El botín de la operación Kitchen: Audios de Rajoy, Cospedal y Arenas.

El botín de la operación Kitchen: Audios de Rajoy, Cospedal y Arenas.
El exsecretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez - Kote Rodríguez/EFE/ EP
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Villarejo está convencido de que García Castaño se hizo con el material, aunque él siempre lo ha negado.

 

La Fiscalía Anticorrupción viene definiendo la operación Kitchen como un despliegue parapolicial cuyo objetivo era buscar documentación «comprometedora» para el PP y sus dirigentes que pudiera conservar el extesorero de la formación, Luis Bárcenas, con el «premeditado fin» de ocultárselo a la Audiencia Nacional, que estaba investigando la financiación irregular del partido. Sin embargo, son unos audios del comisario jubilado José Manuel Villarejo los que concretan el «botín» que perseguían.

El principal confidente de la trama, el chófer de Bárcenas, Sergio Ríos, le contó en octubre de 2013, que el extesorero tenía grabado al entonces líder del PP andaluz, Javier Arenas, «soltando lindezas de todo el mundo menos de él», delatando supuestas conductas irregulares. Un audio con el que, decía, «Arenas está muerto». Pero no solo.

Ríos le habló de otra conversación en un despacho con la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y «el presidente» en la que Bárcenas habría «amenazado» a Mariano Rajoy con material sobre ella «y mucho más». «Cómo no lo iba a saber el presidente», comentaba. «Lo único es que ese tipo de conversaciones, macho, en un «pendrive», hay que darle al tarro para encontrarlo», contesta Villarejo.

Lo que encontraron fue el estudio de restauración de la mujer del tesorero, a un par de números de su vivienda habitual, el «zulo», lo llamaban. Pensaban que estaría ahí.

El también investigado comisario Enrique García Castaño consiguió entrar en aquel estudio y siempre ha sostenido ante el juez que no encontró nada. En los audios, Villarejo le pide insistentemente que le proporcione copia del arsenal, dando por sentado que lo tiene. En un momento dado, incluso le anima a utilizarlo en su propio beneficio para evitar una degradación profesional. En otras conversaciones, se frota las manos por la posibilidad que le brinda tenerlo, ya sea para «joder a la pequeñita», en referencia a la entonces vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, o como «chantaje», llegado el caso.

No fue el único hallazgo. García Castaño informó al entonces secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, de que Bárcenas tenía dinero oculto en las Antillas Islandesas y en Cracovia. Esta información no llegó a los investigadores de la Gürtel y la existencia del «zulo» les fue ocultada «deliberadamente», según Anticorrupción.

Martínez, en diferido.

Ese dato es uno de los que ha salido del móvil de Martínez, que no sólo guardaba los SMS que han dejado al exministro Jorge Fernández Díaz al borde de la imputación. El material que se le intervino en la entrada y registro practicada el pasado mes de marzo ha proporcionado a la Fiscalía Anticorrupción una suerte de declaración en diferido, a falta de la suya, que incluye incluso su opinión sobre la causa.

En una nota del teléfono, apuntó su estrategia de «evitar a toda costa la citación» ante el juez dejando que este asunto quedase un tiempo «dormido». Recogía otras impresiones, como que los fiscales «están obsesionados con esta pieza, por venganza y por afán de notoriedad» y «debería haber personas con capacidad de llegar» a ellos, igual que quería llegar al juez. Anotó igualmente que no pensaba caer solo: «Lo que deben tener claro es que yo pediré autorización para hablar de TODO y tengo muy claro que en el asunto que nos ocupa hubo otros servicios que intervinieron».

El eco del CNI

El papel de esos «otros servicios» sobrevuela por toda la causa. El propio Martínez atribuye a «FSR», el exdirector del CNI Félix Sanz Roldán, «el desastre que supuso la detención del Yeti», en clara alusión a Villarejo, con «pleno conocimiento de SSS -se sobreentiende que Soraya Sáenz de Santamaría- y bajo la pasividad total de (el exministro del Interior Juan Ignacio) Zoido, que no se enteraba de nada». Pero no es la única referencia.

En uno de los intercambios de mensajes con Fernández Díaz que obran en la causa, el exministro hablaba de «total coordinación y medios» con el «cecilio», el mote del CNI. Además, García Castaño declaró ante el juez que percibió contravigilancia en algunos momentos de Kitchen: motoristas con cámaras y placas de matrícula falsas.

Olivera, el CITCO

Sí tiene claro ya Anticorrupción que el comisario principal José Luis Olivera tuvo conocimiento del asunto, no sólo por las anotaciones en la agenda de Villarejo, sino también por los audios que obraban en su poder. Comandó la UDEF hasta 2012 y en las fechas de Kitchen (2013) dirigía el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (Citco).

En su escrito, los fiscales plantean un «posible concierto» por el que Olivera desempeñaría una suerte de «control de daños» para el PP frente a los coletazos de Gürtel. Consta un audio con «expresas menciones a una pasada labor de protección» en esa causa, «traición» incluida al ministro socialista Alfredo Pérez Rubalcaba. Villarejo intentó hacerle Director Adjunto de la Policía y alardeó de presionar a Cospedal para lograrlo, pero no lo consiguió. En su presencia, hablando de Bárcenas, Villarejo resumió: «Se empleó a la Policía en destruir pruebas en vez de para aportarlas al juez». No lo rebatió. Además, fue a Olivera a quien contó que debían meter en la policía al chófer para que no les delatase a todos.

El chófer, policía

Sergio Ríos entró en el Cuerpo pasados los 40 y el penúltimo de su promoción. Cuando se publicó que el chófer de Bárcenas se hacía policía, Martínez escribió aliviado a otro investigado, el comisario Andrés Gómez Gordo:«De todo lo que podía salir, no me parece lo peor».

Ríos empezó de portero de discoteca, se convirtió en chófer de altos cargos en la Comunidad de Madrid y acabó conduciendo para Bárcenas y su esposa cuando él entró en prisión provisional. Estuvo cobrando 2.000 euros al mes de los fondos reservados después de aceptar la oferta de Villarejo, que le llamaba «cocinero» dando así nombre a toda la operación. Su plaza, según los investigadores, fue el colofón por sus servicios.

Fuente: Isabel Vega – ABC

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