El jefe del Gobierno contra el jefe del Estado. Yo elijo al Rey

El jefe del Gobierno contra el jefe del Estado. Yo elijo al Rey
Felipe VI y Pedro Sánchez en la última conferencia de presidentes autonómicos en La Rioja. - Europa Press -
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Estamos asistiendo a una batalla de acoso y derribo contra la institución española que garantiza la unidad y la permanencia de la Nación.

Lo que estamos viviendo estos días en España es una anomalía que debemos corregir de manera inmediata y antes de que sea demasiado tarde. Que el Gobierno de la Nación prohíba al Jefe del Estado asistir a la entrega de despachos de la última promoción de jueces porque el acto se celebra en Barcelona es, en sí mismo, un acto impropio. Que el Gobierno se «justifique» alegando (siempre de forma extraoficial, pero suficientemente documentada) que la prohibición obedece a razones de seguridad es, además de una falsedad, una cobardía.

Digo que alegar razones de seguridad es una falsedad porque ni siquiera yo -que tengo una confianza más que limitada en las capacidades de Sánchez y los suyos- puedo creer que el Gobierno de la Nación no puede garantizar la seguridad del Rey en una entrega de despachos a los jueces cuando este se celebra en Barcelona. Porque si eso fuera cierto el Gobierno debe dimitir de manera inmediata -empezando por los ministros de Defensa y de Interior- para dejar paso a otro Gabinete capaz de cumplir con su deber de garantizar la seguridad y la integridad de todos los ciudadanos, incluso del primero de ellos, el Jefe del Estado.

No permitamos que las hojas nos impidan ver el bosque. Estamos asistiendo a una batalla de acoso y derribo contra la institución española que garantiza la unidad y la permanencia de la Nación, instrumento imprescindible para garantizar la libertad y la igualdad.

En esta situación nos van a obligar a elegir entre el Gobierno de Sánchez y la democracia

Lo alarmante de esta situación es que la batalla contra la Jefatura del Estado no se está dando desde grupúsculos de la oposición «antisistema» o radical, ni desde esferas en los aledaños del Gobierno. La batalla contra la Constitución y contra el sistema del 78, concentrada en la Institución que la representa de forma permanente y más allá de la coyuntura o el color del Gobierno de turno, se ha organizado desde el Gobierno de la Nación.

No permitamos que nos confundan. No son los ministros comunistas o bolivarianos quienes llevan la batuta; ellos son los perros que suelta y azuza el jefe de la jauría; el jefe es Pedro Sánchez.

El origen de la confrontación

Tampoco nos dejemos engañar en cuanto al origen de esta confrontación. Todo se desató el 3 de Octubre de 2017, cuando el rey pronunció aquel discurso memorable en defensa de la democracia y la ley. Y todo cristalizó cuando Sánchez llegó al Gobierno y, desde allí, con sus socios de la moción de censura primero y del gobierno de coalición después, decidieron liquidar el sistema del 78. Para acabar con la Nación democrática saben que han de derribar a su máximo exponente: la Jefatura del Estado. Y en eso están; y contra eso es contra lo que hay que luchar.

Buen día para recordar el discurso del Rey:

«Estamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida democrática. Y en estas circunstancias, quiero dirigirme directamente a todos los españoles. Todos hemos sido testigos de los hechos que se han ido produciendo en Cataluña, con la pretensión final de la Generalitat de que sea proclamada ilegalmente la independencia de Cataluña.

Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno.

Con sus decisiones han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado. Un Estado al que, precisamente, esas autoridades representan en Cataluña.

Han quebrantado los principios democráticos de todo Estado de Derecho y han socavado la armonía y la convivencia en la propia sociedad catalana, llegando, desgraciadamente, a dividirla. Hoy la sociedad catalana está fracturada y enfrentada.

Esas autoridades han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles; y con su conducta irresponsable incluso pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de Cataluña y de toda España.

En definitiva, todo ello ha supuesto la culminación de un inaceptable intento de apropiación de las instituciones históricas de Cataluña.

Esas autoridades, de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia. Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común.

Por todo ello y ante esta situación de extrema gravedad, que requiere el firme compromiso de todos con los intereses generales, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional y el normal funcionamiento de las instituciones, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña, basado en la Constitución y en su Estatuto de Autonomía.

Hoy quiero, además, transmitir varios mensajes a todos los españoles, particularmente a los catalanes.

A los ciudadanos de Cataluña -a todos- quiero reiterarles que desde hace décadas vivimos en un Estado democrático que ofrece las vías constitucionales para que cualquier persona pueda defender sus ideas dentro del respeto a la ley.

Porque, como todos sabemos, sin ese respeto no hay convivencia democrática posible en paz y libertad, ni en Cataluña, ni en el resto de España, ni en ningún lugar del mundo. En la España constitucional y democrática, saben bien que tienen un espacio de concordia y de encuentro con todos sus conciudadanos.

Sé muy bien que en Cataluña también hay mucha preocupación y gran inquietud con la conducta de las autoridades autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus derechos.

Y al conjunto de los españoles, que viven con desasosiego y tristeza estos acontecimientos, les transmito un mensaje de tranquilidad, de confianza y, también, de esperanza.

Son momentos difíciles, pero los superaremos. Son momentos muy complejos, pero saldremos adelante. Porque creemos en nuestro país y nos sentimos orgullosos de lo que somos. Porque nuestros principios democráticos son fuertes, son sólidos. Y lo son porque están basados en el deseo de millones y millones de españoles de convivir en paz y en libertad. Así hemos ido construyendo la España de las últimas décadas. Y así debemos seguir ese camino, con serenidad y con determinación. En ese camino, en esa España mejor que todos deseamos, estará también Cataluña.

Termino ya estas palabras, dirigidas a todo el pueblo español, para subrayar una vez más el firme compromiso de la Corona con la Constitución y con la democracia, mi entrega al entendimiento y la concordia entre españoles, y mi compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de España».

Buen día para volver a leer el discurso de Felipe VI, nuestro Rey y nuestro Jefe del Estado para saber que estamos en una situación en que nos van a obligar a elegir entre el Gobierno de Sánchez y la democracia. Yo elijo democracia; yo elijo al Rey.

¡Viva la Constitución! ¡Viva el Rey!

Fuente: Rosa Díez – Expansión 

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