¿Qué piensan los muertos por el virus de los políticos?

¿Qué piensan los muertos por el virus de los políticos?
¿Qué piensan los muertos por el virus de los políticos? - EFE -
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Menos puños, menos rosas, menos gaviotas o charranes y más cohesión, que los cielos ya están repletos de muertos y las tierras de enfermos e infectados.

Creo saber a ciencia cierta lo que piensa el ministro de Sanidad sobre cómo se está gestionando la pandemia en Madrid. No hay más que estar atento a los medios de comunicación para saber que Salvador Illa, que es como la ‘doña Rogelia’ del ventrílocuo Pedro Sánchezno está nada de acuerdo con las medidas adoptadas en la comunidad autónoma presidida por Isabel Díaz Ayuso. También imagino lo que pasa por el magín de la presidenta regional: que lo está haciendo bien y que el ‘confinamiento light’ que ha pergeñado con algunos miembros de su equipo -Ciudadanos también está en el juego- es el bálsamo de Fierabrás que todo lo curará.

Illa es un filósofo; Ayuso, una periodista. Y los dos, por suerte o por desgracia, son políticos. Digan lo que digan en público, piensan y hacen lo que más les conviene a ellos, a su formación o a sus siglas, alejándose de las sociedades que gobiernan, aunque siempre tienen entre ellas a palmeros que les ríen las gracias, les aplauden la socarronería y les sacan a la sillita de la reina a pasear tras sus discursos llenos de titulares para los medios.

Los muertos por la Covid querrían más vida a cambio de menos política facilona y de posado para los fotógrafos

Intuyo lo que discurre por sus mentes, sensación ampliable a lo que piensan sus líderes de cabecera. Pero a mí me gustaría más saber qué piensan los muertos por la Covid de ellos y de la pandemia; o lo que pensaron antes de expirar por última vez. Sería una muestra estadística que estaría cualificada para mandar a su casa o a paseo a más de uno/una, ya que estamos hablando de más de 31.000 personas que han dejado de ser habiendo sido hasta que el bicho se presentó en sociedad. Esos más de 31.000 individuos -si nos atenemos a las cifras oficiales que distarían mucho de las reales- querrían, no me cabe la menor duda, más vida a cambio de menos política facilona y de posado para los fotógrafos. Y para saber esto no es necesario recurrir a ouijas ni a rezos en voz alta.

Menos banderas en Sol y en la M-30 de Madrid; menos hacer de papá y de Pepito Grillo. Más honestidad y coherencia, más hombro con hombro, más negro sobre blanco que gris entre cenizas de crematorio. Menos puños, menos rosas, menos gaviotas o charranes, que los cielos ya están repletos de muertos y las tierras de enfermos.

Menos puños, menos rosas, menos gaviotas, que los cielos ya están repletos de muertos y las tierras de enfermos

La Covid es una enfermedad bien perra: no tiene estacionalidad, no muere con el calor del verano (cuando se pensaba que así sería); no hay vacuna contra la infección, hay casos asintomáticos que convierten a quienes portan el bicho en caballos de Troya en potencia… Un virus que igual te mata que te deja con unas secuelas que van más allá de poder oler o no las flores: trombos, problemas pulmonares, mentales… El infierno para un hipocondríaco. Hay para dar y tomar.

Los políticos no tienen la culpa de la sorpresiva aparición del coronavirus; sí tienen responsabilidad por la gestión. Uno se puede equivocar, claro está, pero ser actores de un penoso espectáculo político con la que está cayendo es impúdico. Sánchez y Ayuso se saludan a lo oriental y se prometen cooperación y lealtad; los equipos de trabajo se reúnen y eligen a un portavoz de prestigioel microbiólogo Emilio Bouza; la presidenta regional manda a dar la cara a segundos espadas que comunican ocho ‘confinamientos light’ más que se suman a los 36 anteriores; minuto antes o minuto después, como si fuera contraprogramar una película del oeste para reventar la audiencia de un sálvame cualquiera, el ministro Illa sale a decir que lo que vende la Comunidad de Madrid es humo y que lo que hay que hacer es lo que el Gobierno indica; horas después el propio Illa, ya sin miramientos, comparece para aclarar lo que se dirime: obediencia o estado de alarma; El gallego Bouza, que es buen profesional y sensato, no se presta al juego y manda al carallo a unos y a otros; como respuesta a Sanidad, el Ejecutivo de Ayuso hace saber que aceptará las medidas propuestas por el Gobierno de España siempre y cuando se apliquen en todo el Estadocomo si Ayuso tuviese competencia para semejante aventura… Y así todo, aunque mientras se proyecta el culebrón la gente enferma o muere.

Illa y Ayuso deberían meterse en un despacho y no salir ni para orinar hasta que anunciasen el ‘Habemus papam’

Todos estamos seguros de que cuando se produce un atraco o un robo, se llama a la Policía o a la Guardia Civil y ésta acude al lugar del suceso; que si hay un incendio en un monte, por poner un ejemplo, hasta allí se desplazan recursos, bomberos y vecinos de la zona afectada y de las limítrofes. Un todos a una, como en Fuenteovejuna.

La Covid ha mostrado que decenas de miles de muertos y cientos de miles de infectados no son suficientes para que un manojo de políticos vergonzantes se pongan de acuerdo en algo tan básico como salvar vidas. A ellos les va más la escenografía mediática. Illa y Ayuso deberían meterse en un despacho y no salir de él ni para orinar hasta que fuese posible anunciar el ‘Habemus papam’. Un acuerdo para proteger a la ciudadanía. A la de todo el país. En su día, a los cardenales reunidos en Roma, cuando eran incapaces de concentrar sus voluntades en un papable, se les recortaba progresivamente la comida para que acelerasen las negociaciones. ¡Y vaya si corrían! Pues eso.

Mucho me temo que la Comunidad de Madrid no lo está haciendo bien, y el Ministerio de Sanidad, tampoco. Aunque ellos piensen lo contrario. Unos y otros -separados ideológicamente por las siglas de sus partidos- serán recordados por esto. Ustedes y yo, si antes no pasa la parca, lo veremos.

Los muertos tienen la mala costumbre de no hablar pero se les entiende perfectamente todo lo que dicen

Lo urgente y necesario es dotar a toda la Sanidad Pública (no solo a la madrileña) de mejoras en las infraestructuras, más equipamientos y más profesionales que nos hagan seguir sintiendo verdadero orgullo de una maravilla sanitaria de carácter universal que está entre la espada y la pared solo por dinero. Y en este viaje la sanidad privada no es un enemigo. Ya hablaremos de la Educación, que necesita más o menos lo mismo que la Sanidad. Y las dos, cordura política.

Los muertos tienen la mala costumbre de no hablar pero se les entiende perfectamente todo lo que dicen.

Fuente: Antonio S. Maeso – La Información

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