La disyuntiva de Sánchez y el cambio de régimen

La disyuntiva de Sánchez y el cambio de régimen

El presidente del Gobierno debe aclararse: o sus socios antimonárquicos, o la vigencia del sistema. Tarde o temprano, dejarán de ser compatibles.

Son muchos los debates que afronta España transcurridos más de cuarenta años de la aprobación de la Constitución que consagró un sistema político basado en la Monarquía parlamentaria. De un lado, la supervivencia socio-económica de un país brutalmente golpeado por una pandemia. De otro, la estabilidad política de un régimen que ya parece difícilmente sostenible sobre el bipartidismo tradicional y que depende cada vez más de nacionalismos extremos. Más allá, una crisis institucional que ha afectado de modo directo, e impensable hace apenas un año, a la Corona.

España afrontará debates jurídicos, ya secundarios tras la salida de Don Juan Carlos de España, sobre el alcance de la inviolabilidad de su figura, sobre los límites de su inmunidad judicial, sobre la prescripción o no de los delitos que pudiese haber cometido, e incluso sobre la frontera entre la vida «personal» o «íntima» del Rey, y la relevancia de su ejemplaridad pública. Pero el daño ya está hecho y el desgaste para la Corona es irreversible. Eso es incuestionable y, desde una perspectiva histórica, demoledor para la institución.

La pugna ideológica por el cambio de régimen

Sin embargo, es el futuro lo que cobra relevancia porque el pasado empieza a ser competencia de los condicionamientos éticos, de la depuración de responsabilidades, del revanchismo ideológico y de la labor de los Tribunales. Las consecuencias políticas a medio y largo plazo son hoy inciertas para aclarar si el muro moral levantado por Don Felipe ante su propio padre será una contención suficiente ante los partidos condicionantes del Gobierno que se han propuesto instaurar un cambio de régimen en España. En su comunicado oficial tras conocer la decisión de Don Juan Carlos de abandonar nuestro país, el PP ensalzaba su «legado» a favor de la instauración de la democracia y apelaba a la necesidad de protegerlo. Será cuestión de matices, pero el Gobierno y el PSOE han optado por la defensa directa de Don Felipe sin valorar la herencia político social, ahora cubierta de irregularidades, de su padre.

Pedro Sánchez se niega a desautorizar los ataques de Podemos

El hecho cierto es que Sánchez duda, consciente de que el PSOE y su Gobierno son ahora mismo la clave de bóveda del sostenimiento de la monarquía parlamentaria en España. Ayer, Sánchez defendió con cierta vehemencia al Rey pero no desautorizó a ese segmento esencial de su Gobierno, Podemos, que ha vuelto a desairar a todos dándose por no enterado de las decisiones entre Moncloa y Zarzuela y afeando a Sánchez su secretismo. El PSOE y Sánchez, que vienen a ser lo mismo ante la renuncia de cualquier sector crítico del partido a denunciar los bandazos de La Moncloa, son ahora mismo la única línea roja para dirimir el debate entre la defensa del constitucionalismo y de la monarquía parlamentaria, y el diseño de un cambio de régimen hacia una república federalista. Aquello que Sánchez definió como una «España plurinacional».

La permisividad del PSOE, a debate interno

Es cierto que el PSOE votó recientemente junto al PP y a Vox, y contra Podemos y el separatismo nacionalista, para evitar la conformación de una comisión parlamentaria e investigar los manejos de Don Juan Carlos, su supuesto cobro de comisiones y la elusión de impuestos. Sánchez era consciente de que La Zarzuela, tras su comunicado del pasado mes de marzo en el que Don Felipe se desmarcaba con nitidez de las actividades de su padre, estaba en busca de una salida al conflicto. Pero el PSOE también ha asumido que debe «agrandar el espacio» de Podemos en el propio Gobierno como gesto para permitirle mantener su discurso antimonárquico. Jugando a doble banda, los días pares Sánchez defiende al Rey y los impares permite a sus socios ataques indisimulados a la Corona sin que medie reproche político alguno.

Presión política de Moncloa sobre Zarzuela

No en vano, y desde la propia sede oficial del Gobierno, Sánchez ha alimentado los ataques contra el Rey y ha instigado la crítica pública sosteniendo que le resultaba «inquietante» y «perturbadora» la conducta de Don Juan Carlos. Más aún, lanzó a Carmen Calvo a decir públicamente que Moncloa estaba a la espera de una reacción de Zarzuela contra Don Juan Carlos. La presión política sobre La Zarzuela era tan evidente como que el PSOE navega entre dos aguas en función de criterios oportunistas. La grieta abierta en las últimas horas con Podemos, ofendido Pablo Iglesias por haber quedado al margen de cualquier decisión de Estado relevante, es notoria.

Supervivencia en el poder o convicción ideológica

Así, el presente y futuro de la Monarquía parlamentaria dependerá en gran medida de la contundencia y de la lealtad real y sincera que pueda demostrar el PSOE hacia Don Felipe. Sánchez está en el trance de aclarar a la opinión pública, y a su propio partido -repleto de falsos «republicanos» leales a la Corona-, si ha sido tibio en defender el legado de Don Juan Carlos, más allá de sus cuitas jurídicas, por mantener intactas las alianzas con la extrema izquierda populista y con el separatismo catalán, o si lo ha hecho por convicción propia. Más aún, debe aclarar si su taimado respaldo a la Corona se basa en un estricto espíritu de supervivencia en el poder o si es por convencimiento ideológico para dirigir a España hacia una república.

El 70% es constitucionalista… ¿y el PSOE?

En un Congreso de 350 diputados, apenas 70 son profundamente antimonárquicos y contrarios a la Constitución. El dato es elocuente en la medida en que el 70 por ciento del hemiciclo defiende, a priori, la vigencia de la Carta Magna, la monarquía parlamentaria y el régimen autonómico como cemento de nuestro andamiaje político. Un cambio radical de sistema solo es defendido por el 30 por ciento, lo cual es relevante pero sin dejar de ser una minoría. Por eso el criterio del PSOE es crucial en estos momentos. Por eso a Sánchez debe dejar de servirle esa ambivalencia traumática que aparentemente le enfrenta a Podemos y al separatismo, pero que a la hora de la verdad le separa del constitucionalismo. Porque no puede haber término medio… ni siquiera aunque lo sostenga la fábrica de ideas propagandísticas de Moncloa. La disyuntiva de Sánchez es aclararse: o sus socios antimonárquicos, o la vigencia del sistema. Tarde o temprano, dejarán de ser compatibles.

Fuente: Manuel Marín – ABC

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