La «deriva hitleriana» del separatismo: aumenta el señalamiento y acoso a los castellanohablantes

Varias asociaciones denuncian la violencia y la persecución a padres de alumnos, periodistas y comercios «señalando como los nazis a los judíos».

Restaurantes que amanecen con pintadas por no atender en catalán, camareras acosadas por expresarse en castellano en TV3, productos españoles boicoteados, persecución a periodistas críticos con el procés

2020 ha sido un año difícil para los castellanohablantes en Cataluña, que han sufrido la enésima vuelta de tuerca en la radicalidad separatista. Prácticamente cada semana se ha saldado con un incidente en este sentido. Por eso algunas entidades constitucionalistas ya hablan de «deriva hitleriana».

Para justificar tamaño calificativo, se remiten al señalamiento a la pizzería Marinella, que amaneció con pintadas xenófobas («habla catalán o emigra») por atender en castellano a sus clientes. A la izquierda de la entrada, los radicales pintaron el número 33 -«Cataluña Catalana», que proviene del posicionamiento de la C en el alfabeto latino-. Una obvia imitación del uso que los nazis daban al 88 –Heil Hitler-.

El restaurante Marinella de Barcelona, amenazado y perseguido por atender en castellano.

El restaurante Marinella de Barcelona, amenazado y perseguido por atender en castellano

M., restauradora que regenta el cenador italiano, llevaba tiempo «recibiendo amenazas diarias» por atender en español a un cliente y rogarle que, si hablaba en catalán, lo hiciera «despacio» para poderle entender. Una afrenta imperdonable para el sector más radical del separatismo, que vandalizó el local.

Pero no ha sido el único señalamiento de este tipo sucedido en diciembre. El caso más reciente ha sido el boicot al supermercado Primaprix -que acaba de abrir su primera tienda en el barrio barcelonés de Poblenou- por no disponer de vinos catalanes en sus estanterías.

El establecimiento sí que cuenta con tres tipos de cava producidos en la Comunidad Autónoma, pero no es suficiente para impedir el hostigamiento de los radicales separatistas. La campaña estuvo auspiciada por el digital El Món y su director, Salvador Cot, que estallaba en Twitter: «¡Atención! Los supermercados madrileños Primaprix aterrizan en Barcelona ofreciendo cero vinos catalanes en las estanterías».

Salvador Cot señala en Twitter al establecimiento por no disponer de vinos catalanes.

Salvador Cot señala en Twitter al establecimiento por no disponer de vinos catalanes.

La empresa explicó al medio independentista que no han podido encontrar vinos catalanes a un precio «atractivo» para su modelo de negocio, pero aseguró que más adelante los habría. Pese al matiz, el daño estaba hecho y muchos usuarios de la red social anunciaron su boicot al supermercado.

Un episodio que llegaba poco después del protagonizado por Abacus, una cooperativa que se dedica a la venta de material escolar y que señaló a una cajera de una de sus tiendas por hablar en castellano a una clienta.

«Ostras, sinceramente me choca que en un lugar como Abacus la cajera se me dirija en castellano de entrada, tengamos toda la conversación en catalán y, una vez pagado, me vuelva a decir: tome su tíquet, muchas gracias. ¿Abacus, sabes? No sé, como socios de hace 40 años me entristece», se quejó -también en Twitter- una trabajadora de la Consejería de Agricultura de la Generalitat.

Mensaje de Abacus en Twitter pidiendo la identidad de la cajera que habló en castellano.

Mensaje de Abacus en Twitter pidiendo la identidad de la cajera que habló en castellano.

La empresa entró en el juego de la separatista y respondió pidiendo la identidad de la cajera: «Hola Aïda. Nos sabe mal la situación que nos describes. Ya sabes que, por nuestro compromiso con el país, la cultura y la educación, nuestra lengua de comunicación primaria es el catalán. ¿Serías tan amable de indicarnos en qué tienda ha sido, por favor?». Abacus ya había participaco con anterioridad en actos en favor de la inmersión.

Más casos

Y todos estos episodios se concentran en el mes de diciembre. Si uno se retrotrae unas semanas, se encuentra con el acoso a la periodista Anna Grau por defender en televisión que la Generalitat -a través de Plataforma per la Llengua- espía a los niños catalanes en el recreo. Una realidad demostrada, pero cuya denuncia pública desquició a los radicales separatistas.

