El feminismo mediático cuesta vidas -Cristina Seguí-

Esta semana he seguido con atención el tratamiento mediático al tal “Melillero”, el criminal que ha quemado con ácido más del 96% del cuerpo de su ex. He de decir que no estoy nada asombrada ante la repetitiva falta de honestidad del gremio.

Ninguno de los analistas, ni las fanáticas feministas, ni los calzonazos asustados por ser expulsados del circuito televisivo, han hecho referencia al auténtico problema: el culto islámico del bastardo. Así, sí era legítimo invitar al odio contra los hombres con el “No era un monstruo. Era un hombre”.

Imaginen “No era un monstruo. Era un moro” la fiscalía habría actuado de oficio.

Telecinco y el grupo Mediaset aún no han reprobado a su tertuliana estrella porque, en España, criminalizar a los hombres no sólo sale gratis, sino que te garantiza ganar mucho dinero en los medios condicionados por la línea editorial del Gobierno. Así, Rendueles, poniendo el lomo al descubierto para dejarse golpear como hombre, afirmaba que el crimen era “tribalismo machista”.

Ocultar la verdad por miedo viene a ser lo mismo que mentir: Quemar con ácido, como crimen de honor, mata a las mujeres y es una práctica que comienza en la India, pero que se ha entendido por toda Europa en los entornos islamistas. Ceuta y Melilla son 2 de sus hervideros.

Se trata de una práctica para marcar las mujeres deshonradas. Las diferentes prácticas islamistas del mundo conviven en Europa con más fuerza que nunca en el lógico aumento de sus nacionales en España y el resto de la UE.

La cuestión es que el extremismo islamista justifica la violencia como medida de control de la mujer. Y las mujeres de su “etnia” “religión”, las señalan para avisar a las otras. Es una táctica de control social como la lapidación y la ablación de clítoris. Por cierto…

Practicado siempre por otras mujeres. Todo hecho de manera pública para que las otras mujeres tomen nota. Esa es la cultura que las feministas defienden con su pulsión por el “multiculturalismo”.

El “melillero” profesa esa cultura y, no sólo eso, ha usado una táctica que se ha extendido y normalizado en Europa, y que tiene el origen que tiene, y eso hubiera sido imposible con la denuncia de los medios y su renuncia a informar con axiomas ideológicos de sus presentadoras y tertulianas.

Los atentados con ácidos o sustancias corrosivas, que pueden ser productos como ácido clorhídrico o, el más frecuente, ácido sulfúrico, se han multiplicado exponencialmente en UK y, muy especialmente, en Londres donde, en 2016, se denunciaron 394 casos de un total de 720 en el país; en 2015, 322; en 2014, 182, según la Policía Metropolitana. Desde 2017, esta práctica se ha disparado aún más. Sobre todo, en España.

Gracias sobre todo a la proliferación de los ghettos que han permitido proteger y hacer pedagogía de estas prácticas en segundas y terceras generaciones de nacionales de origen islámico.

El debate está cercenado para cualquiera que se rebele contra ese tipo de modelo social, apartado de la vida social por “islamófobo” o “xenófobo”. Las FCSE presionadas para tratarlo como crimen machista, dejarán de estudiar e implementar protocolos de prevención y lucha contra el radicalismo islámico, cada vez más protegido por intereses clientelares y políticos.

Maquillamos prácticas islamistas aterradoras de países en los que las mujeres son sacadas de las universidades y apartadas de la vida social.

Para tapar eso se ha creado un selecto grupo de groupies forrradas de dinero público para pasearse en hijab en nuestras instituciones las payasas feministas que apelan a la “igualdad real” mientras se fotografían con la prenda que representa la sumisión en el código islámico: defensoras de unas prácticas relacionadas con un modelo social e ideológico y el concepto de la ética y la moral islamista, que es extremista y que necesita dominar Europa y el mundo.

¿¿¿Machismo??? La primera vez en su vida que muchas mujeres, y niñas, se han sentido seguras al escapar del yugo y la agresión islamista, ha sido al conocer al hombre uniformado que les ha cogido de la mano, llevado a un hospital, y acompañado haciéndolas sentir seguras.

El feminismo se ha convertido en el mejor amigo y garante de permanencia de los criminales islamistas.

 

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