Enésimo dedazo del Gobierno: un director general de Juego sin experiencia que criticaba el amiguismo

Enésimo dedazo del Gobierno: un director general de Juego sin experiencia que criticaba el amiguismo
Mikel Arana, a la izquierda, junto al ministro de Consumo, Alberto Garzón. E.P.
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El histórico líder de Izquierda Unida en País Vasco Mikel Arana llega al puesto sin cumplir el requisito de ser funcionario. Sustituye a Juan Espinosa.

Hubo un tiempo en el que a Mikel Arana (Gipuzkoa, 1973) el actual Gobierno no le parecía tan de izquierdas. Decía que el nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general del estado era legal pero que “desde un punto de vista estético y político deja mucho que desear”. Hubo un tiempo en el que el “rollito de santurrón y adalid de la izquierda de Sánchez” no colaba, en el que Podemos imponía el veto y que engrosar la administración pública a través de altos cargos y asesores era criticable. Hasta ahora, que le ha tocado a él.

Tras el Consejo de Ministros celebrado el pasado martes se conocía que el ministro de Consumo, Alberto Garzón, decidía colocar a Mikel Arana al frente de la Dirección General de Ordenación del Juego. Esta es una de las patas más relevantes de Consumo y mascarón de proa del Ministerio en su batalla para acotar el problema social de la ludopatía. Arana, que fue líder de la formación política Ezker Batua-Berdeak, Izquierda Unida Verdes en País Vasco, y sin experiencia previa en Juego viene a suceder a Juan Espinosa García, que llegó al cargo en 2016. Entonces, el Partido Popular estaba en el poder y Espinosa lo ha dejado, según Consumo, por propia voluntad. Ahora Arana cobrará los alrededor de 90.000 euros que le corresponde a un director general. Y el único juego que conoce es el juego de sillas.

Resulta lógico, aunque habría que ver hasta qué niveles, pensar que cuando cambia el signo de un Gobierno también tienen que cambiar los altos cargos de los distintos ministerios. Al final, un ministro tiene que implementar unas políticas, y mejor si los perfiles más técnicos también creen en ellas. El problema radica en la trampa que este ya no tan nuevo Gobierno ha tomado como norma.

Fuente: Diego Rodriguez Veiga – El Español

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