El chalé de Pablo Iglesias deja bajo mínimos la seguridad de pueblos de la zona

El chalé de Pablo Iglesias deja bajo mínimos la seguridad de pueblos de la zona
Operativo de seguridad de la Guardia Civil.
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«A este paso cortamos la urbanización entera», se quejan los guardias civiles que mantienen un perímetro de medio kilómetro.

Vigilar el chalé de Galapagar de la pareja formada por el vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias y la ministra de Igualdad, Irene Montero, se ha convertido en una prioridad para la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid. Pero mantener su tranquilidad vital está suponiendo un coste de recursos tan considerable que perjudica a la seguridad de varios municipios de los alrededores, donde están destinados muchos de esos agentes, según denuncian. Se reforzó cuando empezaron las caceroladas a principios de mayo y, en lugar de disminuir, ha ido en aumento sobre todo los fines de semana, según fuentes del Cuerpo consultadas por ABC.

Y no es lo único que ha aumentado, también lo ha hecho la distancia, el perímetro de seguridad cada vez más alejado de la vivienda, que llega a situarse a medio kilómetro: un fortín custodiado cada noche, día tras día. En algún momento esa distancia se ha reducido, pero poco después el dispositivo volvía a alejarse. En una de las ocasiones vieron al propio Iglesias grabando desde su casa.

«Se quejaría a Interior porque la orden era volver a la distancia más lejana. A este paso cortamos la urbanización entera», ironizan los agentes, molestos. Y eso que el comportamiento de los vecinos de la pareja política, los que sufren las consecuencias de ese control, es «ejemplar», en palabras de los guardias, que les dejan pasar a su calle.

El chalé ha supuesto un quebradero de cabeza para la Comandancia desde que la pareja se trasladó allí a vivir. Ya antes del estado de alarma, el matrimonio contaba con seguridad personal como todos los ministros de Policía Nacional, más una patrulla de Guardia Civil 24 horas en la puerta donde se instaló una garita para paliar las pésimas condiciones de trabajo de los agentes (6 funcionarios cada día en tres turnos). Desde mayo, cuando las caceroladas se trasladaron, entre otros lugares, a la mansión, la Comandancia, entonces mandada por el coronel Diego Pérez de los Cobos, estableció dispositivos de seguridad a diario.

Hasta medio centenar de agentes

Ese cordón ha llegado a tener cincuenta agentes algunas jornadas, cuando se detectaba a través de redes sociales y de otras fuentes, que habría más personas en las protestas. Los guardias pertenecen a unidades de seguridad de la Primera Compañía que atiende localidades de la zona norte de la comunidad como El Escorial, Galapagar, Torrelodones, Hoyo de Manzanares, Robledo de Chavela y otras. «Si en un puesto hay tres patrullas, se queda con una. Si hay una incidencia esas patrullas además están muy lejos», explican las fuentes, es decir, se detraen servicios al ciudadano.

Esa seguridad se mantiene día tras día con un número variable de integrantes (la media es de diez agentes), pese a que últimamente no son más de veintinco los «españoles indignados» que se concentran en las inmediaciones de la casa, con sus banderas de España a la espalda y sin provocar ningún altercado. «Deberían estar cabreados pero nos gritan vivas a la Guardia Civil y eso que se les ha identificado y sancionado a una veintena».

Pero no son los únicos uniformados que velan por la paz del chalé. Desde hace un par de semanas otra decena de guardias del GRS (Grupos de Reserva y Seguridad), unidad de élite del Cuerpo experta en seguridad y control de masas, o de la USECIC, grupos también elitistas de respuesta rápida, patrullan por las inmediaciones en previsión de altercados. Ha habido al menos dos días en que a los habituales de las caceroladas se les han enfrentado otro medio centenar de partidarios de Iglesias que se han dedicado a insultarlos. Creen que los convocó el propio vicepresidente. No se ha pasado de las palabras, pero hay que estar preparados». Cada día a partir de las siete de la tarde se repite la escena: una veintena de guardias civiles al servicio de la tranquilidad de la pareja.

Fuente: Cruz Morcillo – ABC

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