La gasolina no baja del euro mientras el petróleo se regala

La gasolina no baja del euro mientras el petróleo se regala
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Pueden ser tiempos difíciles. Podemos estar ante la mayor crisis económica que prácticamente nadie, todavía vivo, recuerde. Pero las buenas costumbres no hay que perderlas. Al menos, esa parece la conjura de las gasolineras españolas (desde BP, Cepsa o Repsol a las más pequeñas), que se han mostrado reacias a reducir el precio del carburante. Poco importa que el petróleo marque mínimos históricos, incluso que los barriles en algunas zonas de EEUU se regalen, ya que las firmas del sector están manteniendo el coste del carburante muy por encima de otras épocas de crisis. La razón se debe a dos factores: primero, a la falta de competencia. La segunda a cómo se están aprovechando del estado de alarma.

Para entender el abuso actual, primero retrocedamos a 2016. A principios de año, en concreto el 7 de enero, el 79% de las estaciones de servicio españolas vendían el gasóleo por debajo del euro. Además, el precio más habitual (con el 65% de los surtidores) se situaba en los 0,96 euros. Por su parte, la gasolina se situaba en torno a los 1,13 euros por litro. En dicho momento, el barril de petróleo Brent había caído dramáticamente hasta los 34 dólares. Para contemplar una caída así, por debajo de dicha barrera psicológica, había que retroceder a 2010 cuando el crudo perdió los 50 dólares.

Hoy la situación es más dramática para el crudo, pero más holgada para las gasolineras. Así, en el último mes el barril de Brent solo ha tocado los 34 dólares (que impulsó a la baja los combustibles en 2016) un par de días, mientras el resto se ha situado muy por debajo de dicho valor. Incluso esté pasado lunes, 20 de abril, el desplome era todavía más acusado y le hacía coquetear con los 26 dólares (la mitad que en 2010). Por su parte, los precios para el diésel se mantienen más altos que en aquellos momentos: desde el máximo de Repsol en 1,057 euros, a los 1,048 de Galp o 1,047 de Cepsa. También la gasolina, por encima todos ellos de los 1,13 euros.

LAS GASOLINERAS SE APROVECHAN DEL ESTADO DE ALARMA

La razón por la que las gasolineras están manteniendo sistemáticamente precios más altos es que los clientes se pueden mover menos en su búsqueda de precios más baratos. En otras palabras, que las firmas del sector han aprovechado el estado de alarma para limitar las caídas en el valor del carburante. Para llegar a esa conclusión hay que acudir a la abundante literatura del tema, la teoría del cohete (por la velocidad de la subida) y de la pluma (por como baja cuando lo hace el petróleo), y centrarse en los llamados costes de búsqueda.

Los costes de búsqueda no es más que el tiempo que emplean los consumidores en desplazarse para buscar precios más baratos. En el caso de la gasolineras, obviamente, dichos costes son bastante mayores que en otros sectores, por ejemplo los supermercados. Un artículo de Mariano Tappata en 2011, que partía del clásico de Grossman y Stiglizt, explicaba que a menor esfuerzo por los consumidores, menos incentivos tenían las gasolineras para introducir cambios en los precios a la baja. Un razonamiento sencillo y entendible que puede comprobarse con el pequeño comercio debajo de casa, más cercanía y más precio. También hay datos empíricos al respecto en EEUU, por parte de Johnson (2002) o Lewis (2011)

Pero, ¿y qué ocurre en la actualidad? Qué esos costes se han hecho muy grandes. No por el hecho de que hayamos decidido no esforzarnos en buscar precios más bajos, sino porque se ha limitado esa posibilidad. El coste de ir a una gasolinera más barata, pero más lejos de nuestro hogar es el de una posible multa, con lo que no compensa. En definitiva, los directivos de Repsol, Cepsa, Galp u otras han sabido aprovechar las limitaciones en el movimiento de la ciudadanía para acentuar el efecto pluma.  

LAS OTRAS TRIQUIÑUELAS CON EL PRECIO DE LA GASOLINA

Eso último, no es más que otra de las muchas triquiñuelas que tienen las gasolineras bajo la manga para exprimir a los consumidores. La primera de ellas, es la de vanagloriarse de que en España la gasolina es una de las más baratas de Europa. En verdad, así lo es, pero como alguien habrá sospechado no es precisamente por las firmas del sector. Sencillamente, que los impuestos a los combustibles, que son más del 50% del precio grosso modo, son muy pequeños en comparación con los del resto del continente.

 
Así, si retrocedemos un año (marzo de 2019) el precio de la gasolina sin impuestos en España era de 0,577 euros, la segunda más alta de toda la Unión Europea solo por detrás de Dinamarca. Pero, cuando se mira el precio con impuestos apenas es de 1,272 euros, la octava más barata. El margen de las gasolineras va en los 0,577 euros, es decir en la parte más alta, por lo que es un doble win, ya que ganan más dinero y dicen que es la más barata.

El juego con el precio no debería sorprender a nadie, ya que en España se repite un curioso mantra: ‘repostar los lunes es más barato’. Una anomalía que es real, distintos estudios así lo demuestran, y que se debe a que las petroleras deben enviar a la UE con periodicidad semanal el precio de los distintos carburantes correspondientes al primer día laborable. Vamos, para presumir de precios bajos, en días con menor demanda, mientras los viernes se intensifican las subidas para aprovechar los viajes del fin de semana.

Ver artículo original de Pedro Ruíz – Merca2

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