Cristian Campos: “Twitter o Facebook trafican con la adicción de los usuarios”

Tengo la sensación de que el liberalismo clásico está teniendo algunas dificultades para aplicar teorías económicas del siglo XVII y XVIII a las redes sociales. Y cómo no las va a tener: cuando nació el liberalismo no existían Twitter o Facebook.

Twitter o Facebook no son empresas clásicas. No producen nada. Ni bienes ni servicios. Su producto es el usuario. Y su cliente, entidades (empresas o gobiernos) que desean manipularlo.

Twitter o Facebook trafican con la adicción de los usuarios. Ese es su producto real.

Tanto es así que no son pocos los que opinan (como Jaron Lanier, por ejemplo) que las grandes plataformas digitales deberían pagar a sus usuarios.

No es una idea marciana. Estás trabajando para ellos. Yo lo estoy haciendo ahora mismo, tuiteando este hilo.

Twitter y Facebook son sólo plataformas donde el usuario ejerce un derecho constitucional PREEXISTENTE. El derecho a la libertad de expresión.

¿Puede un hospital privado negarle un servicio a una lesbiana? ¿O a un negro? ¿O a alguien que vote a Podemos?

No, porque esos derechos son inalienables, pertenecen al individuo, no a la empresa.

Ellos te permiten ejercer un derecho en su plataforma… a cambio de que te dejes manipular. Ese es el verdadero negocio de las redes sociales.

El símil del derecho de admisión no es aplicable aquí. En primer lugar, porque el derecho de admisión también está muy limitado en la vida real. En segundo lugar, porque una empresa no puede convertirse en Poder Judicial, juzgar algo como delito y vetar la presencia de su autor.

Si esa persona (en este caso Trump) está cometiendo un delito, ¿de verdad toda tu responsabilidad se acaba impidiéndole tuitear? ¿No deberías denunciarlo en una comisaría?

No sé, está cometiendo un delito “en tu casa”. ¿De verdad le dices “venga, fuera” y ya está?

Vamos a dejar de lado el hecho de que estas empresas, por la propia naturaleza del entorno digital, degeneran en monopolio. Una vez superada determinada masa crítica, no hay incentivo alguno para que tus usuarios cambien de empresa porque TODO EL MUNDO está en la tuya.

Se ha explicado muchas veces poniendo el ejemplo de lo que ocurrió con los sistemas VHS, BETA y 2000. Pero eso era el mundo real, analógico. Había competencia real en ese terreno en concreto.

En internet eso es mucho más difuso: la potencia de computación genera una superioridad imposible de igualar por ningún nuevo actor. De nuevo, lo explica a la perfección Jaron Lanier.

Jaron Lanier: “Los monopolios han arruinado Internet”

Si una plataforma QUE NO PRODUCE NADA edita sus contenidos, entonces pasa a convertirse en productora de contenido. En un medio de comunicación, como un diario.

Y si vetas a Trump, ¿por qué no a la dictadura china? ¿Por qué no a Maduro? ¿A Hillary Clinton, cuando se inventó la injerencia rusa en las elecciones de 2016? ¿A los golpistas del procés y su alzamiento contra la democracia? ¿A populistas como Podemos?

Si vetas a Trump te conviertes, automáticamente, en responsable de cualquier barbaridad que se publique en tu plataforma. Porque PUDIENDO VETARLA, no lo has hecho. Cuando en el pasado sí lo habías hecho: con Donald Trump.

Miradlo de esta forma: Twitter o Facebook sólo podrían limitar su uso SI ESTUVIERAS PAGANDO PARA UTILIZARLAS. Pero no lo estás haciendo. Necesitan que no pagues. Necesitan ser gratis. Porque su producto eres tú.

¿Cómo vas a pagar si tú eres su producto y ese producto no vale nada si no supera determinada masa crítica de usuarios que les permita a Twitter y Facebook extraer patrones a partir de datos masivos?

Vamos a dejar de lado la inmoralidad de que una empresa que trafica con tu adicción vendiendo tu capacidad de atención a un tercero te impida ejercer un derecho constitucional convirtiéndose en Tribunal Supremo.

Vamos, es que… ¿de verdad era eso el liberalismo?

El liberalismo ha de repensar sus principios porque colapsan cuando entran en contacto con el mundo digital. El liberalismo es una teoría para un mundo analógico. En el mundo digital hacen falta correcciones.

Y de esa fascinación del liberalismo, o de una parte del liberalismo, por los “triunfadores” se están aprovechando los mesías de las redes sociales para hacer lo que les sale de las narices.

Porque ya no se conforman con hacerse multimillonarios traficando con tu adicción, potenciándola, exprimiéndola: ahora han visto que también pueden manipular la democracia. Y lo están haciendo. Y esto es válido independientemente del juicio que te merezca Donald Trump.

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