España más cerca de pedir el rescate: No hay dinero en Disneylandia

España más cerca de pedir el rescate: No hay dinero en Disneylandia
Dreamstime EXPANSIÓN
Ese billón y medio de euros que dicen que Europa va a movilizar para superar la amarga crisis a la que nos aboca el coronavirus -caída del PIB entre el 10 y el 15% y déficit de dos dígitos- no existe. Ni en Disneylandia hay una máquina capaz de fabricar tanto papel para arrojar desde el cielo que no deje rastro.

Lo que ahora se está discutiendo es permitir que la Comisión Europea, que cuenta con un Presupuesto anual de unos 160.000 millones (equivalente aproximadamente al de las cuatro mayores comunidades autónomas españolas), se endeude, con la anuencia de los estados que la financian -España aporta unos 12.000 millones anuales-, para reunir en varios años alrededor de 300.000 millones adicionales que los propios estados invertirían para cebar la bomba del crecimiento. ¿De dónde sale entonces el billón y medio de euros? Pues de un acto de fe. De confiar en que cada euro invertido por los estados pueda movilizar cinco de inversión privada. Se trata en definitiva de reeditar de alguna manera el denominado Plan Juncker, pero no hay milagro ni va a ser posible eludir sacrificios si los diferentes estados quieren superar este difícil trance. Y lo que es fundamental. De ese mayor presupuesto de la Comisión Europea, van a tener que responder los contribuyentes de cada país. Ahí estriba uno de los problemas. Los alemanes o los holandeses, que han llegado a este momento con las cuentas saneadas se niegan a compartir el riesgo, aunque sólo sea colateralmente, con otros que no han sido tan diligentes y que llegan con déficits en el entorno peligroso del 3%, como España o Francia. Los «tecnócratas» del Norte no están dispuestos a tragar que mientras ellos saneaban sus estados financieros Macron jugara a ganar adeptos con dinero público atrayéndose la simpatía de los chalecos amarillos y que Sánchez e Iglesias hicieran lo mismo subiendo el salario mínimo o las pensiones. Estar en Europa tiene muchas ventajas, pero exige tener unas pautas de comportamiento, que alguno había olvidado.

España debe ser consciente por tanto de que no va a disfrutar de una barra libre si quiere estar en el euro. Ya le ocurrió a Grecia cuando la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza) ascendió al poder en enero de 2015. A pesar de rozar la mayoría absoluta, tuvo que plegarse a las condiciones que le puso Europa para obtener la financiación necesaria para superar la crisis. Aquello provocó la dimisión del carismático ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, y la escisión de 25 diputados del partido. Pero Syriza tuvo que asumir las condiciones de Bruselas y adoptar eso que la izquierda denomina peyorativamente austericidio pero que no es otra cosa que un ejercicio de realismo para ajustar tus gastos a tus ingresos, para poder superar la crisis. España tendrá tarde o temprano que seguir el mismo camino y tendrá que elegir el modo de hacerlo.

España parte con un déficit en 2019 del 2,8% y sólo Francia entre las grandes economías europeas empeora este dato con un 3%. Ambos países, que acumulan una abultada deuda sobre PIB del 98,1% y 95,8%, respectivamente, estarían en estos momentos en la base de la pirámide, a punto de ser apercibidos por la Comisión Europea. La situación no sería alarmante en condiciones normales, pero el tsunami económico derivado de la crisis del coronavirus ha desatado todas las alarmas. El deterioro de los números a partir de ahora va a ser alarmante. Mientras países que en su momento estuvieron señalados como Irlanda, Portugal o Grecia enfocan la crisis con equilibrio o superávit, España y Francia son ahora los alumnos más rezagados, peor incluso que Italia. Empieza a ponerse de manifiesto, además, que la crisis económica será especialmente dura con nuestro país debido fundamentalmente a la dependencia de sectores muy sensibles al confinamiento como el turismo o la hostelería. Y no hay en este momento recursos en Europa para paliar los efectos devastadores.

El impacto de la crisis supondrá que España necesitará emitir 300.000 millones de euros al año (200.000 millones para hacer frente a los vencimientos de deuda y alrededor de 100.000 millones más cubrir el déficit que se prevé), cuando el fondo del MEDE apenas dispone de 400.000 millones para asistir a todos los estados miembros.

Es en estos momentos cuando España llega a su laberinto y la prima de riesgo de nuestro país ya empieza a notar la tensión. Va a necesitar recursos para superar la crisis y tiene que contar con el respaldo o bien de los mercados o bien de Europa para conseguirlos y todos le van a exigir garantías, en términos de sacrificios, para otorgarle ese apoyo. Y eso pasa por sacrificar esa renta mínima permanente que está vendiendo el Gobierno y posiblemente el mantenimiento de poder adquisitivo de funcionarios y pensionistas. Hay otro camino. Que la fiesta nos la paguemos nosotros con una subida masiva de impuestos. Alguien cree que habrá tejido productivo para sostener nuestro Estado de Bienestar si se elige esa opción.

 

Ver artículo original de Iñaki Garay – Expansión