El precio de la luz explicado al detalle y por qué siempre desata guerras políticas

En España pagamos más que en el resto de la UE porque más de la mitad del precio se debe a cuestiones que no tienen que ver con el consumo. Son impuestos o cargas del Estado que encarecen la factura.

Tanto si la luz sube como si baja cuesta mucho entender cómo se forma el precio. Siempre se oyen las mismas cosas: que si el frío, que si no sopla el viento, que si no llueve, que si el oligopolio de las eléctricas, que si es culpa del Gobierno…

Cuando estos precios golpean el bolsillo ciudadano, se convierten en motivo de interés para los medios. En 2014 apareció un reportaje de ‘Salvados’ de Jordi Évole que causó conmoción en las eléctricas. El presentador acosó a preguntas a Eduardo Montes, portavoz de la patronal eléctrica Unesa, y le preguntaba por qué el recibo de la luz seguía subiendo. Montes respondió algo que descolocó a muchos: “Por meter cosas de política”. ¿Cosas de política? ¿A qué se refería Montes?

Se refería a que en España pagamos la luz más cara que en el resto de la UE porque más de la mitad del precio se debe a cuestiones que no tienen que ver con el consumo de electricidad. Son impuestos o cargas del Estado que encarecen la factura pero que cuestan mucho de explicar debido a su complejidad.

Parte de ello es debido a la jerga que maneja el sector eléctrico, jerga que solo entienden los expertos: peajes de acceso potencia, peaje acceso energía, déficit de tarifa, costes regulados, incentivos a las energías renovables…

He aquí una guía para entender los términos más importantes:

Coste de la energía. Es el precio del producto que consumimos: la luz. Se mide en megawatios/hora a gran escala, o en kilowatios/hora, en los domicilios. Y ese precio, en una economía de mercado, varía según la demanda y la capacidad de las empresas eléctricas de producir energía. Cuando no llueve, las centrales hidroeléctricas producen menos electricidad. Si no sopla el viento, los aerogeneradores se detienen. Si el cielo está nublado, las placas solares son inútiles. Si en esa ocasión en que todo se paraliza, la OPEP sube el precio del petróleo y disparan el gasoil y el gas, entonces sube el precio de nuestra energía. Si, para colmo de males, llega un invierno helado, los hogares consumen más calefacción eléctrica, entonces sube aún más el precio. Por eso este enero de 2021 el precio de la luz se disparó: no soplaba mucho viento, no había sol, subió el precio del gas, y hubo que echar mano de las centrales de carbón, que son muy caras. Ha habido otros inviernos en los que ha bajado y nadie dice nada.

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Los dichosos peajes. Con los “peajes” se pagan cosas tan comprensibles como las torres eléctricas y los cables que vemos cuando viajamos en coche (hay 44.000 kilómetros de cable), así como las subestaciones y los transformadores eléctricos. Pero hay más cosas metidas bajo ese nombre.

Por ejemplo, para hacer llegar electricidad a Mallorca, en 2012 se tendió desde la Península un cable submarino de 237 kilómetros de largo que costó 420 millones de euros, según Red Eléctrica de España. En teoría, los mallorquines deberían pagar más por ‘sus’ kilowatios, pero gracias a la política de Estado según la cual “la energía debe ser igual para todos”, los mallorquines pagan lo mismo que un consumidor de Cádiz, Barcelona o Soria. ¿Y quién asume los costes de llevar la luz mediante cables e infraestructuras costosas a nuestras islas? Todos los españoles. Pero en lugar de llamarlo “hermoso cable submarino que ha costado un riñón” allí aparece la palabra mágica “peajes” en la factura de la luz.

Lo mismo pasa con Canarias. Puesto que cuesta mucho tirar un cable desde la Península hasta allí, las eléctricas instalaron plantas in situ, que son más caras que las de la Península. Las pagan todos los españoles. Pero en lugar de poner en la factura “planta de fueloil para que tengas luz cuando te vayas de vacaciones con tu familia a Canarias”, aparece la palabra “peajes”. En Canarias se paga por la luz lo mismo que en Fresno de Torote (Madrid).

