Jugando con el Rey

Jugando con el Rey
Felipe VI y Pedro Sánchez en la última conferencia de presidentes autonómicos en La Rioja. - Europa Press -
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Repaso de una infamia política. En la democracia española, el Rey preside desde hace dos décadas la entrega de diplomas a los nuevos jueces. Este año la ceremonia estaba fijada para el viernes 25 de septiembre en la Escuela Judicial de Barcelona. Como es norma, Zarzuela confirmó inicialmente a Felipe VI, hasta el extremo de que el Consejo del Poder Judicial llegó a imprimir invitaciones donde figuraba. Pero Sánchez intervino y prohibió al Rey que acudiese. ¿Se imaginan a un premier británico impidiendo a Isabel II viajar a Escocia para «no molestar» a los separatistas escoceses? Un disparate. Inimaginable. Pero no en España, donde su Gobierno cuestiona los pilares institucionales.

Tras tirar la piedra, el sanchismo escondió la mano. Tomando a los españoles por chiquillos a los que se les puede hurtar la verdad, la vicepresidenta Calvo y el ministro de Justicia respondían con evasivas sobre quién había vetado al Rey y por qué. «Hay decisiones que están muy bien tomadas», contestaba enigmática Calvo. «Quien tenía que tomar la decisión la ha tomado», se escabullía el ministro Campo en tontorrona tautología.

El acto se celebró sin el Rey. Lesmes, jefe de los jueces, lamentó su ausencia en su discurso. Felipe VI lo telefoneó para recalcar que le habría gustado asistir, en evidente recado a Sánchez. Dos miembros del Ejecutivo, Garzón e Iglesias, replicaron con críticas frontales al Rey, llegando a acusarlo de «maniobrar contra el Gobierno», es decir, de golpismo (sin que el presidente los haya reconvenido). Por fin, tres días después del acto, Campo reconoció que el Gobierno había vetado al Rey porque se aproximaban la sentencia de Torra y el 1-O, sagrada fecha que conmemora un referéndum ilegal (y además trucado, un pucherazo en urnas chinas de juguete donde el «no» a la independencia se quedó en el 7,8% del voto).

Sánchez eligió. Entre el Jefe del Estado, símbolo constitucional de la «unidad y permanencia de la nación española», y sus aliados separatistas, optó por desairar gravemente al primero para masajear la piel de melocotón de los segundos. La prueba de la calidad de las relación de Sánchez con el Rey es que no han estado juntos desde el 12 de agosto en Marivent. Con España azotada de nuevo por la epidemia, el presidente no ve motivo para ver al Jefe del Estado desde hace mes y medio.

Tras la polvareda, Moncloa anuncia ahora graciosamente que Mi Persona viajará este viernes a un foro digital en Cataluña y que el Rey podrá acompañarlo. Campo nos explica que pasados la sentencia de Torra y el 1-O, Felipe VI recupera el permiso para viajar a una región del Reino de España. Cubriéndose de gloria, el ministro añade que el Gobierno «debe evitar crispar a la sociedad». Ese decir: el Rey crispa en Cataluña. El Gobierno asume así el mito de que todos los catalanes son independentista contrarios a Felipe VI y deja tirados a los millones de constitucionalistas que desean su presencia.

Nefasto para España un Gobierno que cree que la mejor manera de hacer frente al independentismo es lisonjearlo, plegarse a sus demandas, humillar al Jefe del Estado en el altar del nacionalismo y asumir, como piensa Iceta, que en fondo los malos tienen la razón.

Fuente: Luis Ventoso – ABC

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