Pedro Sánchez, el ángel exterminador

Pedro Sánchez, el ángel exterminador

No siente, no padece. Una se lo imagina frente al espejo, cada mañana, repitiéndose convencido: “Una palabra tuya bastará para sanarme”. Por eso exaspera a casi todos.

El diputado Gabriel Rufián subió esta semana al atril del Congreso a afearle al Gobierno unas cuantas cosas. Hizo lo de siempre, buscar unos cuantos juegos de palabras con más o menos acierto, y separar las sílabas. U-na-de-trás-de-o-tra. Como si todas llevaran tilde, como si en vez a un señor apellidado Sánchez se lo estuviera explicando a un señor que no ha salido de su pueblo en Iowa. Como si esa cadencia otorgara solemnidad al discurso.

El telediario de TVE escogió una frase del líder de ERC para la crónica parlamentaria: “Ciudadanos es Vox en la fase 1, y la señora Arrimadas es Rosa Díaz en la fase 2”. También escogió el gesto del presidente tras escucharle. Mirada altiva, sonrisa de soberbia. Puro Pedro Sánchez. La condescendencia del que transmite con todo su óvalo facial y sin dirigirte la palabra: “Ladra, que he vuelto a convencerte. A ti y a Arrimadas. Pero si se la colé a todos con Bildu. Y es Díez, joder, no Díaz”.

Hace siglos que a Sánchez le importamos un bledo. Usted y yo. Su familia y nuestras familias. Su partido y el del resto. Las homilías durante el estado de alarma le han desnudado como lo que es. Un hombre con anchas espaldas y estrecha, estrechísima empatía. Es un ‘quarterback’ sin ápice de serotonina. Un gobernante dispuesto solo a obedecerse a sí mismo y a traicionar al resto.

Las homilías durante el estado de alarma le han desnudado como lo que es. Un hombre con anchas espaldas y estrecha, estrechísima empatía

No siente, no padece. Una se lo imagina frente al espejo, cada mañana, repitiéndose convencido: “Una palabra tuya bastará para sanarme”. Por eso exaspera a casi todos. A Isabel Díaz Ayuso, a Gabriel Rufián, a Santiago Abascal, a su vicepresidente (aunque disimule) y a las jovencísimas vecinas que tengo enfrente, que han colgado en su balcón no solo una sino dos banderas de España, pidiéndole que se vaya.

Sánchez es perfecto para el papel de Edmundo Nóbile, protagonista de ‘El ángel exterminador’. Una película del año 1962, dirigida por Luis Buñuel, en la que un grupo de burgueses es invitado a cenar a una mansión, la de Nóbile, de la que por una extraña razón no podrán luego salir. Y así, día tras día, sin comida, sin bebida y sin libertad, los invitados se despojarán de las buenas costumbres con las que llegaron y se convertirán en auténticos salvajes. Nóbile les saca de quicio. Como Sánchez a los que no le votaron y también a un buen puñado de los que sí lo hicieron.

Portada de 'ABC' del 4 de junio.
Portada de ‘ABC’ del 4 de junio.

Por eso resulta entrañable que, atendiendo a la portada de ayer de ‘ABC’, conserve un amigo desde los nueve años. Un amigo del que decía en Twitter en 2013, en tiempos del mejor y más sincero Pedro Sánchez, que era un estupendo arquitecto “reconocido ya en el extranjero”. Que suena a aquel señuelo tan recurrente y tan vacío para vender discos de ‘anunciado en TV’. Como si en el extranjero fueran todos mentes preclaras.

Iñaki Carnicero se permite llamarle Pedrín y alguna que otra licencia que a la que escribe le resultan intolerables, como confesarle a Ana Rosa Quintana, hace unos años, la siguiente perla: “No nos podíamos imaginar que el chaval iba a llegar donde está”. Tampoco Pedrín, me temo.

Yo que tú, Iñaki, andaría con cuidado. Especialmente si te invita a cenar.

Fuente: Ángeles Caballero – El Confidencial 

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