¿Quién metió a Podemos en Moncloa? Pues eso…Si Sánchez no controla este Gobierno, debe cambiarlo ya

¿Quién metió a Podemos en Moncloa? Pues eso…Si Sánchez no controla este Gobierno, debe cambiarlo ya
FERNANDO CALVO
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No hay precedentes en democracia de la crisis institucional abierta por Podemos. El ataque orquestado contra Felipe VI esta vez no se ha limitado a portavoces de las marcas territoriales de la formación morada: lo ha liderado el todavía ministro de Consumo, Alberto Garzón, y lo ha secundado un vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias. El mismo Iglesias que hace una semana fijó la destrucción de la Monarquía parlamentaria en España como prioridad política de la agenda de su partido.

La coartada escogida para salir en tromba contra el Jefe del Estado no puede delatar mayor cinismo. Felipe VI no rompe su neutralidad institucional por llamar a Carlos Lesmes para agradecerle sus palabras durante la tradicional entrega de despachos a la nueva promoción de jueces en Barcelona. Fue Sánchez quien, por el estricto cálculo partidista de no enfadar a sus socios separatistas, transgredió la norma del protocolo, de la tradición y de la decencia al vetar al Jefe del Estado en el acto solemne que acredita a los nuevos funcionarios del Poder Judicial para administrar Justicia en nombre del Rey, según dispone la Constitución. Ante semejante humillación, agravada por el oscurantismo y por la mentirosa versión oficial de las razones de seguridad, los jueces reaccionaron con indignación legítima, como legítimo fue el coraje de Lesmes al lamentar el veto a Felipe VI. Hemos llegado al punto en que el Estado deba defenderse del Gobierno, del achique de espacios que le está practicando el sanchismo a la Justicia y a la Corona con agresividad apenas disimulada por la cínica defensa de Carmen Calvo, que aplaudió el veto y luego elogió al Rey.

Pero la principal responsabilidad en este imparable deterioro institucional no es de Iglesias. Él nunca ocultó su propósito. El culpable de meterlo a él y a Garzón en el Gobierno es Sánchez. Y debe ser él quien ponga coto a esta deriva destituyente. Alberto Garzón, que nunca debió ser nombrado, ha de ser cesado inmediatamente, como ha exigido el PP. Si Sánchez no puede o no quiere mantener a la facción populista de su Gobierno dentro del perímetro constitucional, y si llegado el caso no rompe una coalición inviable y tóxica, él se habrá convertido en el mayor cómplice de los enemigos del Estado y de la Constitución.

Fuente: El Mundo

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