El Gobierno necesita un pequeño 23-F

El Gobierno necesita un pequeño 23-F
Pedro Sánchez, Carmen Calvo y Pablo Iglesias, este miércoles en el Congreso. EFE
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Al llegar a los tribunales las demandas por su criminal inacción durante la crisis sanitaria, el Gobierno ha entrado en estado de pánico. Y como cabía prever en matones universitarios metidos a asesores del golpismo chavista, como la banda de Iglesias, o en hijos del golpismo mediático-policial del 11M y el guerracivilismo zapateril, como la tribu de Sánchez, su primer gesto ha sido llamar a los militares… para evitar responsabilidades civiles.

El intento de corromper a la Guardia Civil por parte del ministro del Interior y sus represalias contra los jefes de la Benemérita por mantenerse fieles a la Ley y a la Constitución, que les mandan obedecer a los jueces y no a sus superiores, han desembocado en una epiléptica denuncia contra la Oposición -reducida a PP y Vox, tras la deserción de Cs- por buscar la «insubordinación de la Guardia Civil» y «tratar de impedir la purga de la corrupción policial o «policía patriótica», terminacho podemita del que se burlaba Sánchez antes de convertirse en un podemita más, si no el mayor. Y como el miedo es contagioso, han acabado, por la escasa sutileza de los Echeniques y las Calvos, en culparlos de intentar un golpe de Estado.

Culpar de un deseo y quedarse tan fresco

El más chulo y finalmente el más cobarde ha sido el vicepresidente Iglesias, que tras acusar a Vox de llamar al Golpe dijo que, en realidad, no lo hacían porque no se atrevían, pero que era lo que deseaban. Tan ridícula acusación, basada en la interpretación de un deseo oculto y no de ninguna acción o declaración, contó con el silente apoyo de Batet y Coll, cariátides icetáceas que presiden Congreso y Senado, y que, con obscenidad chavista, amparan todas las injurias y agresiones del Gobierno contra la Oposición.

Esta semana, la Oposición debería haber dejado a Batet sola en su mostrador de trapacerías, junto a sus pisarellos y tontarellas, anunciando que piden protección europea ante la tiranía del gobierno social-comunista. Si no, cualquier día se los llevarán detenidos los marlaskos de uniforme y no sabrán cómo han llegado a esa situación. Respuesta sencilla: dejándose.

La derecha debe tomar posición ahora

La derecha, con la brillante excepción de Cayetana, anda pasmada en los predios peperos; y titubeante, aunque siempre animosa, en los voxeros. Se ha visto claro en la votación -no, sí, no- sobre el Ingreso Mínimo Vital. Como ha sucedido en casi todas las votaciones sobre el estado de alarma, los argumentos de Casado invitaban a pensar en lo contrario de lo que al final votó el PP, período de esquizofrenia que terminó quince días después de lo que debía, pero que, al fin, terminó. Lo que sigue igual es el miedo del PP a lo que hará Vox, cuando tendría fácil remedio haciéndolo juntos.

Y también a eso le teme, por el qué dirá la izquierda, que de todas formas dice lo mismo que si votaran juntos. Cuanto más miedo tiene el PP a que le digan que es como Vox, más le dicen que es como Vox. El miedo de la derecha española a hacer lo que debe, no lo que se dice o se supone que debe hacer, desemboca en no cambiar lo que hace la Izquierda. Y hay tres leyes que ya ha hecho la Izquierda en el Poder y que la derecha debe aclarar si cambiará o no: la de eutanasia, la de libertad sexual y la de la protección de la infancia, que impone un comisario por aula y decreta la presunción de culpabilidad de cualquier adulto o niño por denuncia propia o de terceros.

La eutanasia sería negociable, porque hay normas, como la católica contra el encarnizamiento terapéutico, que permiten un margen de acuerdo. Las otras dos destruyen el Estado de Derecho de raíz. ¿Por qué espera la Derecha a que se debata en las Cortes el texto de cada una? ¿Cree que la opinión pública vive pendiente de los debates en el Congreso y el Senado? ¿O que no se ha formado ya una opinión sobre esos asuntos, antes de ver lo que espera ver? Es verdad que los problemas sanitarios y económicos son agobiantes, pero la Izquierda siempre hace lo mismo: cambia la legislación sobre asuntos de fondo, que afectan a la ética, la familia, la libertad básica de expresión, opinión o religión, y cuando llega la derecha, ya es, ay, tarde. Pero mientras agitan el espantajo del golpe, los comunistas han cambiado toda la normativa legal sobre las relaciones vitales, familiares y escolares. ¿Cuándo y dónde esperan PP y Vox dar esas batallas de opinión pública?

