Podemos: la okupación es una «leyenda urbana»

Podemos: la okupación es una «leyenda urbana»
Pablo Echenique, en el Congreso - EFE
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Los socios de Pedro Sánchez hacen en el Congreso parodia y negacionismo de un delito que desespera a la sociedad.

A Teresa y a Francisco, cuyas respectivas viviendas en Espartinas y en Ginés (Sevilla) fueron okupadas por una misma mafia y luego alquiladas a gente que entraba y salía en coches de 50.000 euros, como narró ABC en julio, convendría que Podemos les explicara que lo suyo fue un «bulo» y «una leyenda urbana».

También sería bueno que los de Pablo Iglesias se acercaran al Molino de la Vega, otro caso en el corazón de Huelva capital documentado por este diario, para que sus vecinos reconocieran que eso de que su barrio estuvo dos años literalmente bajo la amenaza de quienes habían usurpado un edificio entero no es más que «un relato falso» y un «raca-raca» para enriquecer empresas de seguridad privada.

Es lo que el pasado miércoles, la formación que comparte Gobierno con Pedro Sánchez defendió en el Congreso de los Diputados dentro de un debate propiciado por Vox, que pedía apoyo para cambiar la ley y que los desalojos policiales se hagan en 24 horas máximo. También para que adueñarse ilegalmente de una vivienda ajena se castigue con cárcel.

Tras un verano en que medios de comunicación de todas las sensibilidades han documentado casos lacerantes de okupación, -el 12 de julio este periódico abrió camino dedicando su portada a denunciar la profesionalización organizada de este delito-, el negacionismo exhibido esta semana en la Cámara Baja por los partidos que llevaron al PSOE a La Moncloa sonó delirante.

Un ejercicio de sonambulismo político que no deberían perderse los 8.000 afectados que han denunciado okupaciones este año, a razón de 41 por día, como subrayó el PP. Que no dudó en elevar la petición de responsabilidad y acusar a los socialistas de estar empezando «a ser cómplices de toda una filosofía donde se okupa como forma de acceso a la vivienda».

Los protocolos librados recientemente por la Fiscalía General y por el Ministerio del Interior para amparar a las víctimas fueron tildados por la oposición de puro maquillaje sin efecto. La diputada del PSOE Eva Bravo, por el contrario, las bautizó como «las medias que solucionarán este problema».

Privilegios de ricos

Edmundo Bal, de Ciudadanos, diagnosticó esta evasión de la realidad okupa exponiendo que quien bromea sobre ello es por una de dos razones posibles, o por las dos, -decía-, «primero, porque nunca le han okupado la casa y, segundo, porque el populismo se mueve de forma muy confortable en la desobediencia a la ley y en el caos».

Lo hacía dando fe de un caso más con nombre, Pilar, circunstancias -«enfermera de 62 años, de esas heroínas a las que aplaudíamos a las ocho de la tarde»- y detalles: le entraron en el piso en Vic mientras trabajaba en su centro de salud de Reus y ahora le tiene que pagar la luz al intruso -«más de 200 euros al mes»- porque si le corta el suministro, la delincuente pasa a ser ella. Y entretanto «vete a un abogado, que mientras dure el procedimiento yo me voy a quedar en tu casa», parafraseaba el diputado poniéndose en lugar del okupa. Así «el okupa se ríe de Pilar, Pablo Echenique se ríe de Pilar», abundaba Bal a cuenta de un tuit en el que el parlamentario de Podemos escribió que «la pandemia de okupaciones» es lo mismo que encontrar vida en Venus, esto es, «la intoxicación por sistema».

De lo que se escuchó en el hemiciclo se desprende nítidamente, no ya que parte de las fuerzas políticas creen que no hay problema alguno, sino que cuestionan la existencia misma de las ocupaciones. Imprescindible ahí la intervención de Gabriel Rufián, de ERC, sosteniendo que el único objeto de lo que para él sólo ha sido una campaña estival en las televisiones es «tapar lo del Rey emérito». O mofándose de que la gran desocupación del año ha sido «la de los Franco del Pazo de Meirás». «Quienes os mintieron con el 11-M, con la crisis, con el rescate bancario, os están mintiendo también con esto», advirtió.

Rufián, y con él Bildu, el PNV, Podemos y hasta el PSOE están juntos ahora en el empeño de recolocar a la baja en el imaginario social el concepto de okupación. Para ello no paran de diferenciar entre el tipo penal del allanamiento, que va de vivienda habitual o incluso la segunda. Cosa de ricos, dan a entender. «Ustedes no vienen aquí a defender la propiedad de los trabajadores sino los privilegios de los poderosos», reprochó desde la tribuna a Vox Néstor Rego, del BNG.

Luego inciden muy por separado en aquello de la usurpación, que alude a inmuebles que no son «morada». Se trata en general de propiedades de bancos o fondos buitre, repite la izquierda, que claramente disculpa esta práctica atribuyéndosela a colectivos vulnerables -«son mafias, no caigan en la demagogia», avisó Cs- e invocando el artículo 47 de la Constitución que recoge el derecho a la vivienda, que bien saben todos que no es de prestación. Ignoran también la verdad incómoda de que las intrusiones en esos pisos desemboca casi siempre, al igual que si son privados, en el grave quebranto colateral de vecindarios enteros. «Delincuencia suciedad y amenazas y, para rematar, pagar los gastos de toda la comunidad» relataba desde la tribuna José María Mazón, del cántabro PRC, remitiéndose a la experiencia de los habitantes legales de una urbanización de 43 viviendas con 25 de ellas ocupadas.

La iniciativa de Vox de endurecer las penas contra este delito no prosperó debido a 191 votos en de contra PSOE, Podemos, ERC, PNV, Bildu y BNG. Votaron a favor los proponentes, PP, Ciudadanos y Foro Asturias.

Fuente: Laura L. Caro – ABC

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