Illa miente: el Gobierno no sigue el criterio de la OMS en el recuento de muertos por covid-19

Illa miente: el Gobierno no sigue el criterio de la OMS en el recuento de muertos por covid-19
El ministro de Sanidad, Salvador Illa Europa Press

La OMS no distingue entre los muertos por coronavirus con o sin test y, al contrario de lo que hace el Gobierno, pide que todos sean contabilizados.

En decenas de ocasiones Salvador Illa y Fernando Simón han defendido que la forma de contar los fallecidos por coronavirus del Gobierno de España -excluyendo a todos aquellos que no hayan muerto en un hospital y con una prueba PCR con resultado positivo- responde a los criterios marcados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDEC, por su siglas en inglés).

Pero el Gobierno está, una vez más, mintiendo: en un documento del pasado 16 de abril titulado ‘Pautas para la certificación y clasificación del Covd-19 como causa de la muerte’ la OMS es muy clara al respecto:

Una muerte por COVID-19 es, desde el punto de vista de la vigilancia y supervisión, una muerte resultado de una enfermedad clínicamente compatible, en un caso probable o confirmado de COVID-19, al menos que haya un causa de la muerte clara alternativa que no pueda relacionarse con el COVID-19 (por ejemplo, un trauma). No debe de haber un periodo de recuperación completa del COVID-19 entre la enfermedad y la muerte.

Las palabras más importantes del párrafo anterior son «probable o confirmado», porque definen exactamente lo contrario de lo que hace el Gobierno: la OMS reconoce como muerte por coronavirus tanto aquellos casos que han sido confirmados a través de una analítica como aquellos en los que sólo hay un diagnóstico basado en el criterio facultativo.

Además, el documento también advierte de que «una muerte por COVID-19 no debe ser atribuida a otra enfermedad (por ejemplo, cáncer) y debe ser contada independientemente de las condiciones preexistentes que sean sospechosas de haber desencadenado un desarrollo severo de la enfermedad».

Es decir, que incluso en el caso de que el paciente tuviese otras patologías anteriores que lo hubiesen convertido en un grupo de riesgo o que hayan contribuido a que el coronavirus se presente con más gravedad, el diagnóstico y la clasificación resultante deben ser COVID-19.

Cómo certificar el coronavirus como causa de fallecimiento

El documento especifica cómo certificar que el coronavirus es la causa de una muerte y, de hecho, especifica que lo hace porque «es importante recoger y reportar las muertes por COVID-19 de una forma uniforme«.

Así, la OMS especifica que el «COVID-19 de ser usado para todos los certificados por esta causa de fallecimiento», explica que es mejor usar este término -COVID-19- porque «hay muchos tipos de coronavirus» e insiste en la importancia de una «correcta clasificación, codificación y monitorización» de estos casos.

A partir de ahí, y a través de ejemplos prácticos, el documento explica de una forma muy clara cómo deben rellenarse los certificados de defunción, incluyendo los distintos síntomas con los que se haya manifestado la enfermedad y, siempre como «causa subyacente», el COVID-19.

Por ejemplo, en el caso de un paciente que hubiese fallecido por una insuficiencia respiratoria debía especificarse esto, después que esta había sido causada por una neumonía y, como causa última de la muerte, el COVID-19 que ha propiciado el desarrollo de esa dolencia.

Incluso e el caso de que el paciente sufriese otras enfermedades graves como el SIDA, el documento especifica que éstas deben consignarse en otro apartado, dejando el coronavirus como la causa real de la muerte.

¿No hay diferencia entre los casos con prueba y sin prueba?

Como vemos, desde el punto de vista del diagnóstico y la información estadística de las muertes en esta epidemia de coronavirus, la OMS no hace la diferenciación entre los casos diagnosticados de COVID-19 con o sin prueba, pero sí lo hace en otro apartado, aunque esto no justifica ni mucho menos el truco estadístico de Illa y Simón.

Se trata de los códigos CIE-10 creados para la pandemia. CIE es el acrónimo de Clasificación Internacional de Enfermedades, en este caso refiriéndose a su décima edición. Se trata de la clasificación de causas de mortalidad creada a nivel internacional para fines estadísticos. En esta clasificación, a cada enfermedad se asignan uno o varios códigos, de forma que pueda contarse con información válida y uniforme en todo el mundo.

