Arrimadas se la juega todo al rojo

Arrimadas se la juega todo al rojo
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Envuelto en su teoría política de la geometría variable, Pedro Sánchez tomó el toro por los cuernos y pilotó directamente las negociaciones con Esquerra Republicana y Ciudadanos. Así, llamó directamente a Pere Aragonés e Inés Arrimadas. La líder naranja, aunque de baja maternal, habló con el presidente del Gobierno y decidió la posición de su partido. Escuchó no solo el apoyo a la sexta alarma, sino el futuro de los Presupuestos que Sánchez necesita presentar ante la UE para recibir las ayudas a la crisis. Fuentes de Moncloa admiten que ERC, por el momento, es un socio imprescindible, pero la compañía de un partido de centro-derecha liberal gusta en la Comisión Europea y resultó un buen ardid para convencer a Arrimadas. Ésta, sabedora del interés mutuo, aceptó el envite: «De acuerdo presidente, seré tu coartada en Europa».

Según fuentes de Moncloa y Cs, aquí radica el cambio de giro del partido naranja, que va más allá del apoyo al estado de alarma. A Sánchez le interesa «camuflar» ante la UE unos Presupuestos pactados con Cs que rebajen el radicalismo de Podemos en el gobierno. De ahí las declaraciones del ministro comunista Alberto Garzón, al reconocer «sentirse cómodo» con acuerdos presupuestarios con el partido naranja. Por su parte, Arrimadas, aún con la oleada de deserciones por el cambio de timón, le conviene valorar sus exiguos diez diputados. «Más vale tener algo que no ser nada», le dijo a su equipo antes de la votación en el Congreso. Y así se fraguó el pacto Sánchez-Arrimadas, con la satisfacción en Moncloa de aislar al PP y arrojarle a las fauces de la ultra-derecha de Vox.

El presidente sabe que las cuentas públicas de 2021 son básicas para la Legislatura, las ayudas europeas y su propia supervivencia política. Y tampoco descarta, como ya sucedió otras veces en el debate presupuestario de 2019, que ERC le deje tirado y pegue una espantada, máxime ante las próximas elecciones en Cataluña. El presidente de la Generalitat, Quím Torra, no tiene ninguna prisa en convocarlas para desgastar a los republicanos, que presionan a tope con los comicios. Y nadie duda en Esquerra que su apoyo a Pedro Sánchez les perjudica electoralmente, por lo que la deserción sería un hecho. Por ello, Sánchez ofreció pactos de futuro sobre los Presupuestos y rescatar a Inés Arrimadas de su posición residual en el Congreso. «El presidente se ha puesto las luces largas», dice un colaborador de Moncloa sobre la estrategia de acercamiento a Ciudadanos.

Por su parte, Inés Arrimadas, ha decidido ese cambio de timón, aún a riesgo de los abandonos del partido de dirigentes de la etapa de Albert Rivera, como Juan Carlos Girauta y Carina Mejías. La sangría continúa con algunos cargos municipales, pero Arrimadas prefiere sortear el temporal y convertirse en socia imprescindible para los Presupuestos si se aceptan sus postulados de reformas y rebaja del gasto público. Una política muy en línea con Ciudadanos y que desde Europa defiende su diputado Luis Garicano. Las bravuconadas del portavoz del ERC, Gabriel Rufián, amenazando al Gobierno «O Nosotros, o Ciudadanos», fueron de inmediato respondidas por la ministra de Hacienda y portavoz del Ejecutivo, María Jesús Montero: «No es hora de vetos cruzados», aseguró. Y de paso acusó al PP y Vox de echarse al monte y obsesión conspirativa. «Les interesa mucho ruido y no resolver los problemas del país», denunció Montero.

Inés Arrimadas y su entorno más cercano, en el que ahora se ubican Edmundo Bal, Luis Garicano y los diputados catalanes Lorena Roldán y Carlos Carrizosa, rebaten las críticas sobre su apoyo al PSOE. «Inés ha logrado resucitar un partido moribundo», defienden los naranjas. Aunque de momento enmarcan ese apoyo en la crisis sanitaria, dirigentes de Cs admiten en privado su disposición a negociar y respaldar las cuentas públicas «si se dan las reformas adecuadas para la angustiosa situación económica». Ante la posibilidad de que Pablo Iglesias abandone el Gobierno si se acometen recortes, en Cs piensan que «está muy cómodo en su sillón de poder». Algo que le permite también colocar a dedo a algunos de sus amigos en organismo claves, como se ha visto en la entrada de nuevos consejeros afines a Podemos en Enagás y la CNMC. Un auténtico «asalto al poder económico», en palabras de dirigentes de Cs.

Mientras, en el PP están que trinan y no ocultan fuertes críticas hacia el partido naranja: «Menudas tragaderas», dicen en la cúpula de Génova ante el voto de Ciudadanos junto a ERC, Podemos y EH-Bildu. Bajo la premisa de ser «un partido útil» se alían con quienes antes eran sus feroces adversarios, los separatistas y quienes pretenden derogar la reforma laboral, opinan los populares. Y muchos piensan que tras el cambio de Arrimadas se esconde un pacto secreto para intercambiar la Comunidad de Madrid con el apoyo a los Presupuestos. Las continuas divergencias en el seno del Gobierno madrileño, las deslealtades del vicepresidente, Ignacio Aguado, con la presidenta, Isabel Díaz Ayuso, o entre los consejeros Alberto Reyero y Enrique Ruiz Escudero, avalan estas sospechas.

Han pasado siete meses de la dimisión de Albert Rivera. Aquel 11 de noviembre, el líder de Ciudadanos tiraba la toalla tras la debacle electoral del 10-N. Su sucesora, Inés Arrimadas, afrontó un bajón histórico de diputados en el Congreso, a lo que ahora quiere dar protagonismo. «Se vende a cambio de nada», dicen en el PP como prueba de que Sánchez primará siempre a sus socios de investidura. Otros, sin embargo, piensan que el líder del PSOE es un magnífico «trilero» y juegas sus cartas con quien más le conviene. Inés Arrimadas no entra al trapo, pero en su entorno la defienden: «Ha logrado resucitar un partido residual, ahora sus diez votos son relevantes», aseguran. La ministra de Hacienda ve «una buena noticia» que los naranjas se abran a negociar los Presupuestos. Y Pedro Sánchez mira a Europa con una única estrategia: aislar al PP y echarle en brazos de Vox.

De momento en su casa madrileña, de paseo con su marido, Xavier cima, su recién nacido hijo y su perrita, Inés Arrimadas ha dado un giro, pero Pablo Iglesias, silente en un principio, ya ha advertido su rotundo rechazo a un posible pacto con «la derechona» de Ciudadanos, con críticas hacia los ministros partidarios. De nuevo, el Gobierno de colisión. Y una vez más, todos se preguntan lo que tantas veces jalonó la vida política de Albert Rivera. ¿Quo vadis? ¿A dónde vas, Inés?

Fuente: Pilar Ferrer – La Razón

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