Europa no se fía ni de Pedro ni de Pablo

Europa no se fía ni de Pedro ni de Pablo
Pedro Sanchez y Pablo Iglesias en la primera sesion de control al nuevo Gobierno en el Congreso de los Diputados/Foto: Alberto R. Roldan/La Razon
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Por mucho prestigio que tenga Calviño, no compensa la desconfianza que generan el presidente y el líder de Podemos.

¿Se fían en Bruselas del Gobierno de Sánchez? Más bien poco. Y ¿en las capitales que pesan más como Berlín o París? Tres cuartos de lo mismo. Y eso es una clara desventaja a la hora de negociar el dinero del Fondo de Recuperación, los preasignados 140.000 millones de euros que ahora hay que ganarse presentando los proyectos correspondientes, si es que existen. Por ejemplo, resulta muy difícil explicar en la capital alemana a Merkel y su equipo, que el mismo día en el que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se reunía con la responsable del «Lander» más importante de España, es decir, Madrid, el vicepresidente de su Ejecutivo de coalición, Pablo Iglesias, estuviese convocando manifestaciones contra Isabel Ayuso en una situación de máxima gravedad sanitaria en esa comunidad autónoma.

Primera posibilidad: Sánchez estaba al tanto, pero se tenía repartidos los papeles de poli bueno y poli malo con Iglesias; sin embargo, con la que está cayendo eso no se entiende por ahí fuera y genera mucha desconfianza. Segunda posibilidad: que Sánchez no supiese lo que hacía el líder de Podemos y que este haya actuado por su cuenta; estaríamos en las mismas porque ¿qué confianza se puede tener en un Gobierno de coalición en el que andan a garrotazos? En resumen, que por mucho prestigio que tenga la vicepresidenta Nadia Calviño, representante de la ortodoxia en España, no sirve para compensar la desconfianza que generan Pedro y Pablo por ahí fuera. Habrá condiciones para recibir el dinero, como quedó claro en la Cumbre Europea de julio cuando se aprobó el Fondo de Recuperación. Pero en el caso de España nos mirarán con más lupa todavía, a medida que se vayan concretando las normas y procedimientos en Bruselas, simplemente porque no se fían.

Fuente: César Lumbreras – La Razón

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