El documento de la OMS establece que se usarán dos códigos para el COVID-19: el U07.1 para aquellos casos en los que el virus esté «identificado a través de test de laboratorio»; mientras que el U07.2 se usará cuando la enfermedad «haya sido diagnosticado clínica o epidemiológicamente pero el test de laboratorio no sea concluyente» o simplemente no exista.

Eso sí, en ambos casos estaríamos hablando de COVID-19 y lo que recomienda la OMS es, precisamente, lo contrario de lo que hace el Gobierno: «Está acreditado que en muchos países el detalle de si hay confirmación de laboratorio de COVID-19 no aparecerá en el certificado de defunción. En ausencia de este detalle se recomienda, sólo para propósito de la estadísticas de mortalidad, codificar el COVID-19 provisionalmente como U07.1«.

Además, en este apartado el documento vuelve a insistir en que en presencia de COVID-19 deben descartarse como causa de fallecimiento otras enfermedades que sufriese el paciente con anterioridad tal y como se hace con la gripe.

El ECDEC también desmiente a Illa

Como comentábamos al principio, Illa siempre cita la «definición de caso» del ECDEC junto con la de la OMS, pero el ministro también miente, ya que este organismo europeo se remite a la definición de caso de la OMS, y de hecho la reproduce literalmente en su página web. Además, deja bien claro que esta definición es la que debe usarse para la «monitorización de la mortalidad».

Por otro lado, hay que tener en cuenta que estas normas tienen una lógica inapelable: en el caso de una pandemia como el coronavirus las estadísticas pueden pecar por exceso, pero jamás por defecto: es decir, a la hora de tomar medidas y establecer políticas siempre será mejor que los datos que se manejan dibujen un panorama algo peor al real que uno algo mejor y, por tanto, menos preocupante y que conlleve a relajar las medidas de precaución.

La contabilidad real

De haber seguido los verdaderos criterios de la OMS, probablemente en este momento las cifras oficiales se parecerían mucho más a las tres que hemos conocido en los últimos días: los informes MoMo del sistema de monitorización de mortalidad, el estudio realizado por los servicios funerarios y la estadística del INE, que coinciden en que el número de fallecidos por la epidemia estaría entre 43.000 y 44.000 víctimas. Una cifra que también concuerda con los cálculos que se realizan a partir de las cifras que se ofrecen desde las comunidades autónomas.

El truco estadístico del Gobierno, basado como vemos en una mentira, está sirviéndole para ocultar más o menos la mitad de los fallecidos por coronavirus en nuestro país. De incluirse como deberían todos los casos España sería el único país del mundo que superaría las 1.000 muertes por millón por la epidemia: concretamente estaría alrededor de las 1.150, muy por encima de las 835 que tiene Bélgica, que sería el segundo en esta triste clasificación.

Un escándalo que ya es internacional

La forma en la que el Gobierno está contabilizando los muertos por la epidemia ha provocado ya un considerable escándalo a nivel internacional: varios de los periódicos más influyentes del mundo han tratado con una mezcla de sorpresa y condescendencia las cifras sobre el desarrollo de la epidemia que España da al mundo.

El último en hacerlo fue el Financial Times, que este jueves advertía de los «datos defectuosos» que brinda el Gobierno y de que estos suponen un peligro de cara al desconfinamiento. El rotativo inglés se ha tomado tan en serio la falta de calidad de las estadísticas de Simón e Illa que incluso anunciaba que dejaba de usar las cifras oficiales españolas.

Los corresponsales de grandes agencias en nuestro país también se han centrado en el tema: ese mismo viernes el de Associated Press -quizá la mayor agencia de noticias en todo el mundo- preguntaba a Illa si no era «inmoral» excluir a tantos fallecidos de las estadísticas oficiales, momento en el que el ministro repetía por enésima vez su mantra de que la estadística de su ministerio «se atiene al a los reglamentos de las definiciones de caso de los organismos internacionales en materia de sanidad, el CDC y la OMS».

También el New York Times hablaba del tema hace ya mes y medio: el 16 de abril -precisamente el día en el que la OMS hacía público su documento- decía que a pesar de que el número de víctimas «es de los mayores del mundo», hay «evidencia de que podría ser bastante más alto, con muchas muertes -especialmente aquellas en residencias de ancianos- no correctamente clasificadas como causadas por el coronavirus».

Fuente: Carmelo Jordá – Libertad Difgital

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