«Hace mucho tiempo que muchos periodistas sufrimos amedrentamientos, vetos, insultos, que nos echen de determinados círculos…», denunció Grau en conversación con EL ESPAÑOL. «No soy, ni de lejos, la única víctima. En Cataluña las cosas están muy tensas. Se ha conseguido una polarización muy fuerte», aseveró.

El pasado mes de octubre, una trabajadora de una panadería de la avenida Meridiana de Barcelona fue acosada por atender a dos clientas en castellano. Tal y como se apreciaba en un vídeo que circuló por redes sociales, las dos señoras espetaron a la dependienta: «Me importa una mierda que estés trabajando, tía. Si estás aquí, a aprender el catalán«. También le pedían una y otra vez la hoja de reclamaciones.

El mismo motivo por el que se hostigó en septiembre a Amparo, la camarera del Parlament que apareció en TV3 hablando en castellano. Un pecado imperdonable para los espectadores nacionalistas, que lincharon a la trabajadora tachándola de «colona», «lerda» o «chusma». Además, pidieron «que la echen a la calle«.

Amparo Izquierdo, camarera del Parlament acosada por independentistas.

Amparo Izquierdo, camarera del Parlament acosada por independentistas. TV3

«Deriva hitleriana»

Àlex Serra, vicepresidente de la entidad joven y constitucionalista S’ha Acabat!, considera que este repunte de señalamientos y acosos a comercios que utilizan el castellano responde a la «deriva hitleriana» del procés.

Esa deriva consiste en «señalar a los castellanohablantes como los nazis señalaban a los judíos; en la privación de derechos de forma impune a quienes usan el español».

El joven constitucionalista advierte de que durante años se ha estado preparando el caldo de cultivo y ahora estamos en la «fase de frustración de los procesistas«: «Han vivido durante mucho tiempo de un cuento y ahora se están dando cuenta de que todo aquello a lo que aspiraban no va a poder ser».

Una «frustración» que él ha sufrido en sus carnes. «A mí me han llamado colono, siendo catalanoparlante, por pedir que se respete la diversidad lingüística catalana»: «No aceptan que es igual de catalán el que habla catalán que el que habla español; el 53% de la población catalana tiene como lengua materna el castellano».

Y el 2021, lejos de antojarse esperanzador, dibuja un panorama poco halagüeño. Los líderes del procés insisten en que lo volverán a hacer y la Ley Celaá abundará en el modelo de inmersión lingüística, eliminando el castellano como lengua vehicular en Cataluña.

«Celaá no tiene conocimiento alguno de la situación que hay en Cataluña; ciertos sectores del PSOE se ríen cuando decimos que aquí el español está discriminado», lamenta Serra, que prosigue: «Celaá no sabe cuál es la situación porque no la vive a diario, y por eso formuló una ley con esa enmienda… se la coló por la derecha Plataforma per la Llengua, que es una asociación de gente xenófoba y racista».

«Entre el desconocimiento de muchos y la violencia y acoso de otros, tenemos un auténtico cóctel molotov en Cataluña», lamenta el vicepresidente de S’ha Acabat!.

Plataforma per la Llengua

La presidenta de la Asamblea por una Escuela Bilingüe, Ana Losada, atribuye estos esperpénticos episodios a Plataforma per la Llengua: «Ellos hacen una campaña continua en contra de aquellos comercios o establecimientos que rotulan en castellano o que tienen dependientes que se expresan en castellano».

En este sentido, Losada recuerda que existe una aplicación –CatalApp– creada por la plataforma separatista que, bajo el pretexto de «mejorar la situación del catalán en comercios y establecimientos», señala a quienes rotulan en castellano.

«Hay que poner la diana en Plataforma per la Llengua, ellos son culpables de esas campañas y de animar a los radicales a que denuncien a estos establecimientos«, arguye. La presidenta de AEB califica de «vergonzoso» que esta asociación separatista «esté reconocida por el Ayuntamiento de Barcelona como una de las asociaciones que lucha contra la discriminación» y que tenga «subvenciones directas del ayuntamiento y de la Generalitat».

Ana Losada sabe de la situación de exclusión que sufren algunos castellanohablantes en Cataluña. Como presidenta de la Asamblea por una Escuela Bilingüe, denuncia que «los padres que piden a los colegios la comunicación en castellano son ninguneados día sí y día también»: «Tienen derecho a recibir las comunicaciones en las dos lenguas cooficiales, catalán y castellano, pero aun así las piden y tienen que librar una guerra psicológica con los centros».

Fuente: Marcos Ondarra – El Español