Hay más cosas metidas en la palabra, “peajes”. Los españoles subvencionan a las energías renovables procedentes de aerogeneradores o de las huertas solares. ¿Por qué? Pues porque cuando España quiso apostar por estas tecnologías limpias y estar a la vanguardia de su desarrollo, los molinos y paneles aún resultaban muy caros. Para animar a que se instalaran, el Estado decidió subvencionarlas para que resultasen rentables. Esas subvenciones también las pagamos entre todos a través de la factura de la luz.

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Déficit de tarifa. En 1996, el Gobierno decidió que la luz no podía subir más que la inflación. Pero el coste de producir electricidad subió más que la inflación cuando el barril petróleo se incrementó en fechas posteriores. Como no se podía subir la energía eléctrica, se decidió es que esa deuda que crecía de año en año, se trocearía y se comenzaría a pagar a plazos a través de la factura de la luz. Aún estamos en ello. Hoy ese déficit acumulado se calcula que es de unos 300 millones de euros. En algunos momentos, como en 2013, llegó a 29.000 millones… que pagaron los consumidores.

El impuesto a la electricidad. Antiguamente, se empleaba este impuesto para una causa muy noble: para subvencionar a la minería del carbón. Defender a los mineros se consideraba una cuestión nacional. Pero cuando la UE obligó a no subvencionar al carbón por ser una energía contaminante, los políticos en lugar de suprimir el impuesto, lo mantuvieron solo con el fin de recaudar.

El IVA. Aparte de los peajes, la factura de la luz se incrementa porque se le aplica el IVA del 21% a pesar de ser un bien de primera necesidad. En algunos países europeos el IVA es más bajo que en España, y el Gobierno podría bajarlo, pero eso supondría prescindir de miles de millones de euros de ingresos, lo cual sería un golpe a los presupuestos que se acaban de aprobar.

De modo que entre “peajes” e “impuestos”, y “cosas de la política”, el 40% del recibo de la luz se esfuma en cosas que no tienen que ver exactamente con lo que consumen los españoles.

“Ni antes, en 2013 y 2017 con el PP, ni ahora, en 2021 con el PSOE-UP, el Gobierno es culpable de lo sucedido”

Comercialización. Para fomentar la competencia, el Estado decidió que otros agentes pudieran vender también electricidad. La factura que llega a los hogares lleva el nombre de la comercializadora que se haya elegido. Y esta empresa factura el coste de la energía, más su margen. Hoy existen en España más de 200 de empresas que venden electricidad, lo cual permite a los consumidor elegir la que crea que le da mejor calidad/precio.

La subida de enero de 2021. Lo que ha pasado este año ha sido una coincidencia de causas, como si se tratara de varias tormentas que se juntas a la vez. En un hilo de Twitter que se convirtió en viral, el director de ‘El Periódico de la Energía’, Ramón Roca, explicó que “Asia vive una ola de frío tremenda. China, Japón, Corea, toda Asia está demandando tanto gas que ha trastocado todo el mercado internacional de GNL [gas natural licuado]. Medio planeta está desviando buques de GNL a la región asiática donde el gas se ha disparado hasta los 60 €/MWh, cuatro veces el precio en el rango alto al que están acostumbrados”. También Argelia tuvo problemas para exportar gas a España (es nuestro principal proveedor), lo cual encareció el precio.

Megawatio. Aunque parezca difícil de creer, el año pasado fue el periodo en el que la electricidad ha estado más barata en España en la última década. Se pagó 38,71 euros por megawatio/hora. Desde 2010, la media ha estado por encima de los 50 euros/hora, y el año más caro fue 2018 con 64,37 euros por megawatio de media. La razón de que 2020 registrase un precio tan bajo es el impacto que ha tenido el covid y el confinamiento en el consumo mundial: se ha consumido menos energía, y además bajó mucho el precio del gas. Encima, la energía eólica y la solar (más baratas) se usaron con más intensidad. Pero nadie telefoneó a las eléctricas o al gobierno para darles felicitaciones. En cambio, debido a las condiciones especiales de este enero de 2021, el megawatio sobrepasó en algunos momentos los 100 euros/hora. Sin embargo, el impacto final de todo esto, diluido en el mes, parece que será muy pequeño. A pesar de eso, la subida temporal ha causado una entretenida tormenta en la política.

