Cuando la táctica es mentir y los muertos son una estadística

Cuando la táctica es mentir y los muertos son una estadística
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer en el Congreso durante la sesión de control al Ejecutivo. EFE

Sería un error echar la culpa a Sánchez de que el mundo está sufriendo la pandemia del Covid-19, pero sí se puede afirmar que está aprovechando la crisis para acrecentar su estrategia primigenia y tapar, con el drama de hoy, sus escándalos del pasado.

Cuando la propaganda es la guía en la que se sustenta la acción política de todo un Gobierno poco importa lo que ocurra en la vida real, pues cualquier hecho se utilizará como un instrumento propagandístico a favor de la causa. «Que la verdad no te arruine un titular», repite el discípulo de la teoría de Goebbels que está a sueldo de Sánchez. La verdad no importa; lo importante es la propaganda para conseguir que triunfe el relato según el cual la única verdad es la oficial y los muertos son una mera y molesta estadística. Al servicio de esa estrategia, Sánchez se enfrenta a esta dramática situación con una táctica simple y contumaz: mentir, mentir, mentir…. Repetir la mentira, no cejar en ella, mantener el engaño… Mentir, mentir, mentir… Mentir y acusar a la oposición de todos los males propios, de la miseria, del despilfarro, de la falta de protección a los sanitarios y a la sociedad en general, de los muertos, de la ruina del país, del paro, de los miles de comercios y empresas que cerrarán o ya han cerrado, de las mascarillas defectuosas, de los test que no se hacen, de los infectados que siguen produciéndose a pesar del confinamiento… Mentir, mentir, mentir…

Mentir a los españoles, mentir a los agentes internacionales, mentir a Bruselas, mentir a la OMS, mentir sobre la existencia de informes de la Johns Hopkins University que no existen, mentir sobre el número de test que se han hecho o que se están haciendo, mentir sobre los aviones que se bloquean en la aduana de Barajas porque el material sanitario que llega lo ha comprado la Comunidad de Madrid y va destinado a proteger a los madrileños…. Mentir, mentir, mentir… Siempre habrá suficiente número de incautos que creerán las mentiras porque son oficiales, siempre habrá suficiente número de aprovechados que vivirán de ellas, siempre habrá suficiente número de necesitados que dependerán de callar ante las mentiras para obtener a cambio unas migajas que llevarse a la boca. Mentir, mentir, mentir…

Responsabilidad culposa

Mientras se miente sobre la tragedia y sobre la responsabilidad culposa por haberla provocado, se ocultan las víctimas, las caras y los nombres de los muertos. Se niega luto oficial a los más de cuarenta mil españoles fallecidos por el Covid-19; se esconde a las víctimas y a sus familias en los informativos; vemos en las televisiones pagadas por el régimen a ciudadanos que aplauden -de forma bienintencionada- a quienes siguen infectándose (más de 46.000 ya) porque el Gobierno les niega el material para protegerse mientras salvan vidas. Mentir, mentir, mentir…

La táctica aplicada por Iván Redondo, ese moderno discípulo de la teoría de Goebbels contratado por Sánchez («hay que hacer creer al pueblo que el hambre, la sed, la escasez y las enfermedades son culpa de nuestros opositores y hacer que nuestros simpatizantes lo repitan en todo momento…»), parece funcionar eficazmente al servicio de la estrategia de su mandante, pues según las encuestas el PSOE seguiría siendo el partido más votado. Parece que los españoles premian a los mentirosos y a los corruptos. Sí, porque en el Gobierno de Sánchez hay corrupción, una corrupción que, además, cuesta vidas; hay corrupción en la compra de material defectuoso a empresas tapadera y/o no acreditadas por las autoridades competentes, en la adjudicación directa de compras millonarias a empresas sin dirección conocida, en el nombramiento de «amigos» para puestos reservados a funcionarios, en la negativa a dar a conocer el nombre de los expertos al que están obligados por ley… Parece que España premia a los incompetentes, a quienes no parpadearon al tomar la decisión de poner en riesgo la vida de los españoles para cumplir sus objetivos propagandísticos antes del 8M, a quienes nombran como responsables de la Comisión de Reconstrucción a un inútil y a un admirador del Lenin que quiere hacer con nuestra Monarquía lo que Lenin hizo con los Zares de Rusia; parece que se premia electoralmente a quienes comercian con nuestra vida y nuestra libertad haciendo concesiones a las CCAA dirigidas por aquellos partidos cuyos votos necesitan para mantener el poder, a quienes coartan nuestra libertad de expresión, a quienes dan órdenes de perseguir a ciudadanos que portan la bandera de España, a quienes utilizan el estado de alarma para ejercer un antidemocrático abuso de poder… Si creemos lo que dicen las encuestas, tras cincuenta y ocho días de confinamiento, con millones de parados, con decenas de miles de muertos, con un enorme riesgo de que nuestro país caiga en la mayor recesión de nuestra historia moderna, con una enorme incertidumbre sobre el futuro… a los españoles nos gusta que nos falten al respeto, que nos mientan, que nos priven de derechos que creíamos eran ya intocables.

