida, para financiar gastos ordinarios o campañas electorales. ¿Y créditos personales? También. ¿Y operaciones especulativas? Por supuesto. ¿Y crédito para empresarios de la cuerda? Absolutamente… Se encadenan los despropósitos y se llega a la conclusión de antes, el fiasco de lo que tan pomposamente llamaban el poder financiero andaluz.

Fuente: Javier Caraballo – El Confidencial

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