Batalla entre el PSOE y Podemos por las pensiones

La reforma de Escrivá, en sintonía con la AIReF, provoca urticaria a los morados.

La batalla entre el PSOE y Unidas Podemos por reformar las pensiones ha empezado. Mientras que los socialistas son conscientes de que el sistema de Seguridad Social, tal como se halla diseñado ahora mismo, no es sostenible en el tiempo y, lo que es peor para sus intereses electorales y credibilidad internacional, no va a recibir el visto bueno de Bruselas como paso previo al desembolso de los 140.000 millones de euros que se nos ha prometido, los de Pablo Iglesias abogan por apuntalar el discurso populista con el que alcanzaron los asientos ministeriales.

Así, desde Podemos rechazan la reforma del sistema de pensiones que ha propuesto José Luis Escrivá y que consiste, primero, en aumentar la edad efectiva de jubilación hasta los 67 años; segundo, incrementar el periodo de cálculo de las pensiones desde los últimos 25 hasta los últimos 35 años de vida laboral; y tercero, y aunque todavía no se han filtrado detalles definitivos sobre este asunto, reintroducir el factor de equidad intergeneracional (la AIReF ha propuesto estas tres medidas y el Gobierno, de momento, ya ha comunicado que ha aceptado las dos primeras, así que es improbable que no acepte también la tercera).

El objetivo de esta reforma de la Seguridad Social sería ahorrar 2,3 puntos de PIB en el año 2050, de forma que el gasto del sistema de pensiones solo aumente desde el 10,9% del PIB en la actualidad hasta el 12,8% (o, dicho de otra forma, en ausencia de esta reforma el gasto se dispararía hasta el 15,1% del PIB).

En particular, el alargamiento de la edad efectiva de jubilación generaría un ahorro de 0,8 puntos de PIB, el incremento del periodo de cálculo a los 35 años, 0,6 puntos de PIB y el factor de equidad intergeneracional, 0,9 puntos de PIB. Incluso con todas estas medidas en vigor, la AIReF calcula que los pasivos de la Seguridad Social aumentarán en el equivalente a 40 puntos de PIB hasta el año 2050 (y en ausencia de todas estas reformas, en 66 puntos de PIB). Queda claro, pues, que la reforma necesaria no es de una entidad menor y que la sostenibilidad financiera a largo plazo de España está en juego (y justamente por ello Bruselas nos exige esta reforma como condición para el desembolso de los fondos comprometidos).

Pero a Podemos, como decimos, todo ello le importe bastante poco puesto que durante años ha negado la necesidad de una reforma del sistema público de pensiones. En su momento, incluso llegó a proponer rebajar la edad de jubilación a los 60 años.

Desde la formación morada ya han rechazado en público el plan de Escrivá y propugnan una alternativa: destopar las cotizaciones sociales (sin elevar en paralelo la pensión máxima), eliminar las desgravaciones fiscales a planes privados de pensiones y suplementar los ingresos de la Seguridad Social con transferencias presupuestarias.

Sin embargo, todas estas medidas son puramente cosméticas y no solventan los problemas financieros de fondo. Destopar las cotizaciones sociales (aparte de ser una absoluta injusticia en caso de no elevar proporcionalmente las pensiones máximas) apenas aportará ingresos equivalentes al 0,4% del PIB y eliminar las desgravaciones a planes privados (ya intensamente limitadas desde 2021), sólo el 0,05% del PIB. De un ajuste imprescindible de 2,3 puntos, Podemos solo es capaz de proponer un ahorro de 0,45 puntos (y otras subidas fiscales genéricas que no especifica).

Estas propuestas de la formación de Iglesias son una irresponsabilidad económica tremenda, sumada a la propia deslealtad hacia el Gobierno de coalición que integra. El populismo no hace prisioneros.

Otro frente: el salario mínimo

Otro frente de batalla entre Unidas Podemos y el PSOE se refiere a la subida del salario mínimo en 2021. Se trata, en esencia, de una batalla simbólica, sobre si subir el SMI un 0,9% o no hacerlo. En gran medida, por tanto, Podemos ya libra semejante batalla cabizbajo y con actitud de derrotado. Los de Pablo Iglesias han renunciado de entrada a una subida importante de este parámetro porque son conscientes (incluso ellos lo son) de que en las actuales circunstancias sería muy dañino. Pero el Ministerio de Economía de Nadia Calviño desea enviar otro razonable mensaje simbólico a los empresarios: «somos conscientes de que 2020 ha sido un año devastador y no queremos cargaros, regulatoriamente, las tintas en 2021». Es decir, que ahora mismo no toca aumentar los costes empresariales mientras los ingresos se han desplomado.

Primeras vacunas

Las primeras dosis de las vacunas contra la Covid-19 ya han llegado a España. Se abre con ello una ventana de esperanza para la recuperación tanto de la economía como de la vida social en nuestro país. Con todo, no deberíamos relajarnos en la presente coyuntura: todavía faltan bastantes meses hasta que alcancemos un número suficientemente elevado de vacunaciones como para poder afirmar que hemos alcanzado algo parecido a la inmunidad de rebaño. Durante ese tiempo, nuestro país sigue siendo tan vulnerable al virus como lo ha sido a lo largo de este 2020 que ahora toca a su fin. Es decir, que la vacuna esté disponible no equivale a que la población ya esté masivamente vacunada. La primera parte de 2021 todavía puede ser muy negativa en todos los términos si nos engañamos pensando que el virus ya ha sido derrotado y que no hay ningún riesgo en el frente.

Acuerdo post-Brexit

Reino Unido y la Unión Europea han alcanzado un acuerdo sobre la bocina para gobernar sus relaciones comerciales en la era post-Brexit. Han sido muchos años de negociaciones a cara de perro, con varios amagos de ruptura por ambas partes, pero finalmente se ha impuesto la cordura en ambos lados pues a los dos les interesaba por encima de todo que la sangre no llegara al río. De hecho, si el acuerdo se ha retrasado más de lo razonable ha sido por la actitud politizada de la Unión Europea, que ha pretendido «castigar» a Reino Unido por haber decidido abandonar un proyecto político como el de la Unión Europea. No en vano, acuerdos similares con Canadá o con Japón se desarrollaron de manera mucho más cordial porque carecían de la profunda carga sentimental que sí ha tenido la ruptura comercial y política con nuestros vecinos británicos.

Fuente: Juan Ramón Rallo – La Razón

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