Pablo Iglesias quiere crear empresarios afines

Pablo Iglesias quiere crear empresarios afines
Ana Botín con Pedro Sánchez y Pablo Iglesias -EFE-
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A Pablo Iglesias no le gustan nada los actuales empresarios españoles y quiere cambiarlos por otros que él elija. Para ello ha propuesto utilizar los 140.000 millones en fondos europeos, que va a recibir España en los próximos meses, para impulsar cambios en la «actual clase empresarial dirigente». «Del plan de reconstrucción debería surgir una nueva élite empresarial «, ha dicho. «Creo que ahora, estando en el Gobierno y con los fondos europeos que llegan, tenemos la oportunidad -explica el vicepresidente segundo del Gobierno- de promover otros emprendedores que nos permitan construir una dirección empresarial diferente a la que hemos conocido en los últimos tiempos».

También apuesta Pablo Iglesias porque en esa nueva élite que él promueve haya más empresarios catalanes y vascos. «El otro día, el presidente dio una conferencia, a la que yo asistí, ante los principales apellidos del poder empresarial en España y a mí me faltaban más apellidos catalanes y vascos», ha declarado el vicepresidente en una entrevista con La Vanguardia. El líder de Podemos se refiere a la reunión en la que Pedro Sánchez hizo un llamamiento a la unidad y a la que asistieron los principales responsables de las grandes empresas españolas como Ana Botín, Pablo Isla, José Ignacio Goirigolzarri, Carlos Torres, José María Álvarez-Pallete, Isidro Fainé, Florentino Pérez y José Ignacio Sánchez Galán. Pablo Iglesias minusvalora a estos empresarios porque, según él, son hijos de la estructura económica del franquismo y porque han acumulado mucha riqueza en base al amiguismo y a su cercanía al poder.

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Esta estrategia de Pablo Iglesias de utilizar los fondos europeos para cambiar a la clase empresarial y para impulsar sectores y compañías que él considere adecuadas a los intereses que él defiende es tremendamente peligrosa porque supone un intervencionismo y una manipulación evidentes de unas ayudas europeas que son vitales para reparar los fuertes daños provocados por la pandemia del coronavirus en el tejido productivo de nuestro país.

De un reparto justo y equitativo de los fondos va a depender la recuperación del país. Porque existe el peligro de que el olor del dinero desate una batalla campal entre empresas, políticos y lobbies por intentar hacerse con una parte del botín. Un caldo de cultivo que favorecería la ineficiencia. Para evitar este tipo de clientelismo o un reparto discrecional de los fondos se debería crear un órgano independiente que fiscalice cómo se reparten esas subvenciones y préstamos. Lo ideal sería que ese órgano fuese presidido por una figura de prestigio en el mundo económico a semejanza de lo que se ha hecho en otros países como Italia, que ha confiado el diseño de las medidas para facilitar la recuperación a un empresario de prestigio internacional como Vittorio Colao, antiguo gestor de Vodafone y RCS.

Aunque a Pablo Iglesias no le gusten, los actuales empresarios españoles tienen mucho que decir en la recuperación porque han demostrado que son capaces de competir con éxito en todo el mundo, y de hecho hay grupos españoles que son líderes mundiales como Santander, Inditex, Telefónica, Iberdrola, ACS o Cellnex. No puede haber reactivación sin contar con el empuje de empresarios y autónomos, que son los que aportan riqueza y crean puestos de trabajo. No cabe duda de que si hubiera muchos más empresarios y ejecutivos como Amancio Ortega y Ana Botín tendríamos compañías más grandes, que crearían muchos empleos y aportarían riqueza al país. Así trabajaría más gente, bajaría el paro, los ciudadanos progresarían y, consecuentemente, se reducirían las desigualdades sociales que tanto preocupan a Pablo Iglesias.

Los fondos europeos deberían servir para impulsar planes y proyectos empresariales que maximicen el impacto de las ayudas comunitarias en la economía e impulsen el crecimiento y la creación de empleo, evitando que se malgasten en medidas populistas de corto plazo y que sólo satisfagan los intereses políticos de los partidos que sustentan al Ejecutivo, como Podemos. En el reparto del dinero será fundamental identificar los sectores que ya son claves en el desarrollo de la economía española y aquellos que lo pueden ser en el futuro. Además de impulsar temas como la digitalización, la economía verde y el desarrollo del coche eléctrico, también es una buena oportunidad para reindustrializar el país.

La industria llegó a suponer el 38% del PIB en los años 70 y su peso ha ido cayendo hasta suponer hoy el 16,5%. La anterior crisis provocó el cierre de una de cada cuatro fábricas. Impulsar una industria moderna e innovadora es fundamental porque una mejora en la competitividad de la industria incrementaría un 2,3% el PIB. Además de ser un sector que sirve de tractor al resto de la economía (por cada euro que aumenta, se genera un incremento de tres euros en la producción total), es intensivo en mano de obra, tanto directa como indirecta.

La intención de Pablo Iglesias de acabar con la actual clase empresarial y crear una nueva a su medida forma parte de su estrategia de extender continuamente la sombra de la sospecha sobre las empresas, una posición que contrasta con la actitud solidaria y de máxima responsabilidad y compromiso que las compañías españolas han demostrado, tanto en lo humano como en lo social, a lo largo de esta desgraciada coyuntura.

El vicepresidente del Gobierno ha realizado multitud de declaraciones en las que muestra su animadversión hacia el mundo empresarial. Dijo, por ejemplo, que «empresarios como Villar Mir o Florentino Pérez son más enemigos de España que los independentistas» o que «España no puede depender de que un señorito venga dando limosnas», en referencia a las millonarias aportaciones sociales que realiza Amancio Ortega.

Seguro que Pablo Iglesias seguirá odiando a los empresarios porque forma parte de su ideario comunista, pero confío que algún día se convenza de las bondades de la economía de mercado, de que es mejor una sociedad desigual en la que no haya pobres que una sociedad igualitaria, como él propone, en la que todos seamos pobres.

Fuente: Manuel del Pozo- Expansión

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