La Cruz del Valle de los Caídos fue una pesadilla para Franco

La Cruz del Valle de los Caídos fue una pesadilla para Franco
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El arquitecto de Cuelgamuros explicó en 1957 en ABC las dificultades que entrañó la construcción del monumental símbolo.

 

¿ Qué ocurrirá con la Cruz del Valle de los Caídos cuando se apruebe el anteproyecto de la Ley de Memoria Democrática? El Gobierno aún no ha precisado cuál será el destino de este imponente símbolo que se eleva hasta los 150 metros de altura y cuyos brazos miden 46 metros. Su apuesta por la «resignificación» del mausoleo franquista y la creación de un cementerio civil apunta, sin embargo, a un posible derribo de la cruz que costó trabajo levantar sobre el monte vaciado.

«La Cruz fue nuestra pesadilla»explicó Diego Méndez a ABC en julio de 1957, antes de la inauguración del monumento. En 1950, el entonces encargado de las tareas arquitectónicas en la Casa Civil del Jefe del Estado no se había presentado «por elemental delicadeza» al concurso que se abrió con ese espinoso tema, y que fue declarado desierto, pero Franco le ordenó que completase la obra y coronase la basílica subterránea con un símbolo imperecedero.

Franco revisa unos planos durante una de las visitas a las obras del Valle de los Caídos+ info
Franco revisa unos planos durante una de las visitas a las obras del Valle de los Caídos

«Presentar una Cruz en lo alto del risco que trepa a las nubes sin que pareciera enana, vulgar de estilo y proporciones era la pesadilla tanto para Franco como para mí», le explicó a Tomás Borrás, escritor, periodista y Cronista Oficial de la Villa de Madrid.

Proyecto de Luis Moya, Enrique Huidobro y Manuel Thomas
Proyecto de Luis Moya, Enrique Huidobro y Manuel Thomas

Méndez tenía experiencia. Había llevado a cabo las obras de restauración en el Castillo de Viñuelas, el Palacio del Pardo y en el Palacio de la Zarzuela. Pero aquel proyecto era particularmente complejo. «No en vano compañeros ilustres retrocedieron ante el problema», destacó el arquitecto de Cuelgamuros.

«Pasaron meses y no daba con la solución», explicó Méndez, hasta que «un día, de modo inesperado, mientras aguardaba que mis cinco chiquillos se vistieran para ir a misa, absorto, casi iluminado, casi instrumento pasivo, el lápiz en la mano con el que hacía arabescos en un papel, sin darme cuenta dibujé exactamente la Cruz tal como está ahora en su materia clavada en la elevación poderosa».

La cruz, durante su construcción+ info
La cruz, durante su construcción

La cruz, de cemento armado, comenzó a cimentarse en junio de 1950. «Esto indica cuánto hizo sufrir a su ideador y a los constructores esa pieza maestra del Monumento. Única en el mundo», subrayaba Borrás. Su construcción finalizó en 1954 sin que hubiera que lamentar ningún accidente de gravedad.

Obras del Valle de los Caídos+ info
Obras del Valle de los Caídos

En las obras del Valle de los Caídos habían trabajado «unos dos mil operarios» durante quince años, de los que según Méndez solo «ochenta» eran presos. Muchos de ellos reclusos republicanos de la Guerra Civil, según se supo después. «Quizá sin ellos no hubiese sido posible excavar la montaña. Recuerde que tiene 40,75 metros de altura la cúpula central… Estos hombres, en su mayoría condenados por delitos estremecedoras, por su misma índole carecían de miedo, no les importaba nada arrostrar los mayores peligros. Ellos horadaron el granito, se subieron a andamios inverosímiles, manejaron la dinamita… Han jugado, día a día, con la muerte… Y triunfado de ella. Todos están en la calle gozando de su bien ganada libertad. Pues sin ellos, la obra hubiese durado muchos más años, con empleo de máquinas en número mayor y con dispendios crecidos», aseguraba el arquitecto. Entre los excavadores sí que hubo que lamentar cuatro muertos, una cifra «asombrosamente baja», a juicio de Méndez, teniendo en cuenta el número de personas y de horas trabajadas.

Unos días antes, Blanco y Negro había calificado en sus páginas de «maravilla técnica sin precedente» la construcción con cemento armado y sin andamiaje de los brazos de la cruz, 48 metros de longitud a 125 metros de altura, huecos, como el tronco. «Para que el lector pueda hacerse una idea de lo que representa la supresión del andamio en una obra como ésta le bastará conocer el siguiente dato: la elevación de un andamio hubiera significado multiplicar por cuatro el costo de la obra. Otro detalle, prueba del rigor adoptado en este trabajo, es que no hubo que lamentar en su curso ningún accidente grave. Peso total: 141.000.000 de kilos».

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Las figuras humanas junto a los monumentales cuatro evangelistas de Juan de Ávalos, de 18 metros de altura cada uno, que descansan a los pies de la cruz daban la escala de sus grandiosas dimensiones.

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Mientras, en el interior de la cruz, cuyo tronco es como una gigantesca chimenea, un ascensor y una escalera de emergencia permiten el acceso hasta los brazos, que también son practicables. La subida hasta el final de la cruz se realiza por medio de una escalera de caracol.

Para Tomás Borrás no había duda. Esos 150 metros de altura, las dimensiones de sus brazos, los ascensores interiores, los grupos escultóricos en relación con los agrupamientos de ingentes rocas, la fuerza tremenda del viento en aquellos parajes, las inclemencias de invierno y verano… todo ello hacía de esta obra «un caso de genialidad en los realizadores». Aunque muchos extranjeros, según contaba Méndez, se quedaran «pasmados tanto de la obra en sí, como de la que llaman «su inutilidad»» al conocer que no tenía ninguna rentabilidad.

Fuente: Mónica Arrizabalaga – ABC

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