Francia: radiografía del aumento de la violencia

Francia: radiografía del aumento de la violencia
J. P. QUIÑONERO
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Un cóctel explosivo de salafismo y delicuencia común saca a la luz una sociedad golpeada por el yihadismo, la marginación social y el coronavirus.

Gérald Darmanin, ministro del Interior, prepara una Ley que debiera combatir el separatismo (religioso y cultural) tras haber denunciando un crecimiento alarmante de la violencia y el salvajismo, en la periferia (la «banlieue») de París y otras grandes ciudades, convertidas en una selva multicultural cuyos frutos podridos son los estallidos recurrentes de todo tipo de violencias. Manuel Valls, exministro del Interior y exjefe de Gobierno, comenta ese proyecto en estos términos: «No nos engañemos. Tras la palabra “separatismo” estamos hablando de islamismo, el islamismo integrista de los salafistas y el islamismo de los Hermanos Musulmanes, partidarios de infiltrar la administración pública…». Dos variantes del islam francés que están en el origen de muchos estallidos de violencia.

Paul Godefrood, ensayista, analiza la emergencia de un «salvajismo a la francesa» de este modo: «Estamos asistiendo a un estallido de la violencia individual, y en grupo, agravado por la crisis sanitaria. Un adolescente puede ser apaleado hasta la muerte por pedir a los usuarios de un autobús que usen la máscara. Un policía puede ser apuñalado por pedir a una banda que paguen el billete de metro. ¿Salvajismo? Tanto da el nombre, es evidente el agravamiento de la violencia suburbana».

Alain Bauer, especialista en delincuencia suburbana, estima que Francia asiste a una explosión de la violencia callejera, que resume en una sola cifra: «Las agresiones físicas, callejeras, han crecido en un 200% desde que Macron fue elegido presidente de la República. Él no es culpable de esa emergencia del salvajismo que denuncia el ministro del Interior. Quizá sea una víctima de un proceso que tiene raíces muy profundas. Pero la realidad no puede ser más alarmante».

Tras la propagación del Covid-19, los estallidos de violencia salvaje se han agravado en un departamento y tres ciudades que quizá tengan una dimensión simbólica particular: Saint-Denis (departamento y ciudad, 1.655.000 y 111.354 habitantes, en 2019), Bobigny (52.864 habitantes) y La Courneuve (42.485 habitantes).

París y Marsella son las dos grandes ciudades más peligrosas y con mayor delincuencia de Francia. Pero Saint-Denis (al norte de París) es el departamento con la criminalidad más alta. Y su capital, la ciudad de Saint-Denis, una de las matrices políticas de la nación, es una ciudad donde la población blanca disminuye, cuando crece de manera espectacular la población de origen africano y magrebí.

Saint-Denis

Notre Dame de París y la basílica de Saint-Denis son el corazón religioso y quizá cultural de la nación. Ayer, al salir de la estación Basílica de Saint-Denis del tren suburbano, a quinientos metros de las tumbas reales, bandas de jóvenes franceses de origen africano ofrecen a quien esté interesado tabaco de contrabando y marihuana y hachís de origen marroquí. Caminando hacia la explanada de la basílica, se suceden puestos que venden correas con puntas de hierro, atendidas por señoras con perro y bozal, entre grupos de musulmanas con velo que comercian con productos orientales. Saint-Denis, ciudad y departamento, tienen una criminalidad excepcional. Unos doscientos atracos a mano armada de tiendas, comercios, domicilios privados, empresas de transporte de fondos, el año pasado: unos dos atracos a mano armada, por semana, durante 2019. Más de 3.500 atracos con arma blanca el año pasado. Más de 4.500 robos de coches, en los últimos doce meses.

Bobigny

Bobigny, al noreste de París, tiene otras dos dimensiones altamente simbólicas. Es la ciudad media mas peligrosa de Francia. En ella está el primer Hospital Franco-Musulmán de Francia, el Hospital Avicena, construido en 1938, en un intento de integración de la población magrebí que comenzaba a crecer. Fue en ese hospital y otros hospitales próximos donde la pandemia del Covid-19 comenzó a propagarse de manera inquietante a finales del mes de marzo pasado. Françoise Gigou, enfermera, comenta: «Qué quiere que le diga. La inmensa mayoría de nuestra clientela son franceses o inmigrantes negros y/o musulmanes, africanos o magrebíes, de primera o segunda generación. Si toma usted el tranvía que comunica el hospital con París comprenderá cómo se pudo propagar el virus. La higiene es muy modesta. Los hábitos culturales muy distintos. Y el hacinamiento evidente, palmario». El multiculturalismo de Bobigny tiene dos dimensiones: una criminalidad excepcional y una «experimentación política» de nuevo cuño. Con 52.864 habitantes, Bobigny sufrió en 2019 más de 5.000 robos, 2.273 actos violentos, más de 500 delitos económicos». Una situación de violencia diaria, con un equipo municipal muy multicultural. Abdel Sadi (58 años), el alcalde de la ciudad, es un francés nacido en la periferia de París, en el seno de una familia de origen magrebí. Miembro del PCF, tiene en su equipo municipal a Lynda Benakouche, esposa del miembro de la Banda de los Bárbaros, Jean-Christophe Soumbou, condenado a 18 años de cárcel por el secuestro, tortura y asesinato del miembro de una banda enemiga.

Drancy-La Courneuve

Abdel Sadi, el alcalde de Bobigny, nació entre Drancy (71.000 habitantes) y La Courneuve, otras dos ciudades altamente simbólicas en la geografía del nuevo salvajismo francés. Los nazis enviaban desde Drancy a judíos y gitanos a los campos de concentración y exterminio La Courneuve, por su parte, se ha convertido en uno de los feudos del salafismo francés, que los servicios de seguridad consideran como un semillero de vocaciones yihadistas. Entre 2014 y 2019, La Courneuve ha sufrido una media de diez homicidios o tentativas de homicidio por año, un centenar de actos violentos contra fuerzas del orden, un centenar de estallidos de peleas callejeras. Y hace unos años estalló una suerte de guerra civil entre musulmanes de distinta sensibilidad. En su día, las mafias salafistas amenazaron de muerte a algunos imanes partidarios del diálogo entre musulmanes, cristianos y judíos. El imán Hassen Chalghoumi, presidente de una asociación partidaria del diálogo y la integración vive con escolta policialo de muerte. La mezquita Al-Nour, donde Chalghoumi predica su versión del islam, está vigilada sistemáticamente por las fuerzas de seguridad del Estado.

El caso del imán Chalghoumi «solo» es uno entre una «nube» de enfrentamientos con muchos flecos violentos. Las bandas salafistas intentan imponer su «ley» en los barrios donde son «mayoritarias». Pero deben afrontar una «competencia» de nuevo cuño. En las inmediaciones del centro comercial «L’Avenir», en La Courneuve, son muy visibles y activos los centros, restaurantes y lugares de «recreo» donde comienzan a imponerse los musulmanes de origen turco, de una violencia temible.

Si Marsella es una de las «capitales» europeas del tráfico de armas, Saint-Denis, Bobigny y La Courneuve se han convertido en símbolos de un multiculturalismo indisociable de la inseguridad y la violencia suburbana.

Fuente: Juan Pedro Quiñonero – ABC

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