Barro en la Fiscalía

Barro en la Fiscalía
Dolores Delgado y Luis Navajas
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Lo que ha hecho Luis Navajas no es defender sus propios argumentos, que son legítimos si no aprecia indicios de delito en la conducta del Gobierno, sino pasar de golpe numerosas facturas al cobro.

Es inédito que todo un teniente fiscal del Tribunal Supremo reaccione con tanta virulencia pública a la crítica jurídica, y social, recaída sobre el escrito en el que se opuso a investigar siquiera una sola de la veintena de querellas presentadas contra miembros del Gobierno por la gestión del coronavirus. Y es inédito que además ese mismo teniente fiscal avance en prime time radiofónico el idéntico destino que merecen varias decenas de denuncias que, a su juicio, mejor estarían en la papelera de sus promotores que sobre su mesa, haciendo perder el tiempo a los fiscales y a la secretaría general técnica de Dolores Delgado. Resulta inquietante la sobreactuación de Luis Navajas despreciando las críticas, comprometiendo la dignidad de compañeros de su propia Fiscalía porque le «presionaron» para forzar la incriminación del Gobierno de Pedro Sánchez, o justificando con argumentos ideológicos su negativa a convocar a la Junta de Fiscales de Sala para debatir el futuro de tanta querella. Probablemente, Navajas nunca se habría pronunciado de forma tan expresa y ostentosa si su jubilación no estuviese próxima porque hay mucho de vendetta interna.

Lo que ha hecho Luis Navajas no es defender sus propios argumentos, que son legítimos si no aprecia indicios de delito en la conducta del Gobierno, sino pasar de golpe numerosas facturas al cobro que han convulsionado la Fiscalía. Hoy, ningún español podrá sustraerse ya a la idea —falsa— de que la Fiscalía del Supremo es una suerte de cueva de conspiradores politizados de la derecha al acoso y derribo del Gobierno. En eso, misión cumplida de Navajas… porque, consciente o no, su discurso contribuye a legitimar los ataques a las togas a los que se ha acostumbrado, por ejemplo, el vicepresidente Pablo Iglesias.

Con todo, lo más chocante en las verborreicas revelaciones de Navajas no es atribuir criterios ideologizados a compañeros de Sala que hasta hace días eran amigos suyos —según su propia confesión—, sino el blanqueamiento que por vía indirecta hace de la fiscal general del Estado, Dolores Delgado, pese a haber sido ministra y no ser precisamente imparcial y objetiva. Navajas ha contribuido a alterar aún más los tensos, y siempre opacos, equilibrios de las togas.

Antes, con fiscales generales socialistas, las togas debían mancharse con el polvo del camino. Después, con ministros del PP, la Fiscalía «afinaba» lo que fuera necesario. Ahora sabemos además que la Fiscalía malvive en una guerra civil viciada de rencores personales e ideológicos. Quizás Navajas intuya que la Sala Penal del Supremo sí aprecie indicios de delito allí donde él ha echado paladas de tierra. Pero es que la de Navajas, por explosiva que sea, no va a ser la última palabra.

Fuente: Manuel Marín – ABC

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