El Gobierno ultima unos indultos bochornosos que invitan a un nuevo golpe

Tras blanquear a Otegi, Sánchez hace lo mismo con Junqueras, con unas concesiones escandalosas para liberar a políticos dispuestos a repetir su pulso a la Constitución.

El Gobierno lleva buscando la manera de anular la condena del Tribunal Supremo a los políticos catalanes que encabezaron la intentona de independencia unilateral desde que Pedro Sánchez llegara a La Moncloa por primera vez, en 2018.

Aquella investidura, tras una moción de censura que le dio en los despachos lo que le habían negado sistemáticamente las urnas, solo fue posible gracias a los partidos que ahora marcan su agenda, deciden sus prioridades y posibilitan su mera existencia: sin PodemosERCBildu y el PNV, simplemente Sánchez no sería presidente.

Al aceptar esa intervención, iniciada con Rajoy y consolidada en su segunda investidura, Sánchez hipotecó su futuro y sus decisiones, marcadas por un peaje constante que tendrá que ir pagando para mantenerse en el poder, aun a costa de dañar los intereses generales del país que preside.

Sea mediante indulto, reforma del Código Penal, amnistía o cualquier otra fórmula que improvise, el resultado es el mismo: liberar a unos delincuentes condenados en firme, que no se arrepienten de sus abusos y que anuncian que volverán a cometerlos en cuanto las circunstancias se lo permitan.

Qué Sánchez sea duro con don Juan Carlos y se doblegue con Junqueras y Otegi define su lamentable política

Ni hay rectificación ni propósito de enmienda ni renuncia alguna a unos objetivos que, de defenderse por los cauces definidos en la Constitución, jamás alcanzarían: solo pueden hacerlo violentando las normas o haciendo que éstas dejen de aplicarse con la complicidad de los poderes públicos que, salvo de momento el judicial, controla el Gobierno.

El blanqueamiento del separatismo catalán es mimético al del independentismo vasco con pasado violento, y muy parecido al del populismo encarnado por Podemos, incompatible con una democracia occidental y propio de un ecosistema latinoamericano, donde ha provocado estragos socioeconómicos que ya no resultan tan remotos en España.

Solo en el caso de que todos estos movimientos aceptaran las reglas del juego, de manera sincera, y demostraran una contrición sincera; tendría sentido un ejercicio de generosidad condicionada del Estado de Derecho. Pero no es el caso. Ni ERC ni Bildu renuncian a nada y, al contrario, refuerzan su discurso y su pasado por mor de un presidente que los legitima.

Que Sánchez pasara de firmar el 155 y anunciar el endurecimiento del delito de rebelión a asociarse con estos partidos y a entregarse a su voluntad, lo dice todo de un presidente inestable, sin criterio, temerario y merecedor de la mayor desconfianza: que sea más duro con don Juan Carlos que con Otegi o Junqueras describe al personaje y delata hasta dónde es capaz de llegar con tal de mantenerse en la Presidencia de un país al que denigra casi a diario.

Fuente: EsDiario