No importa el uniforme, sino la conducta

Pero volvamos a jugar a los soldados, o con ellos, como hace el Gobierno. Mientras una parte de la cúpula de la Guardia Civil resistía las presiones, otra parte las aceptaba y sustituía a la resistente. Y la Derecha, que ve un uniforme y se licúa, se ha limitado al aspaviento en defensa del Honor, con mayúscula, de la Benemérita. García Egea parecía D´Artagnan retando a Marlaska, mientras apuñalaba a Sigfrida-Cayetana sin éxito y se deshonraba. Tras Roldán y sus «pata negra», el PP debería ser prudente en los elogios a bulto. Lo admirable de la Guardia Civil no son las personas sino las conductas. Hay, pues, que valorar éstas por encima de aquellas.

¿Acaso el señor de Aduanas que ha sustituido a una de las víctimas de Marlaska, presente en el cúmulo de delitos a cuenta de Delcy Rodríguez, tiene la misma consideración moral que De los Cobos? ¡Ya se sabe que no! -dirá algún entusiasta-. ¿Seguro que se sabe? ¿Y por qué no se dice? ¿No ha demostrado ya el PP que mantiene a todos los que coloca el PSOE, por sórdida que sea su procedencia? ¡Demasiado! ¿Cómo sabrán, pues, los que se rinden al Gobierno y a la corrupción que no pagarán cara su traición, y cómo sabrán los resistentes que no se les olvidará, si cambian las tornas?

Los comunistas actúan siempre mediante el mecanismo psicológico de la proyección, que consiste en culpar a los demás de lo que uno está haciendo o deseando hacer. Cuando acusa a la Derecha, tan pardilla, de que está intentando un golpe de Estado, es que sueña con darlo. Pero este Ejército no está roto como el del 36 y esta Guardia Civil o esta Policía no pueden compararse con la gente armada que conocen, la de Venezuela, Cuba y la narcoguerrilla. En Podemos siempre han soñado tener militares revolucionarios, al modo del CheVelasco en Perú o Hugo Chávez, pero lo único que han podido fichar es a Julio el Rojo, que Iglesias tiene de Jefe de Gabinete para que se note que no tiene Gabinete. Y tiene tan poco crédito en las FAS como portabolsos de Carmen Chacón y desertor del Alakrana, que nadie lo verá como un Spínola, Rosa Coutinho o Saraiva de Carvalho.

Julio ‘El Rojo’, de Tejero

De lo único que se puede disfrazar es de Tejero. Lo que le vendría bien al Gobierno para acometer la desmilitarización de la Guardia Civil, la fusión con la Policía nacional y la creación de una cúpula izquierdista en el ejército paralelo resultante, es un 23F pequeñito. Sin mucha fuerza, no sea que empiece a unírsele gente cabreada y acabe el Gobierno en la cárcel, pero que se notara muchísimo, como una superproducción de Roures con León de Aranoa dirigiendo el making off, igual que hizo el de Podemos. Si Iglesias se asienta en el CNI, la primera tejerada que podría denunciar sería una Operación Galaxia, cháchara golpista en la céntrica cafetería madrileña un año antes del 23-F, por lo que nadie se sorprendió de lo que luego pasó.

Pero al Gobierno le faltan un Miláns, un Armada, capitanes generales que pudieran poner en duda, luego en jaque, el orden constitucional. Y les falta un rey Campechano, que dijera comprender, engullendo bocadillos de sardinas y tinto peleón, las inquietudes de la tropa, jefes, oficiales y clases. Entiendo el odio que a Felipe VI le tienen Sánchez e Iglesias. Es lo que les falta: alguien que aliente un golpe fracasado y liquide el régimen. Si ellos se atrevieran, tendrían que hacerlo de civil o de trapillo bolivariano. En el Rastro venden uniformes y sacos para dormir al raso en Villa Tinaja. Ánimo.

Fuente: Federico J. Losantos – Libertad Digital

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