Gracias Marlaska: “Kantauri” ya está en la cárcel de Pamplona, “cerca de los suyos”

La asociación de los familiares de los presos de ETA no se conforma y pide su libertad.

El cabecilla etarra José Javier Arizcuren, “Kantauri”, ya se encuentra en la cárcel de Pamplona a las que ha sido trasladado desdela Murcia. El pistolero es natural de la capital navarra, donde vive su familia.

La asociación Etxerat, que reúne a la mayoría de los familiares de los presos de la banda terrorista, señala que el caso de Arizcuren “hay que insistir en que ha sido acercado después de que hace algunas semanas sufriera un infarto. En la actualidad tiene colocados cuatro stent. Al igual que el resto de presos con enfermedades graves, debe estar en la calle. No es suficiente con que lo hayan acercado a Iruñea (Pamplona), ni con el segundo grado que le han dado. Antes de que sea tarde, debe estar en casa con los suyos”.

No les basta el gesto magnánimo del Gobierno, como correspondencia al apoyo que tiene de EhBildu en el Parlamento central y en el navarro, sino que ahora hay que sacar a la calle a este terrorista que, además de formar parte de “comandos” operativos de ETA, fue jefe de todas las células de la banda.

Nacido en Pamplona en 1958, entró en ETA en 1981 y fue jefe del “aparato militar desde 1993 hasta su arresto en la capital francesa.

Tras su etapa como miembro “legal” (no fichado), se integró en el “comando Araba”, que operaba en Álava, y participó en el asesinato del subcomisario de Policía Pedro Ortiz de Urbina. Era el primero de una larga lista de atentados contra agentes de las Fuerzas de Seguridad, que incluyó dos acciones contra el cuartel de la Guardia Civil en Llodio.

Huyó a Francia y los cabecillas le integraron en el “comando Madrid”; entre otros atentados, se cree que participó en el que afectó gravemente a Irene Villa, con la pérdida de las piernas, así como a su madre. Antes de pasar de nuevo a territorio galo, cometió otras acciones criminales que costaron la vida a varias personas.

La detención en Francia Félix de la Calle, Mobutu”, hizo que ascendiera y se ocupara de la dirección de los “comandos” con la autoridad que le daba su experiencia criminal. Y no perdió el tiempo.

Entre los atentados que ordenó cometer figuran el asesinato del sargento de la Policía Municipal Alfonso Morcillo; el del teniente alcalde del PP en el Ayuntamiento de San Sebastián, Gregorio Ordoñez; el intento de regicidio de Don Juan Carlos en el verano de 1995, en Mallorca; el asesinato del abogado y dirigente socialista vasco Fernando Múgica, en San Sebastián el 6 de febrero de 1996; el secuestro del empresario vasco Cosme Delclaux, liberado tras pagar su familia un importante rescate; el del funcionario de prisiones, Ortega Lara; y el asesinato del concejal popular Alberto Jiménez Becerril y su esposa, en Sevilla el 30 de enero de 1998. Ya le quedaba poco para ser detenido.

“Kantauri”, como hacían habitualmente los dirigentes de ETA, se comunicaba con las células criminales mediante cartas que se depositaban en “buzones” (escondites) previamente pactados. En una de estas misivas, que se incautó al “comando Vizcaya”, señalaba que «es muy importante darles a los políticos del PP. Deciros que cualquier político del PP es objetivo (…). Poner toda la fuerza posible en levantar a un concejal del PP, dando un ultimátum de días para que los presos estén en Euskadi. En relación a este tema (secuestro) hacerlo lo antes posible».

Fuente: J.M.Zuloaga – La Razón

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