Política. Cuando sube el recibo de la luz, los partidos de la oposición culpan al Gobierno. Es una ley de oro. El PSOE y Unidas Podemos acusaron al Gobierno del PP en 2017 cuando subió el recibo de la luz. En enero de este año, el PP acusó al Ejecutivo por lo mismo. Suelen usar la frase “golpe a las familias”. Jordi Sevilla, expresidente de Red Eléctrica Española, la empresa pública que gestiona las infraestructuras eléctricas (transporte), afirmó en Twitter: “Cada vez que, como ahora, se dispara el precio de la electricidad en el ‘mercado’ eléctrico (representa el 35% de precio final), quien está en la oposición critica al Gobierno; éste explica que son factores puntuales; se encarga informe a CNMC; y… hasta la próxima subida“. El director de ‘El Periódico de la Energía’, explicó en un detallado hilo en Twitter cómo se forman los precios de la energía: “Ni antes, en 2013 y 2017 con el PP, ni ahora, en 2021 con el PSOE-UP, el Gobierno es culpable de lo sucedido. Voy a repetirlo, no es culpable. ¿Acaso el Gobierno ha traído el frío y la nieve a toda España? No hay culpables, son circunstancias del mercado. Se ha formado una tormenta perfecta en los mercados energéticos, no solo en España sino en Europa y Asia”.

Las acusaciones. Sectores de la izquierda siguen calificando a las empresas eléctricas como un cónclave de malvados que conspira para ahogar a las familias españolas. Según Ione Belarra, secretaria de Estado de la Agenda 2030 (Podemos), el sistema eléctrico del país es una “trampa”. Pablo Echenique, portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, afirmó que la subida era “una estafa” y que todo procedía porque el PP aprobó un sistema de tarifas para “beneficiar a las eléctricas”, y hasta ha pedido “nacionalizar Endesa”. Al periodista especializado en energía Ramón Roca, estas opiniones le hacen “frotarse los ojos”, porque según este periodista, dejaban patente que desconocen cómo funciona el mercado.

Por qué el carbón es tan polémico. Cuando se pone en marcha la generación de energía, primero entran en funcionamiento centrales que producen electricidad más barata como eólicas, nucleares, solares, hidroeléctricas, y al final entran las más caras: gas y carbón. El coste de producir con gas y carbón es muy caro porque se pagan los llamados derechos de emisión de CO2, es decir, se paga por contaminar. A alguien en la UE se le ocurrió que las últimas centrales en entrar en funcionamiento deberían ser las que pusieran el precio general para que, al salir tan caro, fomentara el uso de energías renovables más baratas, y se abandonase el uso de las contaminantes. Para criticar esta regla europea y calificarla de “trampa”, Ione Belarra (Podemos) usó el símil de una frutería, donde compramos diferentes productos pero al final, el precio de la última fruta que metemos en la cesta es el que se usa como referencia. Su comentario se hizo viral y Pablo Echenique, portavoz de UP en el Congreso dijo en Twitter que “no se podía explicar mejor”. En 2014, cuando Eduardo Montes, presidente de la patronal de compañías eléctricas Unesa, comparó el mercado eléctrico con las sardinas, media España se le echó encima, especialmente de sectores de la izquierda.

Mercado y manipulación. Las eléctricas se defienden diciendo que ellas no son culpables del precio final. Afirman que la culpa es del mercado, que a su vez, está influido por condiciones climáticas, productivas, de consumo y por supuesto, por los impuestos como el IVA (21%) y por las “cosas de la política” mencionadas más arriba, como los peajes. También hay otra versión. La Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia ha multado a las grandes compañías por alterar los precios (Naturgy), por manipular contratos (Iberdrola, Naturgy, EDP, Flip Energía y Holaluz), por almacenar demasiada agua en sus centrales hidroeléctricas para subir el precio de la luz (Iberdrola)…

Fuente: Carlos Salas – La Información

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