Sería un error echar la culpa a Sánchez de que el mundo esté sufriendo la pandemia del Covid-19; pero sí que se puede afirmar que Sánchez, un tipo con una personalidad ayuna de empatía hacia el drama de los demás, está aprovechando la crisis para acrecentar su estrategia primigenia y tapar, con el drama de hoy, sus escándalos del pasado. ¿Acaso hay algún español que le repruebe ahora el escándalo de haber puesto el Gobierno de Navarra bajo la tutela de los Bildu-etarras? ¿Hay alguien que hoy exija a Sánchez que rinda cuentas y aclare el affaire Ábalos, que permitió entrar en España a una torturadora y abrió la aduana de Barajas para que pasaran cuarenta maletas de contenido desconocido?

¿Qué fue de las niñas prostituidas en Baleares mientras estaban bajo la tutela de la coalición tóxica que gobierna en España? ¿Qué fue de las condenas a altos cargos del PSOE por el latrocinio institucionalizado desde la Junta de Andalucía para robar el dinero de los parados? ¿Qué fue de la tropelía de aprovechar el decreto del Estado de Alarma para meter a Iglesias en el CNI? No creo que sea una casualidad que todos esos escándalos de Sánchez y sus socios parezcan haber prescrito sin que el Gobierno y el PSOE rindan cuentas por ellos.

Estrategia antigua

La estrategia es tan clara como antigua. Y no hace falta remontarse a Goebbles: Zapatero, ese hombre imprescindible para entender cómo el PSOE ha caído tan bajo, ya manejaba en 2010 un informe que le aseguraba que si esperaba lo suficiente antes de convocar las elecciones la gente terminaría por asumir las decisiones que en aquel momento producían un enorme rechazo. Lo mismo hace Sánchez: mantener el estado de alarma hasta que su gurú goebbeliano le diga que ya hemos tragado, que el cloroformo ya ha surtido efecto, que ya estamos preparados para aguantar la ruina tras la muerte, que ya ha hecho efecto el veneno, que estamos preparados para pasarle la factura a la oposición, o a los empresarios, o a quienes salen a correr, o a los padres de los niños, a los sanitarios que se quejan por no estar protegidos… Que hemos asumido que nuestro futuro va a ser el de un país subsidiado, como Venezuela, como Cuba…, todos dependiendo de que el papá estado nos pase una paguita a final de mes.

Para que esta estrategia de alienación colectiva tenga éxito, la mentira se convierta en verdad y decenas de miles de muertos pasen a ser considerados una mera estadística, se requiere una táctica bien definida, una ejecución milimétrica y una ausencia total de escrúpulos. Y, por supuesto, la complicidad activa de los medios de comunicación. Si llegara el momento en que la macabra estrategia gubernamental tuviera éxito nuestra sociedad estará irremisiblemente perdida y la democracia liberal y las libertades que nos dimos en el 78 serán las nuevas víctimas, las víctimas mortales de Pedro Sánchez.

Fuente: Rosa Díez – Expansión

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