La Policía fracasa en su intento de evitar las aglomeraciones en Núñez de Balboa

La Policía fracasa en su intento de evitar las aglomeraciones en Núñez de Balboa
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Los agentes, entre desbordados y pasivos, se han limitado a pedir a la gente que no se quedase parada.

La notoria presencia de la Policía Nacional ha fracasado este jueves en su intento de evitar una nueva jornada de aglomeraciones en el barrio de Salamanca de Madrid. La única diferencia con los días anteriores es que la gente que protesta contra el Gobierno despejó el asfalto pero se arremolinó en las aceras.

 

La actuación de los agentes antidisturbios de la Unidad de Intervención Policial (UIP) apenas transformó la protesta, que continuó en ambos lados de la calle de Núñez de Balboa. Los policías, entre desbordados y pasivos, se limitaban a pedir a la gente que no se quedase parada. También insistían en la obligación de respetar los dos metros de distancia, aunque con escaso éxito.

Hubo grupos subidos en las jardineras y los bancos de las intersecciones con las calles Ayala y Núñez de Balboa. Desde las furgonetas policiales, la UIP pedía por megafonía que se respetase la distancia, pero el ruido del helicóptero de la Policía y las cacerolas, en la calle y los balcones, hacía imposible escuchar los avisos.

Vecinos golpeaban objetos metálicos a un metro de los antidisturbios, que recibieron algunos insultos. “Marlaska al paredón”, fue otra de las consignas durante la tarde noche en el exclusivo barrio madrileño. Una señora pasó toda la protesta parada golpeando una señal de tráfico sin que ningún agente la identificase. Hubo decenas de escenas así. Esa fue la situación al menos entre las 20.30 y las 21.15 horas cuando empezó a marcharse gente.

Un joven protesta desde su casa en la calle Núñez de Balboa.
 
Un joven protesta desde su casa en la calle Núñez de Balboa. Clara Rodríguez

Lo único que se respetó a duras penas en Núñez Balboa la tarde noche del jueves fue el tráfico. Ni el real decreto, ni la distancia entre personas, ni las indicaciones policiales se cumplieron. Ya al final, cuando la protesta languidecía, dos jóvenes fueron identificados. “Joder, pero si todo el mundo está haciendo lo mismo”, se quejaba una de ellas.

Protesta móvil

La concentración, por tanto, tan solo se transformó en una protesta móvil. Pero era tal la aglomeración de personas, que fue imposible respetar la distancia. Pasados unos minutos, la gente con sus cacerolas ni siquiera se molestaba en moverse. Si el objetivo era evitar aglomeraciones en una ciudad que sigue en la Fase 0 de la desescalada, no lo lograron.

Protestas contra el Gobierno en la calle Núñez de Balboa
 
Protestas contra el Gobierno en la calle Núñez de Balboa Clara Rodríguez

Minutos antes de las 19.30 horas furgonetas de los antidisturbios de la Unidad de Intervención Policial (UIP) copaban ya la calle de Núñez de Balboa y sus intersecciones. Eran en torno a una decena de furgonetas policiales. En ese momento, en la zona de las protestas había sobre todo periodistas y mayores de 70 años que agotaban sus últimos minutos de paseo permitido por las normas de confinamiento. 

A esa hora, una mujer ya caminaba muy seria aporreando la tapa de una olla con un mortero sin que nadie le dijera nada. Otra pasaba de largo con una bandera de España enrollada que asomaba de su mochila. Todo hacía prever que este jueves no iba a haber concentración. El aplauso de las 20.00 horas en homenaje a los sanitarios sonó sin mucha fuerza, acorde con la ‘desescalada’ general en toda España. Ahí ya se escuchó desde los balcones algún grito de “Sánchez dimisión”.

Irrumpió entonces un hombre con megáfono que sirvió de espoleta a vecinos y prensa. “Voy solo, no tengo a nadie a dos metros. Voy a cumplir la ley, pero no me voy a callar. Gobierno dimisión. Marlaska, por mucho que mandes a tu gente, nos vamos a seguir manifestando”. La Policía no se inmutó hasta que consideró que ya eran demasiadas las cámaras arremolinadas a su alrededor. “Este es el de todos los días”, zanjaba un transeúnte.

