La muleta roja, el bastón naranja

La muleta roja, el bastón naranja
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente Pablo Iglesias. JMCadenas EXPANSIÓN

La autora señala que el Gobieno usa la «muleta» sanitaria para mantener la excepcionalidad y robar los derechos constitucionales.

Analizando los movimientos políticos de las últimas semanas es fácil visualizar a los protagonistas de las dos acepciones de la RAE: Cs ha puesto el bastón en las manos de Sánchez para que no se cayera tras el pasajero tropezón con sus amigos golpistas y Sánchez ha sacado el trapo ante un toro encelado con el color rojo.

Ciudadanos ha vuelto a apoyar a Sánchez e Iglesias para que puedan seguir ejerciendo un poder despótico que afecta a nuestra vida, a nuestra democracia y a la economía de nuestro país. El ilegal mes de prórroga que anunció el trolas nunca fue más que una añagaza -creo que amañada con Arrimadas- para conseguir un doble objetivo: él, la prórroga (que no tiene por qué ser la última) y ella, las portadas de El País, los Telediarios, el CIS, la benignidad de Iglesias -que la ha sacado de las amenazas de escraches-, y el visto bueno de Botín, que dirige la operación desde su despacho de lo alto de la torre. O sea que se equivocarán quienes piensen que Arrimadas se ha dejado engañar; simplemente está en el juego.

Porque a estas alturas todos sabemos que no hay razones sanitarias para mantener el estado de alarma; a estas alturas todos sabemos que el único «experto» del Gobierno que recomienda estas decisiones es Iván Redondo, el experto sicario de la propaganda que está al servicio de Pedro Sánchez; a estas alturas todos sabemos que con leyes ordinarias como la de Protección Ciudadana, la de Salud Pública y la de Seguridad Nacional es posible regular el distanciamiento social o el tipo de confinamiento que fuera necesario.

Sin estado de alarma se confinaron poblaciones enteras en Rioja y Cataluña; pero sin estado de alarma no se pueden suspender derechos constitucionales; sin estado de alarma no se pueden tomar decisiones arbitrarias para castigar o premiar a los ciudadanos en función del color político de su gobierno autonómico; sin estado de alarma no se puede comprar material sanitario a empresas tapadera, con domicilio desconocido, sin experiencia en la gestión de compra de ese tipo de productos esenciales para proteger la salud y la vida de los ciudadanos; sin estado de alarma no se puede hurtar el control parlamentario a los actos del gobierno; sin estado de alarma no se pueden cerrar los tribunales de justicia; sin estado de alarma no se pueden tomar arbitrariamente decisiones que suponen el cierre de miles de empresas y el paro para millones de trabajadores; sin el estado de alarma no se pueden seguir suspendiendo derechos y libertades constitucionales al conjunto de la población.

Con estado de alarma y mando único el gobierno tóxico de Sánchez/Iglesias ha negado la realización de test masivos, instrumento clave en los países que más éxito han tenido en la lucha contra la pandemia; con estado de alarma el gobierno ha tardado sesenta y cinco días en declarar obligatorio el uso de mascarillas; con estado de alarma el gobierno ha suministrado mascarillas y material sanitario defectuoso a los hospitales y centros de salud; con estado de alarma el gobierno ha paralizado la llegada de material comprado por diversas CCAA particularmente por la de Madrid; con estado de alarma hay centenares de miles de trabajadores que aún no han cobrado el ERTE; con estado de alarma Iglesias, responsable único de los centros de la tercera edad, no ha tomado ni una sola decisión para proteger la vida y la dignidad de nuestros mayores, se ha negado a responder ante las Cámaras y no ha asumido ninguna responsabilidad por las miles de muertes que se han producido durante los dos meses largos que está al frente.

Puedo entender, aunque no lo comparta, el juego partidario que se traen en el Congreso de los Diputados si estuviéramos en una situación normal. El mercadeo de votos, el regate corto, el cortoplacismo…son esos viejos vicios que empobrecen el noble ejercicio de la política. Pero nunca pensé que iba a vivir este lamentable espectáculo, esta falta de sentido ético en un momento tan dramático para el presente y el futuro de nuestro país. Nunca pensé que personas, a las que por lo demás considero honorables, iban a justificar -desde el Congreso y/o desde los medios de comunicación- el abuso de poder que conlleva el mantenimiento de un estado de excepcionalidad democrática que no tiene otro objetivo que salvar la carrera política de quienes antepusieron los intereses sectarios a la vida, la seguridad y el bienestar de los españoles

Veintisiete mil, treinta y siete mil, cuarenta mil… ni siquiera sabemos cuantos españoles han muerto en estos meses en los que el gobierno nos ha encerrado en casa. Pero sí sabemos -a pesar del cerrojazo informativo- que la pandemia se ha llevado por delante la vida de miles de las personas que trajeron la democracia a España, que vertebraron nuestro país, que nos unieron, que lo dieron todo por nosotros, que sufrieron, que trabajaron, que lucharon para darnos un futuro y un presente de luz y esperanza. Sí sabemos que miles de españoles se han ido en la más total oscuridad decretada por el Gobierno, sin una declaración de luto oficial, sin que Sánchez se ponga ni siquiera una corbata negra…

Pero ese drama humano que no ha merecido la más mínima empatía por parte de los ejecutores políticos que lo han provocado no ha sido un problema para que el Gobierno de Sánchez/Iglesias haya conseguido 15 días más para seguir recortando libertades, para seguir pagando favores, para seguir comprando voluntades, para seguir castigando a las CCAA no afectas al régimen, para seguir abusando de poder. Ya tiene Iglesias 15 días más para seguir amenazando impunemente a los ciudadanos libres que de forma pacífica y segura quieren manifestar su repulsa contra la infamia. Ya tienen los bildu etarras 15 días más para seguir jaleando en las calles -estos sí, con autorización del Gobierno-, a los terroristas. Sí, así de bajo hemos caído…

Los carteristas usan una prenda llamada «muleta» por su parecido a la utilizada por los toreros. La función es la misma que el capote rojo: interponerse entre el objetivo real para que la victima no pueda ver lo que sucede a su alrededor. El torero lo utiliza para que el toro no vea el estoque y los carteristas para evitar que «el primo» pueda ver sus maniobras para robarle la cartera. Esto es lo que ha venido haciendo la pareja tóxica desde que decretó el estado de alarma: utilizar la «muleta» sanitaria para mantener la excepcionalidad mientras nos sigue robando los derechos constitucionales. La cuestión es si el conjunto de los españoles nos comportaremos como los «primos» interesados que hoy siguen apoyando la maniobra de distracción del Gobierno. Les confieso que no las tengo todas conmigo, aunque quiero creer que los españoles decentes, que son la inmensa mayoría, no van a olvidar quiénes son los culpables de haber traído a España tanto dolor, tanta desesperanza, tantos muertos y tanta pobreza. Por eso creo que, a pesar de las» muletas», en la España decente va a haber muchos más ciudadanos libres que «primos» engañados por tanto golfo con coche oficial.

MULETA

1. Bastón de metal o madera con el extremo superior adaptado para colocar la axila o el antebrazo y la mano, utilizado para apoyarse al andar las personas que tienen alguna dificultad. 2. Trozo de tela de color rojo sujeto a un palo por uno de sus bordes que usa el torero en la última parte de la corrida, especialmente para engañar al toro y hacerle bajar la cabeza cuando va a entrar a matar.

 

Fuente: Rosa Díez – Expansión

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