Casi 84.000 los muertos por covid-19 en España según cifran los servicios funerarios

El Gobierno sigue ocultando el número real de muertos en la segunda ola. España sería el país con el mayor número por 100.000 habitantes.

Según ha podido saber Libertad Digital, a fecha de 15 de diciembre, los muertos por la Covid-19 en nuestro país ascienden a 83.425. La cifra procede de los servicios funerarios que a su vez recogen el dato de los Registros Civiles de toda España. Como el último número de fallecidos facilitado por el Gobierno es de 50.837, la diferencia con la cifra de los registros sería de 32.588 fallecidos menos. Con casi 84.000 muertos, España sería el país con mayor mortalidad del mundo en lo que llevamos de pandemia, con una tasa de 178,7 defunciones por cada 100.000 habitantes.

Ningún organismo avala los datos del gobierno. El Instituto Nacional de Estadística ha registrado hasta el 20 de diciembre un exceso de mortalidad de 77.688 decesos por todas las causas. A primeros de diciembre publicó un avance de las estadísticas mortuorias anuales que reveló que sólo en marzo, abril y mayo hubo «47.105 fallecimientos, de los que el 97% se debió al Covid-19″, es decir, 45.684.

Lo llamativo de las nuevas cifras que publica este viernes en exclusiva Libertad Digital es que en esta segunda ola, sin colapso sanitario, funerario o administrativo y sin desabastecimiento de test y por tanto, verificada la causa de la muerte, el gobierno de Pedro Sánchez sigue empeñado en ocultar el número real de fallecidos. Incluso ahora el desfase entre los muertos registrados y los «oficiales» es mayor que hace seis meses. A mediados de junio en el Congreso de los Diputados Sánchez habló de 27.000 muertos cuando el INE ya contabilizaba 43.000, una diferencia de 16.000, como apuntó en ese mismo pleno el jefe de la oposición Pablo Casado. Hoy el gobierno oculta 32.588 defunciones. ¿Qué está pasando? ¿Quién es el responsable?

Según informan a Libertad Digital estas mismas fuentes algunos registros civiles vuelven a volcar datos con hasta 10 días de retraso, «son 17 maneras diferentes de hacer las cosas», comenta, «y todos mienten. Nos engañan con los muertos«. Nuestros interlocutores destacan el hecho de que «interesaba» cerrar 2020 con unas cifras menguadas.

Qué decir de las incontables veces que el gobierno ha cambiado el criterio en el conteo, haciendo caso omiso a la OMS o a Europa. Sin duda, el follón es el mejor aliado de la mentira. Las cifras de Salvador Illa (que ha abandonado el Ministerio de Santidad en plena pandemia para encabezar las listas del PSC en las próximas elecciones catalanas) siempre van a la baja. A día 30 de diciembre Sanidad nos informa de que Madrid lleva un acumulado de 11.827 fallecidos, mientras que la propia Comunidad se atribuye 19.515. En Cataluña lo mismo: 8.689 muertos según Illa y 17.044 según la Generalidad.

El relato se impone a la realidad

A mediados del mes de abril, mayo e incluso en junio algunos nos preguntamos que qué ganaba el gobierno del PSOE y Podemos negando los muertos, porque al fin y al cabo acabarían saliendo en las estadísticas finales. Su empeño fue y es el de siempre cuando se trata del social-comunismo: ocultar la verdad de los hechos frente al relato, cincelar nuestra memoria, escribir el presente para dominar el futuro. La propaganda del borrado del dolor y de la incompetencia le permitió a Pedro Sánchez cantar victoria en julio, «hemos derrotado al virus y controlado la pandemia». El hacedor de relatos del gobierno, Iván Redondo, con la ayuda de un periodismo entregado al emoticono, ha conseguido que a casi nadie le importe, ni le afecte si la cuenta de los muertos va por 40.000, 60.000 u 80.000. Pocos echaron en falta que salieran ataúdes por la televisión, muchos lo consideraron innecesario y ahora lo verían desfasado e inapropiado.

Y con el nuevo año llega el tiempo informativo de la vacunahashtag «Gobierno de España». Si Sánchez se atribuyó haber salvado 450.000 vidas con el confinamiento y el Estado de Alarma, 47 millones de brazos serán su salvación definitiva.

En estos tiempos, amargar con la cruda realidad y hablar de muertos el día que estrenamos año supongo que es de mala educación y de mal gusto. O plantear la responsabilidad moral individual. ¿Quién es el responsable? Usted y yo lo tenemos muy cerca. Solo hay que mirarse al espejo.

Fuente: Nuria Richart – Libertad Digital