Colón no tiene quien le defienda en España

Colón no tiene quien le defienda en España
La estatua de Cristóbal Colón en Boston, decapitada - EFE

El Gobierno lamenta que se vandalicen estatuas del navegante en Estados Unidos, aunque comparte «el dolor que siente el pueblo americano».

La que culmina ha sido una de las peores semanas de la historia para Cristóbal Colón en América. Su estatua en Boston, de mármol blanco de Carrara, amaneció el jueves decapitada. Dos días antes otra escultura suya en Richmond, la capital de Virginia, fue derribada por una turba que exhibía enfervorecida carteles en los que se leía «Colón significa genocidio», y que después la intentó quemar y acabó vertiéndola en un estanque cercano. En Mineápolis fue derribada otra estatua, por una enardecida masa que bailaba a su alrededor mientras le propinaba patadas a la cabeza. El viernes, el gobierno local de San Diego quitó con menos algaradas su estatua en el parque de Chula Vista. Lo mismo hizo el de Wilmington,

 la ciudad de Delaware en la que tiene su hogar el candidato demócrata a la presidencia Joe Biden. Y, todavía más humillante para el navegante y virrey, ha hecho lo mismo Columbia, la ciudad de Carolina del Sur cuyo nombre está dedicado a su memoria.

La marea de la indignación racial en Estados Unidos comenzó con protestas a favor de la igualdad y los derechos civiles; mutó brevemente en vandalismo y saqueos, y acaba de convertirse en un gran movimiento organizado contra estatuas de todo origen y procedencia. Primero el objetivo fueron las de generales confederados, que en 1861 se levantaron en armas contra su propio Gobierno en defensa de la esclavitud. Pero, no contentos con derribar las estatuas de aquellos generales, como Robert E. Lee, los manifestantes la han tomado con Cristóbal Colón, que hasta ahora ha sido pírricamente defendido por la comunidad de procedencia italiana en EE.UU., que ha hecho suya la causa del genovés aunque estuviera a sueldo de la corona de Castilla.

Están cayendo estatuas de Colón por doquier. En 2018 Los Ángeles fue el primero en quitarla, por orden municipal. En 2019, la universidad –católica– de Notre Dame, en Indiana, cubrió unos ricos murales del siglo XIX porque glorificaban al navegante, al que sus oponentes modernos le atribuyen genocidio de poblados nativos. Finalmente, con la reciente oleada de protestas la estatuas restantes han sido pintadas, como las de Miami o Houston, o directamente derribadas.

Problema racial

Según dice una de las organizadoras de la protesta en Richmond, la capital de Virginia, en la que la estatua de Colón acabó derribada, quemada y hundida en el agua, el navegante es un objetivo legítimo porque las medidas correctivas deben comenzar en lo que ella percibe como el origen del problema racial en América. «Hay que ir al principio, y el principio son los primeros que pusieron el pie en esta tierra, y ahí está Colón», según Chelsea Higgs-Wise, una activista en cuyo currículum está haber fundado una organización de nombre «Marijuana Justice».

Esa misma estatua cuyo derribo pidió esta activista fue levantada en ese mismo pedestal de Richmond en 1927 pese al boicoteo del Ku Klux Klan y otros grupos supremacistas y racistas que veían en Colón lo contrario de lo que todos ellos defendían: era un inmigrante, de origen italiano, bajo órdenes españolas y católico para más señas. Para ellos, una minoría dentro de otra minoría. En sus años de apogeo el Klan hizo muchísima propaganda contra Colón, y distribuyó panfletos en los que decía que la celebración del Día de la Hispanidad (en EE.UU. consagrado al navegante) era «un fraude papal», una estratagema para someter a un país de mayoría protestante a los designios de Roma.

Es por eso que a Colón quien hoy le defiende son los italoamericanos, 16 millones de personas de un total de 329 millones en todo el país. Son ellos quienes han creado zonas seguras para el navegante en las ciudades en las que todavía son fuertes, sobre todo Nueva York y Chicago. «Entiendo los sentimientos de hoy en día hacia Cristóbal Colón, y algunas de sus acciones nadie las apoyaría hoy. Pero sus estatuas en Nueva York hoy significan aprecio por la contribución a este estado de la comunidad italoamericana», dijo el jueves el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, que es él mismo italoamericano, en una rueda de prensa televisada.

Enarbolar la bandera de Colón

Pese a que son los italianos los que han decidido enarbolar la bandera de Colón, hay voces en España que creen necesario que el actual Gobierno haga lo propio. El diplomático Javier Rupérez, embajador en Washington entre 2000 y 2004, asegura que «el derribo de las estatuas de Cristóbal Colon, en la secuencia de las manifestaciones realizadas en contra del racismo, demuestra la pobre concepción que una parte de la ciudadania americana tiene de su propia historia en general y de las aportaciones de España a la historia de toda América en particular».

«El Gobierno español debería hacer presente su consternación y disgusto por la vesania anticolombina ante las autoridades federales y estatales del país, recordando la inmensa aportación que el descubrimiento de América significó para la promoción cultural y social de las poblaciones indígenas en todo el continente. Aportación desgraciadamente olvidada por los que en la construcción nacional de los Estados Unidos marginaron las vidas y las haciendas de las poblaciones originarias», añade.

Preguntada por este diario sobre sus medidas ante las agresiones a la memoria de Colón, la Embajada española en Washington facilitó el viernes el siguiente comunicado: «Respetando y compartiendo el dolor que siente el pueblo americano en estos momentos, lamentamos que se hayan producido ataques a estatuas que representan el legado español en los Estados Unidos. Una de las prioridades de trabajo de esta Embajada y de todos los Consulados Generales en EE.UU es la promoción y defensa de ese legado. Esto se plasma tanto en la organización de eventos y participación en actos que buscan poner en valor nuestra historia compartida y en la visibilidad que damos a través de nuestras redes sociales a la huella dejada por España en EE.UU; como en la defensa activa de nuestro legado mediante cartas y comunicaciones con nuestros interlocutores estadounidenses siempre que la ocasión lo requiere. Lo seguiremos haciendo en el modo que resulte más adecuado en cada momento y sin interferir en otros debates internos que se están produciendo».

Fuente: David Alandete – ABC

 

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