A ese mismo hombre se le vería una hora después gritando a la gente que respetase los dos metros de distancia. Se quedó solo. No han faltado calificativos para bautizar este fenómeno. Un hombre con mascarilla rojigualda  lo definió como “el epicentro de la resistencia”. Otros, menos partidarios lo han tachado como “la revolución Borjamari” atendiendo al canon estético mayoritario. “¡Vamos a Ferraz!”, arengaba otro señor de mediana edad en el momento más álgido de la concentración que llegó a reunir a varios cientos de personas.

Protestas contra el Gobierno en la calle Núñez de Balboa.
 
Protestas contra el Gobierno en la calle Núñez de Balboa. Clara Rodríguez

Advertencias de la delegación

Este quinto día de concentraciones en el exclusivo barrio madrileño venía precedido, ya sí, por los avisos del delegado del Gobierno en Madrid, el socialista José Manuel Franco. En varios medios de comunicación había advertido las horas previas de que los agentes denunciarían a todos aquellos que se concentrasen en caceroladas sin guardar las medidas de distanciamiento social por incumplir el real decreto del estado de alarma. No ha sido así.

Trataba el delegado de tomar cartas en el asunto ante un fenómeno que ha ido a más ante la pasividad policial y que ha congregado en la calle Núñez de Balboa a más personas a medida que han avanzado los días. Incluso las concentraciones se han empezado a reproducir en más puntos como en el distrito de Aravaca, uno de las zonas con mayor poder adquisitivo de España. Los gritos mayoritarios piden la dimisión del Gobierno de Sánchez y libertad frente al estado de alarma vigente desde mediados de marzo.

Protestas en Núñez de Balboa.
 
Protestas en Núñez de Balboa. Clara Rodríguez

Entre las 19 y las 20 horas pueden salir a la calle a pasear los mayores de 70 años. Y entre las 20 y las 23 horas pueden hacerlo los mayores de 14. Esa es la razón por la que el delegado del Gobierno había puesto el límite en las concentraciones y en el límite de distanciamiento social de cara a las denuncias. Fuentes de su departamento precisan que se actuaría contra aquel que esté parado, pero admiten que no se puede hacer nada si una persona está circulando por la vía pública dentro de las horas permitidas.

La mecha prendió el domingo

El primer dia en el que se tomó conciencia de estas protestas fue el domingo. Esa tarde un grupo de gente se congregó en Núñez de Balboa. Vecinos que vieron lo que estaba pasando llamaron a la Policía, que se personó en el lugar, según fuentes policiales. Desde las redes sociales se difundieron imágenes y se denunció que los agentes habían tratado de impedir una protesta contra el Ejecutivo. Algunos de estos mensajes hicieron llamamientos a continuar los días siguientes.

Vecinos de la calle precisan que el origen no fue una protesta, sino que había un grupo de personas en actitud de fiesta. Aprovechaban que un vecino lleva desde el inicio del confinamiento poniendo música a todo volumen, incluyendo el himno de España. Pero siempre desde los balcones. Se aplaudía a las cajeras de un supermercado cercano, a los coches de policía, vecinos pedían canciones…. Era una imagen como muchas de las que se han visto en muchos barrios de España durante el estado de alarma.

Siempre según los vecinos, el sábado el joven anunció que el domingo sería el último día y eso provocó que algunos quisieran darle una despedida. “Eso parecía la Feria de Abril”, dice una vecina a Vozpópuli. Lo que en un principio fue decenas de personas, ha ido a más a lo largo de la semana hasta congregar a cientos de asistentes que con banderas de España y cacerolas han realizado protestas. Algunos vecinos llaman la atención acerca de que la mayoría de personas que acuden no viven en Núñez de Balboa.

Fuente: Alejandro Requeijo – Vozpópuli

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