Los barones del PP piden votar “no” en la moción de Vox

Los barones del PP piden votar “no” en la moción de Vox
Santiago Abascal se acerca al escaño del líder de la oposición, Pablo Casado, en el Congreso /Foto: Ballesteros/EFE
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Génova debate la abstención en la moción de censura por miedo al auge de Abascal y a «confundir al votante». Vox se siente fuerte y orienta su estrategia a crecer en los barrios populares y entre el voto joven.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y sus asesores ya tienen lo que estaban esperando: la moción de censura de Vox ha empezado su trámite en el Congreso, y podría votarse el 20-O. Moncloa cree que esta operación política les beneficia porque volverá a unir a la fracturada mayoría de investidura, porque suma a Vox y porque perjudica al PP. Los tres elementos clave en la ecuación perfecta para la estrategia política de Moncloa.

El PP se encuentra en medio de la pinza y con un debate abierto sobre el sentido de su voto. Barones del PP lo tienen claro y piden un «no» a Vox, aunque no desautorizarán la decisión que adopte la dirección nacional. Y ese «no» fue la primera reacción de la cúpula popular cuando Vox anunció a finales de julio la moción de censura. Pero luego empezaron los movimientos en la derecha, las presiones a favor de la abstención por parte de «influencers» en el voto más conservador y la salida de Cayetana Álvarez de Toledo de la portavocía del Congreso, para convertirse en una especie de Juana de Arco de la ortodoxia y los principios de la derecha patriótica y unitaria. Fue una de las primeras en marcar el terreno a favor de la abstención.

Todo esto pesa sobre Génova. Y les ha hecho dudar, y ha provocado la discusión sobre la conveniencia de la abstención, que tapan con el argumento de que no harán pública su posición hasta que llegue el momento. Tienen miedo al auge de Santiago Abascal y a «confundir al votante».

Ayer, la Mesa del Congreso dio luz verde al instrumento por el que Santiago Abascal aspira a ser más líder de la derecha, a sabiendas de que la moción está condenada al fracaso. El «no» a Vox de los barones de la otra España, que no es Madrid, se justifica en la conveniencia de darle bajón total a la moción porque sólo sirve para soldar más a Sánchez a La Moncloa y fragmenta el espacio del centro derecha. Al final, la iniciativa de Abascal consigue lo que quería, que es evidenciar las dos almas del PP y las diferencias entre ese sector de Génova que cree que hay que cuidar la relación con Vox y esquivar el cuerpo a cuerpo, para no molestar a un votante que debe volver a las siglas populares, y quienes reprochan a los «verdes» que su única aportación a la política en los tiempos de la pandemia haya sido «montar caceroladas, paralizar el Parlamento con esta inútil moción de censura y cambiar los nombres de las calles de Madrid». «Ya está bien de ir mirando el retrovisor. Así no hay manera de construir un proyecto ganador», exponen los partidarios del «no». Como prueba de éxito citan el «ninguneo» a Vox del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, en la última campaña gallega, en la que este dirigente autonómico mejoró su mayoría absoluta y dejó a los de Abascal fuera del Parlamento. Galicia no es Madrid, contestan desde el PP madrileño.

Vox tiene bien estudiado al PP y sus inseguridades, mientras que para el Gobierno la moción de censura será la oportunidad de oro para escenificar la recomposición de la mayoría de investidura, con la que trabajan para la votación de los Presupuestos, pero que quedó rota durante el estado de alarma. Abascal incluso hará que crezca esa mayoría de investidura, sumándose a ella otros votos, como los de Cs. Así, une voto parlamentario y une al electorado de izquierdas, de lo que también anda necesitado el PSOE por el inevitable desgaste que les está generando el agujero económico y social que deja la pandemia.

Sánchez quiere el duelo con Vox porque sabe que el portavoz de los verdes llegará donde no pueden llegar ni PP ni Ciudadanos por ser partidos de gobierno, y esto le permitirá reforzar la caricatura de esa ultraderecha, que airean desde Moncloa y desde la izquierda, en un tomar la parte por el todo para construir un discurso que ponga algo de sordina a la gestión política y sanitaria. Y mientras, los que «cocinan» la demoscopia del PP avisan del riesgo del populismo y de que esta crisis refuerce a Vox igual que la crisis financiera dio aliento a los morados. Desde el Gobierno es más difícil predicar la calle, y Santiago Abascal ha visto que le está quedando espacio para entrar en nichos electorales que van mucho más allá de los protagonistas de las protestas del madrileño barrio de Salamanca, una de las zonas de la ciudad con mayor nivel de renta.

Vox cree que tiene bien cogida la medida a las debilidades del centro derecha, que tiene ancho margen de crecimiento en los barrios más populares, con más paro y más debilidad económica, y que puede explotar aún más su capacidad de llegar a un electorado más trasversal que el del PP clásico. Los jóvenes votan más a Vox que al PP.

Esta pugna constante por el voto es lo que está distrayendo a veces el tiro de la dirección popular y provocando vaivenes que despistan dentro del partido y fuera. En el PP preocupa la sensación de que no sean capaces de rentabilizar más a su favor la pesada carga sobre el Gobierno de Sánchez de la pandemia. Mientras que en Vox se creen con superpoderes para seguir creciendo a costa del PP. Y esto es lo que marcará la moción de censura de la Covid.

El caldo de cultivo sólo puede sumar a quien no tiene cuentas que rendir. Y Santiago Abascal se subirá a la tribuna a repartir culpas a derecha y a izquierda, como el Mesías con la solución milagrosa para la crisis institucional, la crisis económica y la crisis social. Y el Gobierno, con la atención distraída en este nuevo golpe de efecto en un Parlamento cada vez más ajeno a la realidad de la calle, podrá seguir negociando con los socios de investidura el reparto para sacar adelante los Presupuestos. «Al PNV, sus transferencias y el Cupo; a Esquerra, sus presos independentistas; a Bildu, los etarras; y con los fondos de reconstrucción como caramelo con el que tentar a todos a la vez», reflexionaba ayer un presidente autonómico del socialismo clásico.

Pablo Casado aseguró ayer, en una entrevista en esRadio, que él también hubiera presentado una moción de censura si hubiera tenido los votos necesarios y una mayoría alternativa en el Congreso de los Diputados. A su juicio, la iniciativa de Vox favorece la «estrategia chavista» del Gobierno de dividir a la oposición. Para que Sánchez «se vaya ya», es imprescindible «la unión del centro derecha».

Fuente: Carmen Morodo – La Razón

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